Pacto nacional     
 
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Editorial

Pacto nacional

Después del frenesí de las dos últimas semanas más difíciles de la historia del Régimen una cierta calma se ha instaurado en el país, mientras apuntan indicios de que una operación política de gran envergadura está empezando a ponerse en marcha. Recientes decisiones, nombramientos y declaraciones del Gobierno indican que éste ha decidido combatir la crisis nacional provocada por el terrorismo en el terreno que le es propio, es decir, el terreno de la política.

Las declaraciones de Solís, los nombramientos de altos mandos militares, las decisiones judiciales sobre los acusados de terrorismo, la enérgica declaración del Gobierno después del Consejo de Ministros, contactos mantenidos por varios ministros con personalidades políticas independientes, rumores más o menos optimistas, todo parece Indicar que el Gobierno recupera la iniciativa y que fuerzas políticas importantes —del Régimen y de la oposición— parecen movilizarse para facilitar esa "evolución inminente" de que habló tajantemente el ministro Solís.

La gravedad de la crisis, al parecer recién superada, ha enseñado mucho a las cabezas políticas del país.

Hubo días en que parecía inevitable la resurrección de todos esos viejos demonios de España que nos han conducido a cuatro guerras civiles en siglo y medio. De atentado en atentado, la sima del odio nacional amenazaba con volver a abrirse para engullirnos a todos una vez más. Y esta amenaza ha pesado muy seriamente sobre la conciencia del país y sus políticos. Se diría que tanto el Régimen como la oposición han comprendido que la historia no está escrita, que las cartas no están echadas, que todos podemos perder a la vez. En aquellos momentos de crisis nacional, la oposición dio muestras de una serenidad constructiva con una unanimidad sin precedentes. La inquietud caló también muy hondo en personalidades políticas independientes que no han encontrado en el marco político vigente un terreno de juego apropiado. Y del Gobierno han llegado voces que ponían en evidencia su intención de salir de una vez por todas de la crisis llevando el juego al terreno de la política.

Se está gestando en estos días un ambiente de cambio y conciliación entre fuerzas políticas muy dispares. El aldabonazo del terror puede producir así resultados diametralmente opuestos a los pretendidos por quienes decidieron cambiar la historia a sangre y fuego. Ante la amenaza de la violencia y del horror, este país parece estar dando muestras de una salud indudable y de una capacidad de conciliación y creación política que puede garantizar un brillante futuro nacional.

Hasta hoy sólo han aparecido indicios de esta oleada política que pudiera llevarnos a terreno seguro. Pero son tantas las voces Independientes qué hablan en estos días de un pacto nacional para la paz y la normalidad, ha sido tan grande la serenidad de la oposición, y parece también fortalecerse ahora el Gobierno, que quizá la sangre tan odiosamente vertida sirva para enterrar definitivamente las tentaciones de la violencia y del terror y conducirnos a corto plazo a esa normalidad política que este país, tan antiguo y quizá tan grande, se tiene tan merecida.

 

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