Los retornos superan a las salidas. 
 Jordana de Pozas: Se acabó la emigración masiva     
 
 Diario 16.    31/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Los retornos superan a las salidas

Jordana de Pozas: Se acabó la emigración masiva

Durante 1976 la emigración asistida a Europa fue de 12.055 personas. En el año 1975 emigraron 20.618, y en 1974, 50.695. La recesión económica y los consecuentes problemas de paro en los países europeos han reducido la emigración española a Europa de forma considerable.

Un dato quizá más significativo que la reducción de cifras de salidas es el destino de la emigración. De las 12,000 españoles que salieron el año pasado a ganarse el pan, el 92 por 100 se dirigieron a Suiza, para trabajar en la agricultura, la construcción y la hostelería. Las provincias gallegas y las de la Andalucía interior son las que han dado mayor número de emigrantes.

Según las estimaciones hechas por los expertos del Instituto Español de Emigración (TEE), organismo dependiente del Ministerio de Trabajo, en 1975 retornaron a España entre 60 y 70.000 emigrantes, la mitad de los cuales vinieron de Alemania. En 1976, la cifra de retornos ha sido sensiblemente más baja, entre 45 y 50.000 personas, a tenor de las impresiones que tienen en el IEE.

El saldo de la emigración española es, pues, negativo. Y» no sirve para oxigenar el mercado de trabajo y acolchonar el paro. No queda otra alternativa que absorber aquí nuestra propia demanda de trabajo.

Adiós a la emigración masiva

Jorge Jordana de Pozas, director general del Instituto Español de Emigración —probablemente el único cargo que está por cesar por agotamiento de su función—, dijo a D16 que la emigración masiva es ´´felizmente" un fenómeno acabado.

El "felizmente" de Jordana de Pozas se explica cuando añade que la emigración es un fenómeno complejo que algunos pueden mirar como un hecho positivo que permite absorber el crecimiento demográfico en el mercado de trabajo propio y extraño y que ayuda al equilibrio de la balanza de pagos a través de las remesas. Pero, para Jordana, la emigración, desde el punto de vista personal y del coste social, es negativa. El país pierde la aportación de una gran masa de hombres, fundamentalmente entre veinte y cuarenta años, cuya formación ha tenido un coste para la comunidad. Incluso desde el punto de vista estrictamente económico, la emigración tiene un aspecto negativo, y es que las remesas de emigrantes, al aumentar la masa monetaria del país, contribuyen en alguna medida a la inflación, tal como se ha puesto de manifiesto en un libro sobre la emigración española de Ramiro Campos.

La inmigración, dice Jorge Jordana, está prácticamente cerrada en casi todos los países de emigración tradicional española. En los europeos, por decisión de sus propios Gobiernos, tomada en consideración de la crisis económica. En Iberoamérica, porque, en general, están más bajas las rentas de trabajo que en España.

A Venezuela

Preguntado por las perspectivas, el director del IEE afirma que habrá que encuadrarlas en planes concretos de emigración por programas y sectores. De cara a Europa —dice— el futuro se encuentra en la emigración agrícola de temporada, que, en algunos países, es una realidad, pero que puede incrementarse mucho y mejorar sus condiciones. La nueva tendencia —añade— es hacer contratos con los trabajadores agrícolas inmigrantes de cuatro a ocho meses. Con un contrato de ocho meses, la emigración casi deja de ser de temporada para convertirse en fija.

Otra gran posibilidad de la emigración española —informa Jordana de Pozas— se encuentra en Australia, Canadá y, especialmente, en Venezuela. En este último país, donde los españoles disfrutan de la enorme ventaja del idioma, hay una gran necesidad de mano de obra cualificada. Según las previsiones de su Plan de Desarrollo, necesitan cubrir 900.000 puestos de trabajo con mano de obra cualificada en cinco años. Se prevé que unos 600.000 se cubran con venezolanos y los otros 300.000 con europeos, de los cuales una parte sustancial de los mismos pueden ser españoles.

 

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