Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Camacho y Redondo     
 
 Informaciones.    18/11/1977.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO CAMACHO Y REDONDO

Por Jaime CAMPMANY

ANOCHE, Televisión Espe-ñola nos ofreció un programa Imaginado para que despertara el máximo Interés de casi todos los españoles. El tema es de la mayor Importancia y actualidad: los sindicatos y las próximas elecciones sindícales. Los protagonistas son tos dos hombres de gran responsabilidad en las centrales sindicales más nutridas en este momento: Marcelino Camacho, cíe Comisiones Obreras, y Nicolás Redondo, de la U.G.T.

Uno de los problemas apremiantes que tiene el país para conseguir el normal desarrollo de la vida económico-social y la consolidación de la democracia es el de contar con unas centrales sindicales nutridas, responsables, representativas, capaces d e defender los intereses obreros y, al mismo tiempo, que sean interlocutores válidos para el necesario diálogo con tos empresarios y para la consulta y participación en las medidas de gobierno que afecten directamente a la ciase trabajadora. De la madurez y preparación de los dirigentes sindicales depende en buena parte que las nuevas fórmulas de convivencia social y, en definitiva, politica resulten eficaces para la prosperidad del país y para la progresiva dignificación y el creciente bienestar de los trabajadores.

Pues bien; el diálogo mantenido ayer ante las cámaras da TVE «Btta don Uarcetína Camacho y don Nicolás Redondo resultó un espectáculo deprimente. En vano Federico Ysart —supuesto moderador del diálogo— hizo algún tímido esfuerzo por encauzar ese diálogo de modo que el espectador pudiera.obtener algunas ideas claras acerca del tema debatido. Durante eso que llamo diálogo, refiriéndome más al propósito que al resultado, el periodista moderador se convirtió en un oyente casi tan estupefacto seguramente como los espectadores, e incapaz de lograr que se guardaran las más elementales normas de un debate público.

Don Marcelino Camacho y don Nicolás Redondo —a quienes ofrezco desde aquí todos m i» respetos personales— convirtieron el debate en riña, se arrebataron uno al otro la palabra de la boca, se intercamblaron acusaciones fuertes. Don Nicolás Redondo llegó a decir que el señor Camacho ofrecía datos manipulados y que «mentía». A unos representantes sindicales no hay por qué pedirles exquisiteces dialécticas. Pero sí un mínimo de compostura en la discusión y de respetuoso silencio cuando el adversarlo está en el uso de Ja palabra. Los señores Garnacha y Redondo nos dieron una lección: la «te cómo no se debe dialogar en público.

 

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