De cara a octubre     
 
 ABC.    07/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DE CARA A OCTUBRE

Ninguna de las hipótesis políticas con las que juega la opinión pública encarando el mes de octubre podría ser, de cumplirse, más negativa para el país —para el valor prevalente de España y de la vida de los españoles— que ese temor de muchos a la evaporación del espíritu de apertura y desarrollo-político hacia adelante expresado en el discurso de Arias Navarro ante las Cortes con el solemne acento de una seria y meditada declaración gubernamental.

Aunque el proceso de la enfermedad y convalecencia dé Franco ha obligado a cubrir una muy difícil etapa de interinidad en la Jefatura del Estado —muy difícil por la gravedad de ciertos momentos y por su carácter de operación política inédita pese a toda previsión constitucional—, lo cierto, lo evidente, lo que ha calado de verdad y a fondo en el pensamiento popular es la serenidad, Ja prudencia, la normalidad con la que se continuó la gobernación del país y con la que prosiguió el ejercicio de las responsabilidades más altas del Estado.

Nadaj por lo tanto, desde este ángulo de meditación parece justificar el temor a un cambio —con sentido de retroceso— en la orientación política definida el 12 de febrero por el presidente del Gobierno. Más congruente seria, en cualquier caso, hacer un pronóstico de confirmación, de refrendo. Más congruente y de más firme contextura lógica, siempre que en la solución de una circunstancia como la actual no jueguen otros valores o motivaciones —como es de esperar— que solos aquellos de carácter puramente político, en la más pura acepción de la palabra.

Tampoco, contemplada la situación desde un punto de vista diferente, desde el plano mismo del episodio clínico, la enfermedad normalmente padecida y felizmente curada de un Jefe de Estado no parece causa bastante al sentido común para prever, como consecuencia, alteración alguna de cuenta en el plan de un equipo gobernante que no ha tenido aún tiempo de acción, suficiente, pero que ha probado su entereza y su cohesión en días críticos.

A esta reflexión sólo pueden oponerse anécdotas cuya certeza no consta, rumores sin respaldo responsable, pesimismos alarmistas... Pero, ¿cómo temer que una emergencia superada vaya a quebrar la

rectitud de una línea política conscientemente decidida, con daño o deterioro de los intereses objetivos y superiores del país, los únicos que cuentan y deben contar siempre?

Ni bien pensadas las cosas parece muy correcto hablar de una vuelta o reintegración a la normalidad de Gobierno, porque esa normalidad no se ha perdido en momento alguno, ni el pueblo español ha sentido la preocupación de vivir un par de meses en la anormalidad —descontado su interés en la recuperación clínica de Franco— ni es fácil, al hilo de las someras consideraciones de este comentario, aceptar el temor de un cambio de la orientación política en septiembre o en octubre, salvo que acaecieran otros acontecimientos imprevistos e indeseables.

No es momento, a lo que creemos, de detenerse en el juego de las especulaciones; y lo es, en cambio, para plantearse —como escribíamos glosando la firma del Príncipe de España en el «B. O. del Estado» (A B C, 27 julio 1974)— «con auténtica solvente consciencia, cual sea el devenir más conveniente para España; sin excesivas personalizaciones, sin parcialidades interesadas ; sin criterios de grupo o de tendencia».

Lo más conveniente, decimos, para España, porque nadie está por encima de los intereses de la Nación, ni exento de servirla en la responsabilidad que comunitariamente le corresponda.

 

< Volver