Ante un otoño caliente     
 
 Informaciones.    30/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Ante un «otoño caliente»

MAÑANA finalizamos el mes de agosto. Con ello entramos de lleno en los prolegómenos del próximo otoño político. Viraje cronológico que coincide con la reaparición de un ambiente enrarecido en la vida política del país. Sin alarmismo de ningún tipo hay que señalar que los sucesos de los últimos días son un síntoma inquietante de lo que puede ocurrir en el momento en que estamos a punto de entrar en otra estación del año.

Un conjunto de reformas políticas (económica, social, militar, policial y administrativa) pendientes que se demoran en medio de grandes discusiones, una Constitución por redactar en la que las discrepancias son tantas como las coincidencias, dos elecciones por realizar —municipales y sindicales— que probablemente acaben _ por provocar nuevas elecciones legislativas y, sobre todo, las negociaciones de los más importantes convenios colectivos en «I mundo obrero, prefiguran ya desde hoy un otoño largo, tenso y caliente. Probablemente nos encontramos en las vísperas de una estación «tonal inaudita en las últimas cuatro décadas.

Porque, y ello es esencialmente grave, la tregua veraniega no ha sido aprovechada para, limar asperezas y disminuir contradicciones. Todo lo contrario. Cada cual ha afinado su propia artillería para barrer su adversario. Los dos grandes partidos pugnan por mantenerse, en un caso, o por llegar, en el otro, al palacio de la Moncloa, a la vez que los dos pequeños luchan desesperadamente por hacerse oír, al mismo tiempo que ponen sus barbas políticas en remojo, después de presenciar el afeitado brutal del que ha sido objeto otro pequeño: el de don Enrique Tierno Galván.

Mientras tanto, la situación económica se deteriora, la social se encrespa y el mismo «caramelo» del Mercado Común, que tan importante papel ha jugado para que determinados sectores sociales apoyaran la restauración de la democracia, desaparece de nuestra vista (en el mejor de los casos, postergado a un indeterminado mañana) y el índice del coste de la vida alcanza niveles siderales.

Decididamente nos enfrentamos con el peligro cierto de que a los sesenta días de la democracia la mayor parte de la sociedad, por motivaciones contrapuestas, acabe por no creer en illa. Es evidente que era mucho más atrayente cuando luchábamos por que viniera. Si esta decepción se generaliza de un modo irracional y la cargada agenda de problemas de este otoño no empieza a ser aligerada mediante acuerdos políticos, mucho es de temer que en este otoño no sólo caigan las hojas.

 

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