Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 Stanley Hoffman, profesor de Harvard. 
 "El eurocomunismo carecería de medios para implantar una dictadura"     
 
 ABC.    15/02/1978.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MIÉRCOLES, 15 DE FEBRERO DE 1978. PAG. 20

STANLEY HOFFMANN, PROFESOR DE HARVARD

"EL EUROCOMUNISMO CARECERÍA DE MEDIOS PARA IMPLANTAR UNA DICTADURA"

NUEVA YORK, 14. (De nuestro corresponsal.) El debate sobre el eurocomunismo ha llegado a los

Estados Unidos, y raro es el día que no oigamos argumentos sobre sus naturaleza, credibilidad,

independencia y futuro. Rompió el fuego la propia Administración al condenarlo, siguió Kissinger

con su charla televisada, analizándolo duramente, y ahora los analistas se explayan en pros y en contras.

Les espígo lo más sustancioso de la polémica, Que supongo les interesará por lo cerca que les queda.

El profesor Stanley Hoffmann, de Harvard, rompió una lanza por el eurocomunismo al criticar a

Kissinger y acusarle de distorsionar la realidad del eurocomunismo, cayendo en los tópicos de la guerra

fría. Para, el profesor, la naturaleza del eurocomunismo es completamente distinta de la del comunismo

soviético, y, aparte de haber superado los errores de éste, actúa en unas sociedades, las occidentales,

donde no le serla posible implantar una dictadura aunque quisiera.

Advierte, además, que los Partidos Comunistas italiano y francés vienen actuando democráticamente

desde el final de la guerra rigiendo innumerables Municipios, y en su labor al frente de ellos tenemos la

mejor prueba práctica de que si entraran en los Gobiernos nacionales su colaboración sería no sólo

democrática, sino también positiva.

Le ha contestado otro profesor de la misma Universidad, el doctor Bergson, que dirige el Departamento

de Estudios Rusos en Harvard, y que aun admitiendo que Kissinger pecó de simplificación, algo inherente

a la televisión, no por ello dejó de sentar hechos incuestionables. El primero, que todos los comunistas,

empezando por el propio Lenin, abogaron por un Estado democrático antes de llegar al Poder, para luego

implantar, por la propia dinámica de su doctrina, una dictadura.

MODELO HÚNGARO

Desde Roma, el corresponsal del «New York Times», Paul Hofffman, trata de ver en la bola de cristal lo

que sería un Gobierno controlado por los comunistas. Tiene en cuenta su labor al frente de las

municipalidades, suave y eficiente, con consideraciones para los puntos de vista de la oposición y

limadura de diferencias con la Iglesia, pero también él que sus puntos de vista en política Internacional no

se diferencian mucho del de Moscú, y, sobre todo, que las estructuras internas del partido, pese a mucho

más modernas, siguen siendo «autoritarias y centralizadas».

Por todo ello, el corresponsal americano llega a la misma conclusión que un diplomático italiano que ha

servido en los países del Este: «De ocupar el Poder - dice -, e1 comunismo Italiano se parecería mas al de

Hungría que al ruso. Como Kadar, Berlingruer sería un gobernante relativamente liberal. Los directores

italianos podrían seguir haciendo peculiares salidas de tono. Los pintores podrían seguir pintando cuadros

abstractos. Algunos italianos podrían viajar al extranjero. Los curas seguirían cobrando del Estado. Los

italianos seguirían comiendo bien. Pero la nación se saldría poco a poco de la órbita occidental, y el

partido no abandonaría ya el puente de mando.»

ULTIMA CAUSA

Por último, un largo análisis de Edward Crankshaw, un especialista en cuestiones soviéticas, aparecido en

el dominical del «Times». La tesis fundamental del mismo es que el eurocomunismo ha debilitado

irreversiblemente la postura soviética no sólo en Occidente, sino también en el Este, dejando allí semillas

que pueden fructificar algún día.

Aunque no completamente seguro de ello, Crankshaw no cree que, de llegar al Poder, los líderes

eurocomunistas entregaran sus países al Kremlin, por dos razones: una, porque con los soldados rusos

lejos, esos líderes evolucionarían más en la línea titoísta que en la moscovita, y dos, porque sus propias

poblaciones no se lo permitirían.

Pero la pregunta principal - ¿qué sistema entonces implantarían estos comunistas de llegar al Poder?

¿Continuarían garantizando la libertad que hoy goza Europa occidental? - queda sin contestar. «Para ello

no existe hoy respuesta:», dice Crankshaw, aunque advierte: «Es claro para mí que con cualquier clase de

comunismo en el Poder tendrá que haber bastante más autoritarismo que en las presentes democracia»

occidentales.»

Más importante, sin embargo, es su advertencia sobre los orígenes del problema: «El crecer del

eurocormm´smo se debe más a los fallos de Occidente que a Moscú. Es nuestro fallo en enfrentarnos con

los continuos escándalos, con el exceso de paro, te incapacidad de nuestros líderes en encontrar un

lenguaje que llegue a los jóvenes idealistas, lo que frustra a éstos, llevándoles, en el mejor de los casos, al

cinismo y la apatía, y en el peor, a la violencia» - José María CARRASCAL.

 

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