Autor: Delogu, Ignazio. 
   Eurocomunismo: ¿táctica o tradición?     
 
 El País.    02/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Eurocomunismo: ¿táctica o tradición?

IGNAZIO DELOGU - Comité Central del Partido Comunista italiano

Algunos acontecimientos recientes - me refiero especialmente a la publicación del último libro de

Santiago Carrillo, a la dura intervención de la revista Tiempos Nuevos y a las iniciativas del PCI, incluida

la visita de una delegación a Moscú, de otras a Madrid y a París - han vuelto a poner en primer plano el

debate sobre el «eurocomunismo» en una dimensión tan amplia que rebasa los límites de por sí nada

estrechos de Europa.

Conocido es, pues, el creciente interés hacia el «eurocomunismo» que han venido manifestando políticos

e intelectuales vinculados directa o indirectamente a la Administración Carter, concretándose en

seminarios, coloquios, mesas redondas con la asistencia de destacados dirigentes del PCI en Estados

Unidos y también en Italia.

El debate, y más la polémica, llega hasta a poner en entredicho la existencia misma del «eurocomunismo»

más allá de un mero expediente táctico para la conquista del poder.

Que el «eurocomunismo» necesite de un fundamento teórico cada vez más sólido y de un análisis más

profundo en cada uno de los países cuyos partidos comunistas reconocen en él su propia línea estratégica

está fuera de duda.

Sin embargo, aquellos que dejan reducido el «eurocomunismo» a mero expediente táctico se olvidan de

que, antes de que así se las llamara, existieron las «vías nacionales al socialismo», cuya tradición, por

desconocida, no deja de existir y guardar cierto interés.

Quien tenga alguna familiaridad con el pensamiento político de P. Togliatti sabe muy bien que esa

tradición, de la cual él ha sido tal vez uno de los promotores, se remonta, en lo que a su elemento

sustantivo se refiere, al nexo entre democracia y socialismo, al VII Congreso de la Internacional

Comunista. Nexo, por decirlo en palabras de un valiente estudioso marxista italiano, L. Gruppi, que

«Togliatti captará e indagará a nivel teórico y político en el momento de la actuación de la línea del VII

Congreso de la I. C. y en aquel otro, que fue su verdadera piedra de toque, la guerra civil española de

193639, y que otro estudioso italiano, G. Vacca, autor del valioso ensayo P. Togliatti y la tradición del

comunismo, al destacar la dimensión tan internacional de la base teórica y analítica de la vía italiana al

socialismo, destaca también cuando habla de «la individualización de una teoría del proceso

revolucionario y del partido, que después de la experiencia española del 36 comienza a sobrepasar a

Lenin y al leninismo», desarrollándose cada vez con más riqueza de una manera autónoma y original en

la experiencia italiana de la segunda posguerra.

Y para no dejar las cosas a medias, me parece útil recordar que la «tradición» de la cual estoy hablando

algo tiene que ver - ¡y cuánto! - con aquella «traducción de Lenin al italiano» que ha sido una de las

aportaciones más grandes del pensamiento político y teórico de Gramscí a la revolución italiana y

europea, a falta del cual no habría sido posible sobrepasar a Lenin y al leninismo en la confrontación con

la experiencia política concreta.

El hecho de que no se trate de una tradición lineal no supone que no exista, sino que ha sufrido altibajos

o, mejor dicho, un gran frenazo debido a aquel llamado «a cerrar filas» que fue el informe de Zdanov en

la reunión constitutiva del Kominform (septiembre de 1947) reflejado en el informe de Togliatti en el VI

Congreso del PCI (Milán, enero de 1948).

Hubo que esperar el XX Congreso del PCUS para reanudar esa «tradición», que cada vez más se va

centrando en la unión indisoluble democraciasocialismo, unidadautonomía. Y será precisamente entre

1956 y 1963 cuando se desarrolle la reflexión más madura de Togliatti, cuyos documentos son la

entrevista a la revista Nugvi Argumenti y el Memorial de Yalta, escrito unos días antes de morir. En la

«tradición comunista» constituyen dos puntos de referencia obligados. La continuación de la «tradición»

lleva luego los nombres de Longo y Berlinguer.

Mas el nombre de Longo constituye una invitación a una pequeña vuelta atrás, a un «retorno».

En la «tradición comunista», la experiencia española tiene, y lo hemos señalado, un lugar destacado,

preferente. Fue aquí, en España, donde surgió la definición de «democracia progresiva» para definir la

que hoy estamos acostumbrados a llamar la etapa de la transición al socialismo.

Democracia progresiva, que supuso un Estado «de tipo nuevo» y un partido «de tipo nuevo», también de

masas y de cuadros como se dice, y un ejército también de tipo nuevo, cuyos atisbos se vieron en el

tránsito de las milicias al Ejército popular.

Quiero señalar aquí que en las condiciones de la guerra (y de la guerra civil) hubo en la República

variedad de partidos, pluralismo cultural, ideológico y religioso. La base de aquella «democracia

progresiva» era la alianza entre clase obrera, campesinado, pequeña y mediana burguesía. ¿Quién puede

decir que no la hubo y que, de alguna manera, no se mantuvo hasta la derrota y después, aunque en

niveles ya mínimos, pero no insignificantes, con respecto a la «tradición»? ¿Cómo negar que en la

«tradición comunista» está aquella República que no perdió su carácter democrático-burgués mientras

realizaba tan amplia revolución social?

De no ser así, la política de la «reconciliación nacional» tan tempranamente lanzada se hubiese quedado

en palabras. Lo que en estos días estamos presenciando los españoles y los amigos de España es la prueba

fidedigna de que no fue así.

Existe, pues, la «tradición comunista» es España, autónoma y estrechamente hermanada con la italiana, y

sobran marxistas en este país capaces de darla a conocer en toda su amplitud teórica y analítica.

Solamente quiero recordar a los que preguntan qué es el «eurocomunismo», y hasta si es que existe más

allá de un tacticismo que sería infantil más que maquiavélico, que eso representa el más novedoso y

avanzado nivel alcanzado en el terreno de la investigación en torno a la peculiaridad de las relaciones

entre política y economía, Estado y sociedad civil en Occidente y, por consiguiente, una total teoría de la

transición emancipada del modelo bolchevique. De ahí que la recuperación y la defensa de las libertades

burguesas se convierta, de hecho, en el contexto político más favorable al proletariado y a sus aliados,

para alcanzar su total emancipación y realizar su hegemonía.

Que es donde la «tradición comunista» empalma con la «tradición» democrática y progresista tout court.

 

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