Los eclipses de la información     
 
 ABC.    04/06/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LOS ECLIPSES DE LA INFORMACIÓN

El sentido de la responsabilidad que caracteriza a la Prensa diaria ha demostrado que dentro de! marco de la vigente ley de Prensa, el respeto a los altos intereses del Estado es absolutamente compatible con el principio de libertad de información.

Nadie puede dudar de que el primer imperativo de la actividad profesional del periodista español es el de servicio a la Patria.

Cuando la unidad de ésta, la salvaguardia del orden público o el principio de convivencia entre los españoles se pone en trance de crisis, la propia conciencia de los órganos de opinión constituye el mejor estímulo para combatir tal situación. Creer que se necesitan resortes, condicionamientos o fórmulas especiales para ese fin, es poner en duda la "rectitud moral, la probidad o incluso el patriotismo de los que ejercen —no sin dificultades— la profesión periodística en España.

La ley de 5 de abril de 1968 sobre Secretos Oficiales alude en su preámbulo a la necesidad de limitar la información cuando de ella «se pueda derivar perjuicio para la causa pública, la seguridad del Estado o los intereses de la colectividad nacional». Cuesta trabajo pensar que tales implicaciones se han dado rigurosamente en las escasas veces que dicha ley se ha aplicado. Los temas a que esa aplicación se referían, no pueden menos de evocarse hoy con una cierta sonrisa: el Sahara, Guinea Ecuatorial, la actitud de unas cuantas Facultades universitarias, las deliberaciones del Consejo Nacional y unas disposiciones sobre Reforma Fiscal.

Ahora, con motivo del establecimiento del estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa, se ha vuelto a aplicar aquella ley.

Con todo respeto para la autoridad que la ha actualizado, nos atrevemos a pensar con Talleyrand, si no será cierto que el celo en política es bueno siempre que no resulte excesivo.

¿No seria más lógico haber permitido que la Prensa nacional, a la vez que informase veraz y puntualmente de los hechos que se iban sucediendo en aquellas provincias, siguiese, cuantas veces fuese necesario, poniendo a cada noticia el contrapunto de su radical condenación?

Ahora Jo que ocurre es que se ignora cuáles son los hechos. Que se especula sobre lo que se dice y sobre lo que se calla. Que se agigantan los bulos y que el rumor toma carta de naturaleza, sobreponiendo la noticia inexacta a la auténtica y real. Incluso la Prensa y las emisoras extranjeras se atribuyen la exclusiva de una información que es, en la mayoría de los casos, defectuosa, deformada o sectaria.

El pueblo español —lo hemos dicho repetidas veces— cuenta ya con un grado de madurez que le pone en condiciones de ser él mismo guardián de sus propios intereses. El secreto y reserva y, por lo tanto, el silencio informativo, debe ser cada vez menos utilizado. La virtualidad de la ley de Prensa —ya endurecida por la reforma del Código Penal— ha de salvaguardarse en beneficio de todos. Y, naturalmente, del propio Gobierno. Porque a éste le debe interesar contar con sinceras adhesiones auténticas, más que con aparentes coincidencias formales. Es al Estado al que debe importarle que lo que ocurre en el país se ponga de manifiesto, serana y objetivamente, ante la nación. Sí hay tergiversaciones, instrumentos tiene en sus manos el Poder para castigarlas.

En un clima de decidido aperturismo político —que creemos absolutamente sincero—el silencio forzado se compagina difícilmente con ese principio que por doquier se postula de una libertad informativa, consciente de su ejercicio y responsable de su misión.

El silencio es siempre un arma peligrosa. Más vale una verdad incómoda, que esos cientos de mentiras que inventa la fantasía mal intencionada al amparo del vacío informativo.

Porque condenarnos la violencia —venga de donde viniera—, deseamos para España una pronta sutura de tantas y tan dolorosas heridas. Por eso confiamos que todo lo que signifique «excepcionalidad jurídica» sea, en cuanto las circunstancias lo permitan, rápidamente superado. Que los estados de excepción no prolonguen su vigencia, sino que incluso lo acorten cuando los objetivos se logren. Y que la fórmula de reserva y secreto se utilice lo menos posible y dentro del tiempo más breve, limitado y concreto.

La falta de luz en la libertad de información debe ser como la sombra de los eclipses: infrecuente y pasajera.

 

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