Autor: Dávila, Carlos. 
 El Gobierno convenció a los empresarios. 
 El "pacto social" estabiliza la democracia     
 
 ABC.    14/06/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El Gobierno convenció a los empresarios

El «pacto social» estabiliza la democracia

Por Carlos DAVILA

Con su mejor traje, corbata incluida, Marcelino Camacho volvió a la Moncloa No iba al Palacio presidencial desde los pactos del 77, cuando los comunistas significaban algo para Adolfo Suárez. Luego, nunca más fue llamado. Minutos después llegó Nicolás Redondo, polo rojo de clandestinidad y sonrisa vasca reticente. Más tarde, (a patronal. Calvo Sotelo, con el librillo de la investidura siempre a punto les dijo: «Tenemos que conversar aires bandas.» Y se llevó la primera sorpresa. En un aparte, Cuevas, el más duro negociador de la CEOE. le dijo:

«Ya con Comisiones no me siento en la misma mesa.» Habían comenzado las dificultades, sin embargo, y sorprendentemente, apenas treinta días después, se firmaba entre glorias, aleluyas y fasto general, el ANE, el Acuerdo General sobre el Empleo, calificado ya popularmente como el «pacto social» de la democracia.

¿Qué había pasado? ¿Qué pudo suceder para que, al fin, todos firmaran? Veinticuatro horas antes del martes caluroso y definitivo de junio, la CEOE pudo dar la espantada. A pesar de que todos coincidían en que nadie quería levantarse de la mesa. Durante dos días, los negociadores del Gobierno, de las centrales y de la patronal, vivieron físicamente en habitaciones separadas del Ministerio de Economía. La patronal estaba harta y no quería firmar. Juan Antonio García Diez tuvo la sensación de que e! tira y afloja podía prolongarse meses y jugó fuerte, La CEOE, que en septiembre tiene elecciones, quería negociar un anexo bilateral con el Gobierno en el que la Administración prometiera rebajar la presión fiscal y ampliar la participación del Estado en la Segundad Social.

El anexo no hizo falta, pero para limar disputas se amplió el compromiso gubernamental de considerar con fervor ambos temas. Por eso, Calvo-Soteno —que gradas al ANE tiene hoy el mayor índice de popularidad de sus cuatro meses de Presidencia, destacaría en la televisión que el Estado elevará sus dotaciones a la Seguridad Social hasta los 350.000 millones de pesetas; 140.000 millones más que en la actualidad. Esto es lo que quería oír la CEOE.

EL COMPROMISO SINDICAL

Con las rúbricas aún calientes, secadas gracias a la presión de! Gobierno que pidió árnica y comprensión a (a CEOE, estalló et primer conflicto. A bombo y platillo, se anunció que las centrales, Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores, recibirían en los próximos tres años 2.400 millones de pesetas. Era un adelanto, «el chocolate del toro» diría un «coco» con evidente inoportunidad, en concepto de anticipo por patrimonio sindica!. Si no era un pacto secreto, se acercaba mucho en opinión de la patronal y los minoritarios «Usos», definitivamente apartados de cualquier negociación, marginados por un Gobierno del mismo partido que durante mucho tiempo les regaló los oídos con su cariño amariltista. En el Ministerio de Trabajo se diría que «aquí no hay riada que no se pueda enseñar con luz y taquígrafos» y se insistiria en que de CEOE sabía que teníamos que encontrar una fórmula de comprensión con los sindicatos». Lo más probable es que ni UGT ni Comisiones Obreras digan una sola palabra al respecto. Se embolsarán los mitones y en paz; en contrapartida se comprometerán solamente a no dar demasiada lata con la cantinela del patrimonio sindical. Pero, ni siquiera eso está seguro. UGT y Comisiones, dos centrales minoritarias {recuérdese que en las pasadas elecciones apenas han votado dos millones de trabajadores de los casi 13 millones censados) quieren ahora que el Gobierno les ceda por lo

menos los sesenta locales que actualmente pertenecen a la AISS (Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales),

tos restos que quedan del esplendor verticalísta de José Solís.

Los más disciplinados serán los comunistas de Comisiones, gratificados otra vez más por el Poder, y prácticamente autónomos en sus vías de negociación. Ni Camacho, huido del Parlamento, ni el aristócrata marxiste tentado por la política, Nicolás Sartorius, tuvieron durante el mes largo de negociaciones, que consultar una sola palabra a Ja dirección del PCE, que se limitó, cuando ya todo estaba firmado, a elogiar el acuerdo y a salvar la cara diciendo -que vigilaremos tos cumplimientos», en un lenguaje especialmente querido por el gerontócrata Santiago Carrillo, ya desescayolado del pie izquierdo, que aún recuerda con emoción sus tiempos del «copoder monclovita». Comisiones, que hubiera firmado a toda costa, aceptó sin demasiados requerimientos la banda salarial del 9 a! 11, pero al final tuvo que endurecer su postura: de Cataluña llegaban protestas, acusaciones de venta y otras lindezas por el estilo que aconsejaron menor transigencia. Pero los «cocos» se portaron adecuadamente. La UGT fue otra cosa.

DIFICULTADES EN LA ADMINISTRACIÓN

La central socialista se conformaba inicialmente con la moderación salarial a cambio de que el Gobierno aumentara la inversión pública, Solchaga, el socialdemócrata en alza en el PSOE, aconsejó pedir hasta 900.000 millones para este menester; el Gobierno dijo: «Imposible». Los socialistas se e hadaron y cuando más tensas estaban las negociaciones, el mismo día en que tos luego firmantes del ANE escaparan a MERCASA huyendo/del acoso periodístico, UGT (¡milagro, milagro!) se olvidó súbitamente, de las contrapartidas (inversión por salarios) y urgió a partir de ese concreto momento, mayor empleo y cobertura para el desempleo. UGT cambió definitivamente de táctica y el Acuerdo comenzó a ser posible.

El PSOE y sus economistas dijeron a los negociadores sindicalistas que tuvieran cuidado, «que ahí Lo que se está discutiendo son los Presupuestos del próximo arto» y que «vosotros de inversiones, ni hablar», Llegado este momento, tos ugetistas se sientan de nuevo y dicen a García Diez: «Si no nos puedes dar inversión, danos cobertura de desempleo». Al lado, Jesús Sancho Rof, el «suporter», sonreía y aspiraba ruidosamente aire: «El Acuerdo pensó podía salir adelante.»

Lo que no se esperaba el ministro de Trabajo era la resistencia que en la primera Comisión de subsecretarios iba a encentarse el secretarlo de Estado para el Empleo,

 

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