Sumar y no restar     
 
   27/05/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SUMAR Y NO RESTAR

TÓBENTE a la autoridad gubernamen-r tal (la que ai Gabinete confiere 1a Ley Orgánica) se alza últimamente con rápida cadencia la «autoridad» de algunas personalidades del régimen, quienes, so pretexto de velar por la salvaguardia del sistema, intentan roerle la peana al Gabinete Arias Navarro. Es un intento vano. Saben perdida su baza de antemano ante los cuatro emplazamientos básicos del discurso del presidente del 12 de febrero: ley de Régimen Local, incompatibilidades parlamentarias, Estatuto del derecho de asociación y desarrollo de la ley Sindical.

Muy posiblemente la cadencia del luego dialéctico a que está sometido el Gabinete se deba a Que todos los Incrementos de representatividad política, de participación popular, de responsabilidad de los españoles en las tareas políticas, que implican los compromisos del 12 de febrero, añadirán a la autoridad jurídica del Gobierno la autoridad del consenso popular que hasta ahora sólo se manifiesta desde las páginas de la Prensa.

Lo que ha venido en llamarse «espíritu del 12 de febrero» puede resumirse en la siguiente reflexión: Es hora de suplir la adhesión acomodaticia y facilona al régimen por un reparto y asunción de responsabilidades en el sistema que alcance a 34 millones de españoles. Invitación que se formula sin excluir a nadie, excepción hecha de quienes se autoexcluyan dándole la espalda a la Constitución. A este respecto, el «espíritu del 12 de febrero» es netamente liberal, lo que algunos parecen no perdonar.

«Liberal», no en sus varias acepciones políticas concretas, sino ea su entendimiento filosófico. «Liberal)», tal como Marañen entendía el vocablo: «Es como ser limpio». Es una conducta, una conjugación constante de las exigencias de la ley con tes virtndes de la tolerancía.

A falta de argumentos de mayor peso, los nuevos repartidores en régimen de monopolio de cédulas de patriotismo, esgrimen planteamientos abiertamente sofistas. Aducen qué se ha deteriorado la «continuidad» apuntando * medidas políticas contingentes y; olvidando la incólume y auténtica contixmidad Régimen-Franco-Príncipe Porque fuera de tal continuidad, ¿cuál es la que ha sufrido alteración? ¿La que primó hasta el 45 o la que giró copérnicamente en el 57? ¿Acaso es la misma la continuidad del Estado que el continuismo de los Gobiernos? A lo que parece no falta quien confunde ambos valores.

Otro sofisma —aliado éste con el peor gusto, y absolutamente exento de la menor delicadeza— es el de contraponer la figura personal y la politica del almirante Carrero Blanco a situaciones actuales, bien mediante libros de efímeras Memorias, artículos necrológicos que no serían del gusto ascético de nuestro postumo capitán general de la Armada y duque de su apellido, y alusiones solapadas a la supuesta alteración de la «praxis» política de uno de los más fieles intérpretes del pensamiento del Jefe del Estado.

Asistimos —y con dolor tenemos la obligación de decirlo—a una necrofagia política sin parangón en nuestra historia, y que más parece tener de nostalgia del poder ejecutivo que de lealtad sentimental a una figura ya histórica parangónatele a los Prim, cánovas, Dato, Canalejas, asesinados en circunstancias históricas dilerentes, pero en identico servicio superior de su Patria.

Absolutamente insólito es que, con referencia al asesinato del almirante se ponga en entredicho la independencia y eficacia de nuestro Poder judicial. Confiarnos en que a este tema ponga punto final la declaración hecha a este periódico por el fiscal del Supremo, señor Herrero Tejedor: «Puedo afirmar rotundamente que la actuación de las autoridades judiciales ha sido, por lo que respecta a la investigación (del crimen del 20 de diciembre) realmente completa. Pero el hecho de no haber podido detener a los autores nos priva de una fuente de información de primera magnitud, sobre todo por lo que respecta al origen verdadero y a las motivaciones del delito. Pero la resolución de este problema, la detención de los responsables, no depende sino de tas relaciones internacionales.»

Afortunadamente vivimos en un Estado de derecho en el que determinados ofrecimientos personales «james-bondistas» o herederos de la escuela de policías paralela como la de los «barbouzess en Francia, no hallan eco en el país. Todavía el Derecho internacional representa algo para nuestras autoridades, y orgullosos estamos —pese a los inconvenientes que depare— de que así sea.

Tenemos 1a obligación de afirmar jue a los medios de información se enfilan torpedos dé alta carga con la intención espúrea de horadar el crédito dfr un ministro quien —como acaba dte declarar a «Le Monde»— sólo pretende aplicar una ley de Prensa de la que es corresponsable y coautor.

Alguna consideración final cabría a este comentario, un hombre como Herrero Tejedor, que sabe de la representación en las Cámaras, que ha tenido experiencia en la ejecutoria ministerial y que ahora ostenta la Fiscalía de la más alta Magistratura judicial, estima que, cara a la actual política gubernamental, «no hay traición ni adulteración a ninguno de nuestros valores esenciales, sino simples adecuaciones coy tintúrales». Sería una estimación superfina —por obvia— de no venir de quien viene. Y escribimos «obvia» porque ni la corona de Inglaterra —como máximo ejemplo de poder decorativo— tiene conocimiento por la Prensa de tos discursos-clave del «premier» de la nación. Así, quien hace unos días ha puesto en tela de juicio la ortodoxia del discurso de las Cortes del 12 de febrero debiera saber que el presidente Arias no compareció ante el hemiciclo de nuestra Cámara baja sin una previa y más alta comparecencia y aquiescencia. Y un hombre, un militar, amparado por la lealtad y el talento, tal como don Manuel Díez-Alegría, acaba de afirmar su beligerancia sin reservas en pro del programa gubernamental del 13 de febrero.

Los que se consideran guardianes de la ortodoxia podrán tener sus respetabilísimas convicciones y razones. Sólo resta esperar de ellos, y aunque sea en perjuicio de sus deseos personales, una mayor inclinación hacia la suma que hacia la resta, una mayor voluntad de respaldo y apoyo a un equipo de hombres que, metida la quilla en las dificultades económicas internacionales de las que intentamos escapar, luchan por lograr un lugar al sol democrático para todos los españoles da buena voluntad.

 

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