Autor: ÍBERO. 
   Paro en los aeropuertos     
 
 Pueblo.    12/11/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PARO EN LOS AEROPUERTOS

La huelga que ha paralizado desde ayer todos los aeropuertos españoles, probablemente el conflicto de mayor entidad y repercusión en estos últimos años, es también la primera y más poderosa carga de profundidad colocada sobre los mismos cimientos del pacto económico de la Moncloa. La huelga aérea es un «test» que debe servir, de referencia a otros sectores laborales en el cumplimiento de los acuerdos firmados entre el Gobierno y los grupos parlamentarios. Las demandas que plantea el personal de aeropuertos son evidente y posiblemente justas, pero también es verdad que se pone al Gobierno entre la espada y la pared.

Se trata de respetar el compromiso de mantener los topes establecidos para incrementos salariales, o sentar el gravísimo precedente de autorizar elevaciones muy superiores —en este caso serían del 40 por 100— que convertirían los acuerdos de la Moncloa en papel mojado, haciendo inviable el objetivo de restablecer a medio plazo la estabilidad de nuestra economía. En estas circunstancias, que todos sabemos bien difíciles, parece que debiera imponerse una mayor comprensión, siquiera para dar fin de inmediato a la huelga y esforzarse en encontrar, al margen de todo radicalismo, una vía de compromiso.

Como ya se ha dicho, las demandas salariales que motivan la huelga en su origen son justas. De esto no cabe la menor duda. También es verdad que el propio Ministerio de Transportes y su titular, han asumido sin reservas las aspiraciones del personal de los aeropuertos, porque entienden que son razonables. Incluso se han barajado fórmulas que, sin vulnerar los compromisos económicos en vigor,, permitirían hacer realidad, paulatinamente, las mejoras de retribución solicitadas. Sabemos también que hay buena voluntad y mejores deseos de acabar con el conflicto, que los trabajadores son los primeros en lamentar.

Sin embargo, ante una huelga de esta envergadura, quienes la protagonizan deben medir también la responsabilidad moral que les corresponde en sus consecuencias. Desde ayer, nuestro país se vé envuelto por los efectos de una incomunicación aérea total. Una huelga de inusitada gravedad que provoca, de rechazo, un tremendo colapso en las comunicaciones terrestres y marítimas. El fin de semana, con los aeropuertos fuera de servicio, va a originar unos daños de excepcional (importancia.

De momento, las pérdidas económicas se calculan en mil millones diarios, con mil doscientos vuelos (sólo en el aeropuerto de Madrid-Barajas) que no podrán realizarse; entre cien mil y doscientas mil personas obligadas a renunciar al transporte aéreo... y el balance sigue incrementándose con las pérdidas en el sector turístico (mil millones entre los hoteleros de la Costa del Sol) y los enormes perjuicios a otra serie de industrias y servicios vinculados estrechamente a la aviación civil.

Una huelga de sólo tres días en este sector fundamenta1 para nuestra economía puede originar, y de hecho ya lo está, provocando, perjuicios económicos y sociales que, por. su magnitud y significación irreversible, tendrían que hacer meditar a sus responsables sobre la trascendencia de su grave decisión. Las pérdidas interiores son graves, y las del turismo son inmensas. ¿Qué haríamos si, paralizado el turismo, perdiésemos ese ingreso que nos permite pagar el petróleo que importamos? De ahí nuestro llamamiento a la serenidad, que sin duda será también atendido por el Gobierno.

 

< Volver