Desarrollo político también     
 
 Ya.    18/07/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DESARROLLO POLÍTICO TAMBIÉN

EL desarrollo ha sido la palabra clave de los últimos años, pero el desarrollo económico y social. Hay otro desarrollo, el poUtlco, y ninguna ocasión tan propicia para recordarlo como la del examen de conciencia que cada 18 de julio nos invita a hacer.

No nos desentedemos de lo demás. E1 problema social es el problema número uno del país y la explicación de los demás. No ha habido en nuestra historia estabilidad política, porque no hemos tenido estabilidad social, y ésta no podía existir donde lo que habla era poco, y ese poco, mal repartido. Hay otro problema estrechamente ligado con los citados: el de una buena administración. Pero no basta con buena administración si no hay buena política, y una administración cada vez mejor, que con creciente eficacia resolviera los problemas económicos y sociales del país, sería insuficiente si a ese desarrollo no acompañase el desarrollo político, que precisamente se hace más imperioso conforme se va logrando el otro. Un pueblo no quiere solamente vivir mejor; quiere participar en sus propio» destinos. V un pueblo con 1a historia que ha tenido el nuestro desea, sobre todo, la seguridad de un sistema político estable que de una vez; pava siempre le permita salir de su secular alternativa entre la anarquía destructora o el estado de excepción.

DESARROLLO político lo ha habido. Desde la ya lejana fecha de 1936, en que circunstancias singularmente dramáticas obligaron a concentrar los poderes del naciente Estado en el Generalísimo Franco, éste ha sabido Irse desprendiendo de muchos de ellos hasta crear en torno suyo todo un sistema constitucional. ¿Qué es, pues, lo que falta? Todo está a punto para el contraste ordenado de pareceres, que es la característica suprema de un Estado de derecho; están creadas las instituciones a través de las cuales debe manifestarse. Únicamente falta crear los protagonistas, o mejor dicho, reconocer a los que de hecho existen ya, y al mismo tiempo regular el pluralismo de opiniones, fijar sus límites y las condiciones de ejercicio, de íorma que, como hemos dicho en alguna ocasión, sea contraste de pareceres, no confusión de pareceres, y sirva para vitalizar el sistema, no para destruirlo.

Esto, que se desprende de la amplia concepción del Movimiento Nacional que da la ley Orgánica del Estado es lo que espera el país. Eso y la compensación al pluralismo que representan las instituciones unitarias previstas por la mencionada ley, y especialmente, de manera inmediata, la Jefatura del Gobierno.

También aquí las previsiones legales son acertadas; pero menos que en cualquier otra esfera se puede decir en la esfera política que las instituciones existen mientras no han tenido ocasión de funcionar; si no se les ha puesto a prueba, precisamente bajo la vigilancia, el consejo y la tutela de quien ha demostrado de sobra su patriotismo y dotes de gobierno, sería el mejor ensayo del sistema.

NADIE puede dudar, repetimos, sobre las dotes singulares de gobernante que concurren en el Jefe del Estado. Pero precisamente por ellas, por el prestigio y autoridad impares que se )«a ganado a lo largo de una obra excepcionalmente dilatada y fecunda, los españoles espontáneamente le contemplan ya, sobre todo como al Jefe del Estado que, desde su posición suprema, decide los rumbos de la nación, marca las directrices últimas y elige a los hombres encargados de realizarlas, y llamados por eso a asumir simultáneamente la carga del desgaste político inherente a la gestión concreta y particularizada. Sin duda, existen hoy en España problemas que están reclamando un programa de gobierno importante y difícil; pero todo invita a pensar que su ejecución no debe recaer sobre la máxima autoridad del Estado, sino dando entrada a las previsiones legales sobre la posibilidad de un jefe de Gobierno responsable ante aquél y que pueda comparecer ante las Cortes.

Poner en marcha en ese punto las previsiones de la Ley Orgánica, organizar el pluralismo dentro del Movimiento Nacional son, a nuestro juicio, los pasos inmediatos que aconseja el desarrollo político del país. Desde hace algunos años, los españoles, cada 18 de julio, miran menos al pasado y más al porvenir.

Es ley de vida; consecuencia del paso del tiempo y de la sustitución de unas generaciones por otras, a las que lógicamente no Importa tanto saber de qué peligros nos hemos salvado como qué riesgos debemos prevenir. El mayor de todos sería tener que hacer precipitadamente lo que ahora puede ser hecho serenamente y con todas las garantías deseables de Éxito.

 

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