Autor: Papell, Antonio. 
   Presur, entre la demagogia y la tragedia     
 
 Diario 16.    26/04/1982.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Antonio Papell

Presar, entre la demagogia y la tragedia

En un acto electoralista, Felipe González, primer secretario del PSOE, visitó a los mineros encerrados en Cala, provincia de Huelva. Sus palabras han sido ni mas ni menos que éstas: «El PSOE, con los datos que tiene, cree necesario realizar el proyecto de pellets aunque haya que hacer frente a unos cientos de millones de pesetas de subvención. En Extremadura, además, no hay ninguna empresa pública.»

El programa político económico del PSOE queda compendiado en estos pocos criterios: «Repártanse las empresas públicas para contentar a todos, no se mire especialmente la trivialidad de si son o no rentables. Después de todo, que más da si hay que pagar, unos cientos de millones

más a fondo perdido, si nosotros pensamos funcionar con un déficit público aun más aterrador que el actual.»

El origen del problema está bien claro: el Gobierno se dejó arrastrar en su día por las presiones de grupos financieros interesados en la ejecución de la planta de pellets, grupos que eran conscientes, sin embargo, de su falta de rentabilidad. Se hizo con inconcebible frivolidad, el anuncio de la inversión, a deshora y sin haber efectuado los preceptivos estudios de viabilidad, indispensables en un proyecto que nos costará a todos los españoles varios miles de millones de pesetas. Y como tales estudios previos han defraudado las expectativas, quienes iban a beneficiarse de algo tan simple

como es un puesto de trabajo se han sentido justamente engañados.

Casi siempre, tras la especulación de los unos, el desliz político de los otros y el pescar a río revuelto de la oposición, subyace el drama humano de unas familias hartas de subdesarrollo y de miseria, que no quieren ver frustrada su expectativa de sobrevivir. Así de sencillo.

Planteado el asunto, una cosa es clara: hay que resolver el problema concreto de estos centenares de trabajadores que recibieron la promesa de un empleo estable y dignamente remunerado.

Pero una segunda cosa no es menos clara: un proyecto de la envergadura de éste no puede seguir adelante si no se demuestra previamente su viabilidad. Entre otros motivos, porque el Estado ¡ría a la bancarrota si hubiese que atender todas las demandas de socialización de las pérdidas exactamente igual que en los tiempos del franquismo. Por eso no nos parece correcta la postura del PSOE.

No nos gusta que se rentabilice electoralmente el drama de los encerrados en la mina de Cala, y que se arriesgue una inversión inútil por apuntarse un tanto con vistas a las elecciones que se avecinan. Antes, al contrario, la obligación del PSOE hubiera sido ofrecer fórmulas alternativas de creación de empleo mediante financiación pública para el caso en que la planta se demuestre finalmente* inviable tras los. pertinentes estudios.

 

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