Autor: Triana, Eugenio. 
   La práctica del eurocomunismo     
 
 El País.    10/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL PAÍS, jueves 10 de noviembre de 1977

POLÍTICA

TRIBUNA LIBRE

La práctica del eurocomunismo

EUGENIO TRIANA - Comité Central del PCE

El eurocomunismo significa una concepción de la sociedad socialista como el resultado de la extensión y

profundización de la democracia, es una vía pluralista basada en la ampliación constante del ejercicio de

las libertades en todos los ámbitos de la vida social. Se considera objetivo prioritario la participación de

los ciudadanos en las decisiones políticas y económicas que les afectan, junto con el respeto a todas las

corrientes de opinión y los partidos políticos. El sufragio universal se contempla como la piedra angular

del entramado democrático ahora y siempre, la forma más importante de intervención de la colectividad

en los asuntos públicos. Se trata ahora de perfeccionar y extender el sufragio universal, mejorar los

mecanismos y leyes electorales, hacer más frecuentes y más fiables las consultas al cuerpo electoral.

El acceso al poder político, a la gestión de la sociedad es solamente mediante el consenso popular

expresado en el voto directo y secreto. Esto representa, naturalmente, consagrar la reversibilidad de las

situaciones políticas y sociales que se establecen de acuerdo con los resultados electorales.

La estrategia eurocomunista se dirige en la práctica a propiciar y diversificar las formas de control

democrático de la sociedad sobre la gestión del poder público. Hacer practicable la libertad, acercando los

niveles de decisión a los ciudadanos, de forma que el ejercicio de la democracia sea un componente

natural y cotidiano. El camino al socialismo pluralista y en libertad, es también la democratización de la

vida económica y social: desarrollar la democracia en los centros de trabajo, en los municipios, en las

instituciones que hacen la economía, la cultura o la salud.

Se trata de estructurar progresivamente lo que podíamos llamar un sistema integrado de democracia,

donde el papel esencial del sufragio y la soberanía del Parlamento se complementa con mecanismos

diversos de control democrático que van incorporando a la gran mayoría de la población a un papel activo

y protagonista en la política de todos los días, lo que además favorece una participación más consecuente

en las opciones políticas generales. La introducción de las formas autogestionarias, la descentralización

de las funciones que corresponden a las administraciones públicas, son parte de esa línea de aproximar los

centros de decisión a la vida real de la personas. Es el contenido de la práctica del eurocomunismo.

La actualización de los fines y de las vías hacia el socialismo en libertad, se traduce en las aportaciones

concretas a la plena democratización de la sociedad. Desde el espacio político otorgado por el voto

popular se puede conectar con las exigencias reales de la mayoría de los trabajadores, fuerzas de la

cultura y sectores intermedios, superando el hecho de ser o no ser clientela electoral inmediata. El partido

político aparece así como una institución útil para la colectividad, que sirve para solucionar las cuestiones

que interesan en los distintos planos de la vida social. La afirmación de la propia identidad se acentúa

precisamente por acertar a ser portavoz de muchos trabajadores y clases medias que están fuera de la

parcela electoral del momento. La operatividad de los programas políticos no se confía únicamente a la

alternancia en el poder, sino que se busca siempre materializar los puntos programáticos.

Una consecuencia importante, muy importante en el Estado español hoy, es ayudar a evitar una

polarización excesiva y prematura de las posiciones políticas que podría bloquear la penetración de las

ideas democráticas y socialistas en medios sociales potencialmente afines. La actualidad política ofrece

algunas muestras de esta práctica.

En las circunstancias actuales hay que reclamar y perseguir de forma constructiva la consolidación de la

democracia. Con ese propósito se ha abordado el pacto de la Moncha, donde el PCE ha contribuido

seriamente a empezar a resolver la grave crisis económica, donde se ha buscado y conseguido en gran

medida minimizar los efectos de la austeridad para los trabajadores, en un marco compatible con el

control de la inflación.

Este objetivo ha ido unido a las medidas para el asentamiento estable de la democracia y sus instituciones.

Pero también se han insertado en los acuerdos algunos elementos que permitirán avanzar en la extensión

de las libertades democráticas, el control del sector público, la Seguridad Social, etcétera. Llevar la

iniciativa para un compromiso político en las condiciones excepcionales del momento, ha posibilitado

conseguir conclusiones positivas hacia una perspectiva de democracia más avanzada y perdurable. Es

importante destacar que después del pacto se está en condiciones mejores que antes para el despliegue de

mecanismos de participación ciudadana en la supervisión de los organismos oficiales, que completen la

acción del Congreso.

Hay puntos de referencia significativos, yo diría portadores de futuro, que van a suponer una inflexión en

el estado de la opinión actual sobre los problemas de la Administración y el control de la economía

pública, ampliando además la intervención parlamentaria. El papel clásico de la oposición se puede

enriquecer asumiendo el sentir general, no dejando que el partido gobernante monopolice el interés

nacional, mostrando que las metas finales de los partidos que están por el socialismo se corresponden con

su actuación práctica desde ahora mismo, y que son capaces de congregar a capas sociales medias en base

a sus aspiraciones reales.

El otro gran tema son las elecciones municipales. El régimen de la libertad precisa la existencia de

organismos municipales democráticos. Prolongar más de lo debido la actual situación es fuente de

tensiones y perturba el funcionamiento del sistema democrático. Las actuaciones políticas y

administrativas de los ayuntamientos, los flojos financieros y económicos que les afectan, tienen un peso

muy considerable en el conjunto de la sociedad. Es preciso debatir con rapidez las normas que han de

regular las elecciones municipales, y despejar todos los equívocos sobre la convocatoria que debe respetar

las previsiones que había explicitado ya el Gobierno.

Es una gran ocasión para mejorar radicalmente el sistema del sufragio universal: el derecho a votar desde

los dieciocho años, la actualización del censo facilitando la inscripción inmediata de los hoy excluidos,

las disposiciones que aseguren la mayor equidad en la campaña electoral, la puesta en marcha de una

información realmente objetiva incluidos los sondeos de opinión, etcétera, son medidas necesarias y que

profundizan la vida democrática. En cuanto al contenido, habría que proponer el reforzamiento de las

competencias municipales, dotar a los ayuntamientos de una capacidad de decisión y autonomía muy

superior. Es un paso práctico para acercar de verdad las instancias de decisión a la comunidad, hacer

asequible la participación directa, viva, conseguir mayor transparencia para un mayor número de asuntos.

La democracia municipal es una gran escuela de costumbres democráticas, de convivencia diaria y

cercana de personas de diferentes ideologías y políticas. Puede iniciar el camino de las transformaciones

en un sentido democrático de las administraciones públicas, y empezar a satisfacer las necesidades de la

colectividad en vez de ser instrumentos de grupos sociales minoritarios. El asentamiento y la extensión de

la libertad pasa porque el ejercicio habitual de la misma sea una ocupación de la inmensa mayoría.

 

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