Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Justificación de Camacho y Redondo     
 
 Pueblo.    24/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

JUSTIFICACIÓN DE CAMACHO Y REDONDO

AUNQUE parama que llego tarde al tema, creo yoi que liego a punto, puesto que liego al comentario necesario después de la sorpresa que me produce la reacción de las gentes, de palabra y por escrito, ante el «cara a cara» de Camacho y Redondo en la televisión. Meto al final la cuchara en el guiso porque el famoso coloquio signe siendo la comidilla del país, una comidilla que, modestamente, creo que la gente no ha digerido bien.

Comencemos por decir que Federico Ysart, el moderador, es uno de los hombres más inteligentes y ponderados de la profesión periodística, pero carece aún de entrenamiento para este tipo de duelos dialécticos y aún le falta la agilidad para saltar sobre la presa a panto. Dijo en´ un momento Nicolás Redondo, refiriéndose a las dos centrales, CC. OO. y UGT, que «lo importante era el proyecto de sociedad que proponía cada una»; allí estaba la carne del asador, y a ese terreno había que llevarles a despachar su programa.

Vamos al supremo escándalo del coloquio, «tos modos y las formas. Señores míos, ésos son los modos y las formas de los debates políticos en todas las televisiones libres del mundo; de lo contrario, no se explicaría que un gran encuentro político televisado, entre dos pesos pesados de la política, paralizase un país, como ocurre de fronteras para afuera. La gente no va al boxeo a otra cosa que a ver cómo se cascan los púgiles y como uno, a ser posible, deja al otro K. O. Vencer por puntos equivale a una desilusión total, un «match» nulo es el fracaso. Este país nuestro que aun no se ha curado de la mojigatería política a nivel de la TV. E, signe escandalizado porque Meólas Redondo, con su guapeza de Curro Jiménez de todas las serranías de la UOT, le dijo a Marcelino «mentiroso». Cuando no era un diálogo entre metalúrgicos, sino entre universitarios, yo oí una vez cómo Mitierrand le decía al Presidente de 1» República que «habla faltado a la verdad», que viene a. ser exactamente lo mismo, pero entre jugadores de golf.

«¡Y étimo se quitaban la palabra!», dicen las gentes escandalizadas. ¿Qué iban a hacer? ¿Dejársela? Naturalmente que se quitaban la palabra, como tratan de quitarse los votos, como era su obttgaoion; no iban a permitir que despues llegase el camarada con un «venga, Marcelino, que el Nico te dejó sin voz».

Pilar NARVION

Esa es una técnica todavía no bien aprendída, pero de la que tenían perfecta noticia los dos contrincantes. No se puede dejar lanzar todo su discurso al contrario como si fuese la Biblia; uno cierra la guardia, espera y cuando encuentra el hueco, «zas», mandoble, o el que te casca dialécticamente hablando es el otro. Hay que saber «comer planos».

Viene luego el aspecto más importante de este asunto Oamaoho-Redondo, que no son ni Lenin ni Pablo Iglesias, pero son los dos líderes sindicales que tenemos, y los necesitamos tanto, que los necesitamos muchísimo más que a Santiago Carrillo y a Felipe González; que el Pacto de la Moncloa ya está firmado y lo que el país necesita es que se cumpla, y aquí no hay guapo capaz de hacerlo cumplir si no encuentra el Interlocutor válido a nivel de base. Ahí tenemos el juego mortal del asambleísmo y dé las huelgas salvajes, que pueden acabar con la economía del país y, primero que nadie, con los asambleístas y los huelguistas salvajes.

Si no existiesen Camac.ho y Redondo tendríamos que inventarlos, y todo hombre político, todo periodista que deteriora la imagen de estos dos líderes sindicales, que de momento son los únicos que tenemos » nivel nacional, es simplemente un suicida, porque en este país existe hoy un vacío sindfcal, que si no sabemos llenarlo rápido con ´•éntrales serias, lo llenarán pon centrales anárquicas, ingobernables, qne nos llevarán a la ruina. El deber patriótico de políticos, patronos y periodistas es ayudar a esos dos hombres a dar solidez a sus centrales, i Demuestran en la empresa que son dos grandes líderes? un trabajo hecho. No lo demuestran? Se les quita y se pone al delfín que venga empuiando. pero de momento no es ninguna gracia el juego Ae colocarles banderillas de fuego. Son un símbolo de algo que necesitamos, de una realidad sindical capaz de constituirse en interlocutor válido a la hoar del cumplimiento dte los acuerdos de. La

Moncloa, La gran desgracia de este país es que el desmontador del sindicalismo vertirá! no estivo a la altura del desmontador de la Secretaría del Movimiento.

 

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