Elecciones sindicales pobres     
 
 El Imparcial.    20/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Elecciones sindicales pobres

LAS elecciones sindicales, en su regulación, han resultado pobres, viejas, continuistas, no libres. Una vez más, las esperanzas lógicas de dar un paso progrevo en la reciente democracia se han convertido en un caminar regresivo y ambiguo. Estas son algunas de nuestras razones deducidas del análisis del del decreto regulador que, como ha dicho Nicolás Redondo en este periódico, es torpe y no podía haber sido peor.

DESDE una perspectiva obrera parece grave el abandonar a una ley votada en Cortes ia regulación de las elecciones sindicales. Los trabajadores tienen derecho a elegir ellos mismos —y directamente— sus sistemas de organización y representación. Ellos deben ser, en principio, los que regulen las elecciones sindicales, no sus delegados parlamentarios, por muy democráticos que sean. Sólo en base al «orden público», a la justicia o a la paz sociales, el Parlamento podría recoger en una norma mínima aquellas conquistas obreras y aquellas garantías que, por repercutir sobre el empresario, habrían de ser sancionadas por una ley. Así se respetaría la autonomía trabajadora; el decreto, en cambio, promete atentar contra ella legalmente.

Ala vista de que no se han definido los cargos que se eligen, ni las funciones que tienen atribuidas, ni las garantías que llevan, y se hace referencia expresa en la disposición transitoria a que serán las mismas que tenían los enlaces y jugados, todo parece indicar que estamos en presencia de un simple cambio de nombre. Y este puede ser el punto concreto más vulnerable del decreto. Como ha dicto espontáneamente un dirigente obrero con la sabiduría del pueblo: «para este viaje no se necesitaban alforjas».

LAS elecciones sindicales no serán libres, o si se prefiere menos radicalmente, no serán auténticamente ubres o totalmente libres, porque siguen siendo válidas las anteriores representaciones de enlaces y jurados; sólo en las empresas de seis a 10 trabajadores ellos decidirán si quieren un delegado. En las demás entre 11 y 50 «existirán» delegados de personal, y en las de más de 50 «se constituirá» el comité de empresa con carácter obligatorio.

LAS elecciones sindicales no serán democráticas porque tienen tal cantidad de hábiles limitaciones y restricciones que sólo con optimismo se podría decir que el sistema electoral ha mejorado. Ahora no existirán categorías profesionales, pero habrá dos colegios electorales (el del cuello blanco y el del buzo); se exige antigüedad de seis meses para ser elegido; se disloca todo el decreto al decir que sólo son trabajadores los fijos en la empresa, a menos que no se diga lo contrario (4, párrafo 2.°); no se hace mención ninguna de asambleas, o reuniones, o campana electoral, o garantías electorales, frente a competencia desleal...

Para colmo de males, la introducción de la lista cerrada en elecciones sindicales de empresa supone un retroceso efectivo que sólo la práctica podrá decir de cuánto. Las listas cerradas limitan la libertad de elegir y van contra la representatividad obrera y la unidad sindical, al obligar a excluir sin posibilidad de sumar nombres.

LLAMA la atención, también, el hecho de´ que el decreto se haya apresurado a liquidar las entidades unitarias sindicales que, en los últimos meses, carecían de actividad, pero que después de las elecciones sindicales de empresa podrían haber sido ocupadas y utilizadas como coordinadoras unitarias de trabajadores, sobre todo. Con el pretexto del antifranquismo se practica así un antiobrerismo consentido por los trabajadores y sus representantes.

 

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