Elecciones sindicales     
 
 Diario 16.    10/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Elecciones sindicales

Todas las centrales sindicales -—con la excepción de la CNT, que las boicoteará porque sólo cree en el movimiento asambleario, "ya que los comités de empresa son una nueva estructura que recuerda a los jurados verticalistas"— aprobaron el decreto regulador provisional de "elecciones en la empresa".

El decreto apunta de alguna manera el fortalecimiento de sindicatos al establecer el sistema de listas cerradas, aunque no bloqueadas, para empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores. (En las de menos de doscientos cincuenta serán abiertas.) Con ello se zanja, mediante una fórmula intermedia, el debate entre CC OO y UGT a este respecto. Y uno de los aspectos positivos del decreto es que intenta la clarificación del panorama sindical, repleto de siglas. Después de estas elecciones, por muy provisionales que sean, se sabrá qué centrales tienen detrás a la musa trabajadora, cosa cada vez más necesaria.

Todas las centrales deben sujetarse al decreto y acudir a los primeros comicios sindicales con garantías democráticas desde hace cuarenta añoá. No hay que tener miedo a las urnas, y, por tanto, se deben celebrar las elecciones en todas las empresas, incluso allí donde se hayan efectuado recientemente.

Algunas centrales consideradas minoritarias, tras afirmar- que admiten el decreto, manifiestan que "deben ser las asambleas en cada centro las que decidan sobre el sistema que más se ajuste a sus intereses".

A eso se le llama nadar y guardar la ropa. O se entra en el juego o no se entra. Los centros de trabajo no pueden convertirse en movimientos asamblearios permanentes, sin orden ni concierto, para decidir y enmendar la plana a una norma, que en principio, todos aceptan.

La participación seria y responsable de todos los trabajadores en el quehacer sindical es positiva, siempre y cuando no degenere en desmadre asambleístico. La asamblea canalizada, en el mejor sentido de la palabra, evita la burocratización de los elegidos, que al no dar cuenta a sus electores, puede acumular un proceso anticonformista que explote en el desmadre. En una palabra, que los representantes de los trabajadores y secciones sindicales se vean desbordados por sus bases, poniendo en juego la estabilidad democrática. Los trabajadores deben ser los primeros interesados en no tirar por la borda la incipiente democracia española.

Los dos colegios electorales, para técnicos y obreros, por separado, es uno de los puntos del decreto que ha sido contestado por todas las centrales. El Gobierno aduce que en muchos países democráticos se hace así. Los sindicatos afirman que eso introduce la "división de clases" y es una puerta abierta para el sindicalismo amarillo. Es más, afirman que por ahí será .donde la UCD vaya a crear su sindicato después de la batalla electoral. Los técnicos y administrativos, en opinión de los sindicatos democráticos. es terreno abonado para el amarillismo. Pero, en definitiva, también las urnas lo dirán.

 

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