Autor: Blom, Ricardo. 
   Trabajo: Una propuesta sobre participación     
 
 Arriba.    27/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRABAJO: UNA PROPUESTA SOBRE PARTICIPACIÓN

Sin que se quite ni ponga rey en el as-pero debate suscita-de por las declaraciones del Ministro de Trabajo, Jiménez de Parga, sobre las futuras estructuras empresariales en el marco de la sociedad democrática, parece que será útil conocer los puntos de vista que se expresaron al respecto en un reciente documento de notable interés. Me refiero al «informe Bu-llock», elaborado en Gran Bretaña por la Comisión del mismo nombre, creada en diciembre de 1975 por el entonces secretario de Industria y Comercio, Peter Shore, y que rindió resultados públicos en enero del año actual.

El tema propuesto era bien concreta: estudiar cómo podrían participar los trabajadores en los Consejos de Administración de las empresas y las consecuencias de tal reforma sobre el sistema económico del país. Presidido por lord Bullock —cuyo nombre fue adoptado por la Comisión y su informe—, prestigioso profesor de Historia de St. Catherine´s College de Oxford, integraron el equipo de trabajo otros dos distinguidos profesores —George Bain, de la Universidad de Warwick, y K. W. Wedderburn, de la famosa Escuela de Economía de Londres—, tres líderes sindicales y tres importantes hombres de empresa. Es ciertamente significativo, y cada cual puede obtener de ello sus propias conclusiones, que la Comisión no lograra un acuerdo unánime, optando por emitir un informe mayoritario que suscribieron tos líderes sindicales y los profesores. La minoría —los tres empresarios— hicieron públicas conclusiones disidentes.

En síntesis, las propuestas mayoritarias de la Comisión Bullock se centraban en tres puntos de notable interés, que pudieran sintetizarse así:

a) Empresas de más de dos mil trabajadores. Los Consejos de Administración estarían formados por tres grupos de consejeros, dos de igual número —uno de trabajadores y otro de accionistas —y un tercero de

«expertos independientes» designados por los dos primeros, en menor número y para impedir estancamientos en las decisiones, que podrían originarse por la igualdad de votos entre trabajadores y accionistas.

b) Sólo podrían ser elegidos consejeros los trabajadores miembros de sindicatos reconocidos.

c) Serían menester cambios en la ley de empresas, a fin de limitar los derechos de los accionistas en áreas importantes y responsabilizar legalmente a todos I o s consejeros, tanto accionistas como trabajadores, en los intereses económicos les de la empresa.

Pese a las reacciones airadas de los empresarios y de los miembros más radicales del partido tory, un diario tan conservador como el «Daily Express» reconocía editorialmente >a necesidad de que se afronte la participación de los trabajadores en la empresa, lo que, prevenía, «no debe ser oscurecido por toda la retórica antisindicalista que, sin duda, recibiremos del partido tory y de la CBI (patronal británica).

La democracia industrial, como se denomina a las propuestas formuladas por la Comisión Bellock, propone, en suma, una participación efectiva y auténtica de los trabajadores en la administración de las empresas, en igualdad de condiciones con los accionistas, expresándose la voz de los trabajadores a través de sus únicos órganos auténticos de representación laboral: los sindicatos. Para muchos observadores, la democracia industrial es le única alternativa aceptable del sistema libre de empresa, si quiere resistir el desafío colectivista.

El ejemplo, bien actual, ha sido extraído de un país tan poco dado a experimentos rupturistas como Gran Bretaña. No estaría de más que los empresarios españoles reflexionaran sobre ello, cuando todavía es tiempo.

 

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