Con bandera de España     
 
 ABC.    18/06/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CON BANDERA DE ESPARA

Celebra hoy el Instituto de España sesión pública conmemorativa del centenario de Ramiro de Maeztu, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, con intervención de oradores tan calificados como don Eugenio Vegas Latapié y don José María Fernán.

Fresco, imborrable, el recuerdo de la brillante jornada de homenaje, rendido el pasado día 10 a las figuras de Víctor Pradera y Ramiro de Maeztu, viene este nuevo acto a sumarse a los que han constituido vertebración de una atmósfera, de un clima, tangibles en la España que vivimos.

Porque se trata de algo más que de un simple centenario, porque la intención del acto de hace ya ocho días iba más allá de una conmemoración con indudables visos culturales, humanísticos y literarios, parece oportuno traer de nuevo a estas páginas, que recogieron en su día con la amplitud que el hecho merecía, la información del acto, algunas de las frases más significativas de las pronunciadas entonces.

Si Eugenio Montes recordaba que «Ramiro de Maeztu, al ver los fallos que presentaba el pensamiento dominante en el siglo, fue a la tradición espontáneamente», José Luis Zamanillo manifestaba que «España no tiene derecho a olvidar; tiene el deber, por justicia, gratitud y conveniencia, de no olvidar las lecciones del pasado, aunque nada más sea para evitar que vuelva a suceder». La tradición estaba, indudablemente, reflejada en sus palabras. Pero quizás sólo una parte de la misma, la "que mira serena y juiciosamente al pasado. Pero la tradición que se desprende de Maeztu y de Pradera tiene, además, la actualidad de las cosas eternas; posee un presente y se proyecta, necesariamente, a un futuro. Es una línea cuyo trazo comenzó en el tiempo y que atraviesa nuestro hoy para seguir viviendo en un mañana que nos aguarda.

La apasionada ecuanimidad de José María de Oriol, tras recordar que contamos con unos Principios y con un conjunto de Leyes Fundamentales, síntesis del pensamiento unificador de Pradera, Maeztu y José Antonio Primo de Rivera, con un abanderado para el día de mañana, el Príncipe Don Juan Carlos, en quien confluyen por designio divino las dos ramas españolas, y que recoge la legalidad del 18 de Julio, decía: «Queremos serla aplicación, en 1974, de aquellos ideales de los que dieron su vida y de los que entregaran día a día su actividad y trabajo para levantar esta España de hoy.» El río de José María de Oriol no permite a nadie bañarse dos veces en las mismas aguas, pero la fuerza de su comente permanece y su curso sigue inalterable.

De la autorizada voz de Raimundo Fernández-Cuesta salía una de las definicio nes más precisas de la hora presente a abordar, con una singular agudeza, la actualidad de nuestro sistema político, superado por la realidad del mundo actual para algunos que postulan una evolución entendiendo —como apuntaba el orador— que pudiera hacerse sin alterar nuestras Leyes Fundamentales, dentro de ellas, quizá por no atreverse a expresar su claridad, su deseo de un cambio total. «De eso —niecía Fernández-Cuesta— es de lo que discrepo. Porque, a mi juicio, no es lo mismo "desarrollo que evolución. El desarrollo no altera la naturaleza del ser jue se desarrolla. La evolución implica jna marcha hacia otra cosa diferente.»

De la madura juventud de Gonzalo Ferlández de la Mora surgía, con la memoria de Maeztu como guía, las palabras de Franco en 1937 como cauce, una nueva lamada a la unidad de todos los españoles, a su unión institucional, subrayando lúe nuestro Estado «es el más eficaz instrumento de gobierno que hemos tenido ;n la Edad Contemporánea», definiéndolo ;omp «una síntesis dialéctica que supera a disyuntiva demoliberalismo-marxismo» f afirmando que «cuanto no sea promover la continuidad creadora o evolución homogénea me parecería una insensatez y una exhortación al retroceso».

Las voces del ayer y del mañana confluían en un hoy tradicional por permanente, urgidas por un ideario, por unas Figuras que tanto en lo literario como en o político se distinguieron y distinguirán sor su preocupación, por su amor al país. Entenderlos significa mirar hacia adelante desde el cimiento seguro de la tradicion, roca viva de España.

 

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