Sin vacilaciones; con firmeza y prudencia     
 
 ABC.    12/05/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

SIN VACILACIONES; CON FIRMEZA Y PRUDENCIA

Comenzó este año, 1974, de cara al más sombrío y amenazador panorama económico que se pueda imaginar. El desarrollo logrado en años anteriores, pese a sus notables realidades, no era bastante para garantizar una normal continuidad económica al país frente a la evidencia incontrolable de la crisis energética y sus repercusiones; frente a la insospechada y brutal elevación de las materias primas; frente a una extensión internacional de la inflación; frente al desbordamiento de los precios, lógica secuela de la tensjión inflacionaria; frente a Unas perspectivas adversas al comercio internacional, e incluso con temores fundados de notables tasas de desempleo.

La preocupación inmediata, vital, que suscitan siempre los problemas económicos, proporciono base suficiente, al iniciarse eH año con el comienzo de un Gobierno nuevo, a toda clase de interrogaciones escépticas, de previsiones pesimistas y de pronósticos críticos desesperanzados.

Ahora, cuando ya ha transcurrido en eu mayor parte el primer semestre de 1974, se han diluido mucho las tintas que ensombrecían el panorama y comienzan también a perder densidad, fundamento, las actitudes psicológicas —que cuentan tanto en la definición de las coyunturas económicas— que inicialmente se enraizaron en un diagnóstico negativo.

Las rabones que pueden explicar el cambio ya iniciado de actitudes críticas y de signo estimativo de la situación han sidp expuestas con meridiana claridad por e1 ministro de Comercio, señor Fernández-Cuesta, en su reciente discurso en la inauguración de la Feria Internacional de Valencia.

Es, a nuestro juicio, la primera, d convencimiento, que empieza a trascender a la opinión pública, de que el Gobierno no carece de un programa económico y una decisión activa y colegiada, coordinada y firme, para cumplirlo.

«El Gobierno está luchando, aunque se le acuse de pasividad; lucha con la máxima voluntad de servicio, aunque se le reproche despreocupación ante unos problemas económicos que no los heñios inventado ni los ocultamos», y ademas, también con palabras literales de Nemesio Fernández-Cuesta, el Gobierno «lucha con prudencia, porque la audacia reside en la prudencia, que lucha con la vista puesta en los años venideros, para no hipotecar el futuro de los que nos sucedan.,.».

Y lucha el Gobierno, y merece subrayado la afirmación «aceptando una libertad crítica corno no la ha soportado ningún Gobierno anterior».

No está, por lo tanto, el actual equipo gobernante ni supliendo con improvisaciones deficiencias de idea o de programa, ni dedicado a parchear emergencias ni se mueve por solo un impulso anterior recibido y en la senda de una dirección ya conocida y gastada.

Todo programa económico, en nuestro tiempo, se define forzosamente por la combinación de dos finalidades esenciales: desarrollo y más justa o mejor distribución de la renta. Objetivos, ambos, máximos en cualquier política económica válida. Pero objetivos también que resulta muy difícil conseguir al mismo ritmo y al mismo tiempo, y que sólo se logran en soluciones de equilibrio, es decir, de cumplimiento parcial, aunque suficiente, de cada uno.

No se hace, en el discurso que comentamos, una exposición completa de un programa económico; ni era precisa en tal ocasión. Se apuntan, en cambio, tres líneas maestras para una política económica firme y congruente, enmarcada en las circunstancias que hoy condicionan la economía mundial y la propia de nuestro país.

Estas líneas si no erramos al interpretar la exposición del ministro de Comercio— apuntan hacia un más libre juego del mercado para conseguir la mayor productividad del sistema y la movilización de los recursos potenciales, hacia una revisión del consumismo para la generación voluntaria de ahorro y hacia el reparto más equitativo de las cargas y los sacrificios entre todos.

Las dos primeras, a lo que entendemos, son palancas para el estímulo de la iniciativa económica: más opciones o más libertad y posibilidad cierta de ahorro disponible. La tercera contiene el estímulo psicológico que encierra en sí toda finalidad de justicia.

Otro gran capitulo de consideraciones que están ayudando al cambio de opinión aludido antes comprende, en suma, junto a la realidad de una situación económica actual «menos sombría que la esperada» y «comparativamente mejor que la de otros países», la previsión esperanzada, que ahora puede hacerse con admisible fundamento, de la continuidad de un desarrollo más estable y la superación de cualquier problema a corto plazo, si todos los implicados en el proceso económico colaboran, con verdadera solidaridad en la contención de los precios, en el ahorro y en el funcionamiento correcto del mercado.

El planteamiento claro y realista del ministro de Comercio abre camino a una serena confianza; es el momento de hacer una política económica firme, global y congruente. Y en ello está el Gobierno.

 

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