Extremismos, no     
 
 Informaciones.    10/05/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EXTREMISMOS, NO

LIEMOS publicado la nota que nos remitió lo Agrupación de AnAntiguos Miembros del Frente de Juventudes de Madrid, la nota rechaza la violencia como método político. Y condena la actitud de loi grupos violentos "de extrema izquierda" o "de ultraderecha". Coincidimos plenamente con esta postura condenatoria. La dialéctica de la violencia irracional debe quedar eliminada como método adecuado para resolver las inevitables discrepancias sociales.

Estamos padeciendo un alarmante rebrote del extremismo. No e* fenómeno exclusivo de nuestra país. Es un hecho universal. Pero entre nosotros la violencia extremista tiene singular capacidad para eensibilizar la opinión del país. Por un curioso, históricamente explicable, fenómeno de óptica generalizadora deformante, tendemos lo* españoles a creer que el país es revolucionario o ultraconservador en et mismo momento en que salta una explosión extremista o un rebrote "ultra". Nos parece que de la noche a la mañana nos hemos hecho ultras o maoístas. Estamos seguros de que el país no es ni lo uno ni lo otro. Porque las corrientes extremistas violentas no son representativas del estado general de la conciencia presente de

nuestra sociedad. Conviene precavernos contra el desenfoque en que fácilmente incurrimos los españoles al enjuiciar los acontecimientos, aunque sólo sea para dar a nuestra visión de la realidad actual un sentido realista y unas proporciones adecuadas.

SOMOS de los que opinan que el proceso de desarrollo en el que España ha entrado ha venido a ampliar sensiblemente ese estrato central de las clases medias de nuestra sociedad, que son las que en toda coyuntura han de actuar como muelle a elemento de estabilidad frente a eventuales tensiones de los profesionales de la revolución. El presente y el futuro de nuestra sociedad deben quedar en manos de esa faja amplia, de esa gran masa social de extensión creciente a la que es necesario dotar de la capacidad de audiencia y expresión necesarias y a la que hay que dar también, como tantas veces hemos dicho, los instrumentos políticos adecuados, coherentes con e! sistema.

No negamos que las posiciones extremas—al margen las puramente delictivas, que sólo son problemas para las fuerzas de orden público y para la justicia—, cuando se mantienen dentro del nivel requerido de corrección ciudadana, tengan una función social positiva digna de atención por lo que pueden representar como advertencia para mantener el equilibrio adecuado de una sociedad. Pero resulta asimismo Indudable que cuando tales posiciones extremas recurren a la violencia, no tienen derecho alguno ni a la tolerancia ni a la connivencia. La reprobación de la violencia recae sobre todos los grados de ésta: desde et asesinato salvaje hasta la agresión a corporaciones y personas dignas del máximo respeto y cuya ofensa no debe tolerar la autoridad.

Son los propios propugnadores de la violencia los que lanzan sobre sj ta sentencia social de la condenación y la repulsa.

JUZGAMOS necesario apuntar también que tanto la sociedad como las autoridades de la

misma tienen que usar el máximo de energía en el corte de lo* rebrotes de violencia. Los ciudadanos, con el rechace enérgico, manifiesto, generalizado. La autoridad, poniendo en juego todo el conjunto de medios que tiene a su alcance para preservar el orden público y la seguridad en la calle. En materia de violencia están en juego valores muy altos. No sólo el orden de la vida diaria. Ni sólo la seguridad física y fa integridad de los ciudadanos, sino también el desarrollo coherente, normal y positivo de (a comunidad política. Frente a los extremismos no es licita la política de los ojos cerrados ni es eficaz fa mano suave que espera un recobro imposible.

Y no se digan cosas tan peregrinas como las que se dicen y se escriben, pretendiendo ver enemigos del régimen donde sólo hay españoles preocupados par la estabilidad de un sistema—que sólo debe evolucionar legalmente—y por el futuro de su Patria. Somos propensos a sacar consecuencias equivocadas. Frente al extremismo de izquierdas, el extremismo contrario sólo ve una política de cerrar cauces y endurecer posiciones. Así es como podría comprometerse todo. Hagamos que las instituciones, por su vivencia auténtica, sean populares, y se verá que no hay autoridades más fuertes contra la violencia que las que se apoyan en aquéllas. Otra cosa podrá ser la emergencia de un momento, pero na la continuidad ni la estabilidad que estamos seguros desea la mayoría del pueblo español. Tenemos unas Leyes Fundamentales Son también perfectibles, como propias de un régimen de constitución abierta . Si se sacan todas sus consecuencias se podrá ver cómo no hay mejor defensa del régimen que España necesita para el futuro. Procederían como enemigos, junto con ios extremistas, los que se empeñaran en cerrarle los caminos para irlo adaptando a las circunstancias y a los tiempos. Importa mucho no equivocar eI camino. Sólo asi se podrá conseguir que los extremismos queden neutralizados.

 

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