El marco laboral y la crisis     
 
 Diario 16.    03/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

£1 marco laboral y la crisis

Mal momento él escogido para discutir un acuerdo marco entre trabajadores y empresarios, en pleno fragor de la -batalla parlamentaria, para sacar adelante el primer marco legal que regule en España las relaciones dentro de la empresa. El Estatuto de los Trabajadores es un intento de clarificar el confuso panorama laboral español, sembrado de paternalismo y heredado de un pasado reciente en el que el régimen político imperante había condicionado su propia subsistencia a algunas concesiones hacia la clase trabajadora a cambio de la negativa a permitir los más leves síntomas dé conflictividad.

Sobre un telón de fondo polémico y repleto de desacuerdos, las negociaciones para, el establecimiento de un acuerdo global entre empresarios y trabajadores tienen pocos síntomas de alcanzar un final rápido y feliz. No se puede olvidar que a los desacuerdos surgidos con ocasión de los debates sobre el Estatuto del Trabajador, hay que añadir la incertidumbre de una situación económica internacional que nadie es capaz aún de diagnosticar con certeza.

Por otra parte, la diferenciación entre el sindicato comunista, Comisiones Obreras, y el socialista, UGT, no hace más qué profundizarse, actitud que sirve no sólo para definir las respectivas posiciones en los debates parlamentarios, sino en la mesa de negociaciones con la patronal. Esto va a provocar la existencia de tres posturas negociadoras distintas, lo que dificultará aún más el logro de un acuerdo rápido entre las partes implicadas.

Ni que decir tiene que el logro de un acuerdo entre los tres principales protagonistas de la vida económica y empresarial del país es imprescindible para afrontar él futuro económico español´ con una cierta dosis de esperanza. Una esperanza que se ve ennegrecida a diario por las duras realidades del contexto internacional y, sobre todo, las derivadas de la crisis energética, que amenaza con empobrecer aún más a nuestro país y abrir un abismo insondable entre la economía española y las europeas.

Desde el año 1974, la economía española se encuentra en una crisis económica continuada no sólo a causa de la incidencia negativa de los acontecimientos externos, sino de los desajustes inevitables que la transición ha provocado sobre el aparato productivo. Vivimos en una interinidad peligrosa en materia de relaciones laborales que el Estatuto de los Trabajadores puede eliminar, sustituyendo la legalidad paternalista del pasado por un sistema más dinámico de ajustes en el seno de las empresas.

Y algunos parecen añorar la rigidez de los viejos esquemas, cuya prolongación persiguen con machacona insistencia, sin percatarse de que la crisis económica actual exige una flexibilidad en la adaptación a las condiciones cambiantes de la economía que debe superar posiciones de estancamiento. Sólo con un marco de relaciones laborales que permita estos ajustes rápidos del trabajo a las condiciones de la economía podremos superar la crisis. Bien es verdad que en esta batalla se va a producir víctimas.

Pero en un sistema democrático hay que exigir libertad para las partes y solidaridad para los afectados por el ejercicio de una libertad que, además de ser superior por definición a cualquier otra fórmula, es más creativa y permite un mayor grado tíe bienestar y de progreso.

 

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