Desarrollo político, ahora     
 
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DESARROLLO POLÍTICO, AHORA

EL asociacionismo político, pese a los avatares por los que atravesó su mera enunciación, no podía ser enterrado. El incremento de la participación de los españoles en las tareas públicas —y el asociacionismo político sería un buen camino para ello— cada día admite menos aplazamientos y en modo alguno es tema susceptible de ser escamoteado. El primero en entenderlo asi ha sido el Gobierno al colocar el problema del aumento de la participación política a la cabeza del temario de siete puntos sobre los que ha pedido al Consejo Nacional criterios de actuación.

Precisamente ayer, la sección primera del Consejo Nacional acordó replantear le que ya se tenía por desechado y olvidado: el asociacionismo político dentro del Movimiento. El trabajo que ahora desarrollen los consejeros, que servirá de falsilla para la tarea ejecutiva del Gobierno, tiene una doble importancia. Por una parte, el pueblo español de 1973, cuya mayoría, como recordábamos nace unas fechas, tiene menos de treinta y cinco años, reclama una mayor intervención en los asuntos públicos. De otro lado —y esto es capital—, el futuro Rey de los españoles precisará de unas asistencias democráticas debidamente estructurales y organizadas. Sabemos de la asistencia popular que rodea al Príncipe —basta para comprobarlo con acompañarle en cualquiera de sus giras por las provincias—, pero esas asistencias espontáneas y masivas será necesario en su día encontrarlas debidamente modeladas en corrientes definidas de opinión política.

Destacados miembros de la clase política española se han pronunciado en estos dias reclamando tal respaldo para el Principe. Se ha dicho que es de-masiadc exigir al Príncipe don Juan Carlos que él solo eche sobre sus espaldas -a inmensa tarea de dinainizar el aparato del Estado. Asi es, en efecto. El tránsitr del caudillaje a la Monarquía no va a cambiar el estado —ya institucionalizado—, pero si su representación máxima. Y llegado ese momento, el Rey debe verse libre de las inevitables tensiones que conlleva toda maniobra de desarrollo político.

Caoe en nuestro país el rodaje acelerado de unas instituciones, el desarrollo sin cautelas o recelos de los cometidos de otras, la elevación del techo de la participación política. Y todo ello debiera hacerse ahora, cuando puede llevarse A cabo bajo la autoridad indiscutida y la personalidad histórica irrepetible del Jefe del Estado. Por eso el aplazamiento en la resolución de problemas como e! del asocíacionismo entrañaría un doble error: ao reconocerle al país el grado de democratización que admite y recargar la agenda de trabajo de la Monarquía del 22 de julio.

Oreemos interpretar un sentir muy generalizado si afirmamos que en materia de participación política todo lo que se haga bajo el mandato del Jefe del Estadt contribuirá a «descargar las espaldas» del futuro Rey de España.

 

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