Autor: Punto, E.. 
 socio-laboral. 
 Empresa y empresariaje     
 
 Arriba.    30/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EMPRESA Y EMPRESARIAL

ALGUNOS comentaristas acusan ahora a las centrales sindicales de poner en peligro las empresas y con ello los puestos de trabajo. Por ese camino no faltaría quien llegase a concluir que los trabajadores son los peores enemigos de su propia estabilidad laboral. Afirmación ésta que, por pintoresco que parezca, se ha dicho y escrito no pocas veces, tanto desde actitudes despóticas como desde las suavemente barnizadas de paterna-lismo. Con sutil demagogia blanca se identifica producción y empresas y se presenta cada huelga, cada conflicto laboral, como un atentado a la producción. Y por supuesto que lo es, en efecto, pero ¿cómo calificaríamos a los empresarios que, detrayendo excesivos beneficios, han descuidado el equipamiento y competitividad de sus empresas, pensando tranquilamente en términos de mano de obra barata y domesticada? A la producción se atenta de muchas maneras y desde muchos lados.

¡Claro que es necesario salvar las empresas y, al tiempo, sus puestos de trabajo! Lo que parece menos evidente es que este salvamento «in extremis» deba hacerse a beneficio exclusivo de quienes, detentando en las pasadas décadas un poder casi feudal sobre la producción, han llevado las empresas a la situación límite en que ahora se encuentran.

Lo mismo sucede con ese vicio nacional, por lo que se ve persistente, de socializar las pérdidas, que ahora parece a punto de extenderse al Ferrocarril Metropolitano madrileño. Es cierto que sus tarifas estaban siendo artificialmente congeladas —por razones políticas nada honestas ni beneficiosas para los usuarios, todo hay que decirlo— en niveles insuficientes; pero no tiene nada de progresista, como solución del problema, el traspaso repentino a la propiedad pública de un servicio anticuado, insuficiente, incómodo y caótico. Vamos a pagar entre todos su mala gerencia de años y su punible sumisión a la arbitrariedad política. Como, además, las inevitables subidas de tarifas y el mal funcionamiento inherente al estado de líneas y material verterán carretas de impopularidad sobre la explotación pública de sus servicios, pues eso, miel sobre hojuelas. En seguida vendrá el tópico habitual: ¿ven ustedes lo mal que funcionan las empresas públicas?

 

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