Informe anual del Banco de España. 
 España regristró el encarecimiento de salarios más alto de Europa en 1979 y 1980     
 
 Ya.    03/06/1981.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Informe anual del Banco de España

El gobernador del Banco de España, José Ramón Alvarez

Rendueles, pronunció ayer ante el Consejo General de este organismo un importante discurso con motivo de la presentación del informe anual. Alvarez Rendueles hizo referencia a dos temas capitales en la reciente

evolución de la economía española: de un lado, la evolución de los salaries en la industria española y su influencia en la tasa de paro; de otro, la evolución del crecimiento del gasto público corriente. A continuación exponemos los correspondientes informes:

España registró el encarecimiento de salarios más alto de Europa en 1979 y 1980

En el período que media entre las dos elevaciones masivas del precio del petróleo —es decir, desde finales de 1973 hasta finales de 1978—, los salarios reales por persona en términos de bienes de consumo aumentaron un 57 por 100 en la industria española. En los países que siguen inmediatamente a España por la intensidad del aumento salarial real, éste fue sólo del 25,9 por 100 en Italia, del 24,3 por 100 en Noruega, del 22,8 por 100 en Irlanda y del 21,2 por 100 en Bélgica. En los dos años últimos, 1979 y 1980, los salarios reales han aumentado en todas partes a menor ritmo que en los dos años, 1974 y 1975, inmediatamente posteriores a la primera gran elevación del precio de los crudos.

Pero España continúa siendo el país que registra, con notable diferencia, el mayor encarecimiento de los salarios industriales en el bienio: un 7,6 por 100 frente a sus inmediatos seguidores, que son ahora Bélgica (4,9), Francia (3,4) e Italia (2,7 por 100). Es fácil comprobar, según el informe del Banco de España, la relación entre el crecimiento salarial real y las dificultades relativas de las diferentes economías expresadas en sus experiencias respectivas sobre la evolución del empleo y la tasa de paro. Y, en dilección inversa, llaman la atención los crecimientos relativos de salarios reales cuando se tiene en cuenta que las correspondientes tasas de paro eran, en 1980, del 12,5 por 100 en España, del 9,2 por 100 en Bélgica, del 6,3 por 100 en Francia y del 7,6 por 100 en Italia, para señalar tan sólo a los países más cercanos a España en el ritmo reciente de avance de tos salarios reales.

Proceso inflacíonísta

En resumen, y según el informe, el esfuerzo por mantener y aun aumentar los salarios reales netos y por atender, vía contribuciones, a las necesidades crecientes de la Seguridad Social en un período en el

que las elevaciones de precio de la energía importada imponen periódicamente transferencias importantes de renta real al resto del mundo ha alimentado un proceso inflacionista, pero ha hecho algo más importante que eso: ha determinado profundas alteraciones de precios relativos y ha conducido a una distribución funcional de rentas cuyas consecuencias han sido y continúan siendo, por una parte, la obstaculización de la sustitución del ahorro de energía y, por tanto, de la reducción del grado de exposición de España a los impactos del encarecimiento energético, y, por otra parte, la generación de paro como resultado de la compresión de los márgenes de excedentes y rentabilidad y del consiguiente

hundimiento de la inversión productiva del sector privado, y como resultado, asimismo, del estimulo a la sustitución de factores productivos en contra del trabado como medio de defender los márgenes.

Por otro lado, la configuración de precios relativos lleva a una redistribución de rentas, por una parte, en favor de las rentas de trabajo y en contra de las rentas de capital —y, dentro dé éstas, en favor de las rentas de la propiedad a costa de los excedentes empresariales— y, por otra parte, en favor de las rentas de los trabajadores empleados y en contra de los trabajadores en paro y de las clases pasivas.

Como la redistribución de rentas operada por la política de ingresos y gastos del sector público es tal que tiende a mantener la renta real disponible de las familias y la demanda de consumo privado y a reducir la propensión al ahorro de las economías domésticas, el resultado de todas estas tendencias —descenso de la propensión al ahorro de las familias, reducción del ahorro bruto de las empresas y desaparición del ahorro público— conduce a una apelación al ahorro exterior, es decir, a la generación de déficit en la balanza corriente incluso con bajos niveles de inversión interior.

José Ramón Alvarez Rendueles

Parece poco dudoso que e] problema de precios relativos descrito hasta ahora desempeña un papel central en la situación actual de la economía española. Y si esto es así, una parte sustancial del paro hoy existente deberá atribuirse a dicho problema y no a la insuficiencia de demanda efectiva; en otras palabras: si el problema de precios relativos —y, más concretamente, de salarios reales— es tan importante como sugieren las cifras, los aumentos de la demanda efectiva pueden tener escasa eficacia en la reducción de la tasa de paro y llevar pronto a la economía a un agravamiento de sus otros desequilibrios mientras continúa el proceso de sustitución de trabajo por otros factores.

Por el contrario, si el problema de precios relativos tiene la importancia sugerida aquí, pero, en cambio, en los comportamientos sociales lleva a su corrección —de modo que los salarios reales detengan su crecimiento por algún tiempo o lo hagan a un ritmo menor al del avance activo de la productividad (es decir, no simplemente por debajo de las tasas de aumento de la productividad conseguidas mediante reducciones de empleo)—, entonces un aumento de la demanda efectiva puede tener efectos estimulantes duraderos y conseguir reducciones persistentes de la tasa de paro.

 

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