Ante la posible integración. 
 El Mercado Común teme una avalancha de españoles     
 
 Diario 16.    31/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ESPAÑA SIN LA EMIGRACIÓN;

Ante la posible integración

El Mercado Común teme una avalancha de españoles

Hace un año, seis millones trescientos mil trabajadores extranjeros-—el 7,6 por 100 de la población activa total— engrosaban la fuerza laboral de los países de la Comunidad Económica Europea. Si de esa cifra se desglosa el millón trescientos mil que corresponden al trafico intracomunitario, «1 saldo proveniente de terceros países era de algo mas de 4,6 millones. España aportaba a «se caudal 1,011,000 trabajado-rea, según estadísticas, de la CEE.

El fenómeno migratorio de mano de obra hacia la Comunidad comenzó a tomar proporciones notables en los años 60, cuando la Industria del carbón y la siderurgia, entonces en plena expansión, requirieron una masa de trabajadores no cualificados que era difícil encontrar entre los nacionales.

Destinos

Las corrientes migratorias no fueron uniformes. Orígenes y destinos fueron determinados por razones de proximidad geográfica o, a veces, por el pasado colonial. Francia, por ejemplo, absorbió 640.000 argelinos y marroquíes. Pero esa explicación no basta para el hecho de que casi 600.000 turcos hayan afluido hacia Alemania federal.

Un caso excepcional es el de Italia, país receptor y emigrante a la vez; 40.000 trabajadores extranjeras fueron contratados por la industria del norte de

la península (se traba de mano de obra cualificada, en su mayoría), mientras que 790.000 hombres del atrasado sur probaban fortuna en otros países de la CEE, al amparo de la libertad de trabajo que les garantiza el régimen comunitario.

Españoles, portugueses, turcos y griegos conformaron Una masa de emigrantes que subieron desde el Mediterráneo hacia la Europa industrializada. Tendencias más recientes incorporaron a paquistaníes, coreanos del sur y africanos saharianas. Y hasta un país del área socialista, Yugoslavia, aportó al Mercado Común más de 500.000 trabajadores.

Mientras su industria marchó a buen ritmo, Alemania federal fue el primer país receptor, con más de 2,3 millones de inmigrantes. Francia, en segundo lugar, con 1.900.000.

Ocupaciones

Sectorialmente, el grueso de la mano de obra extranjera se concentró en la industria carbonífera, en la siderurgia y en la construcción, ramas que demandan escasa o nula especialización laboral. Pero la crisis de 1974-75, que se descargó con especial gravedad sobre esas ramas, habría de poner término al proceso migratorio. Argumentando la existencia de un elevado paro, los Gobiernos de la CEE adoptaron medidas restrictivas contra el arribo de trabajadores extranjeros. Entre esas medidas estuvo la limitación de cartas de residencia e incluso la falta de renovación de ellas a su vencimiento. El desempleo se descargó sobre los emigrantes: en Alemania, la tasa de desocupación entre ellos era del 6,8 por 100, cuando la general apenas llegaba al 4,7 por 100.

Las proyecciones demográficas indican que la población activa crecerá agudamente en los próximos diez años en Europa, por la incorporación de Jóvenes nacidos en los años de florecimiento posbélico. Esos Jóvenes tropezarán con un espacio ocupado por trabajadores emigrantes. El problema reside, sin embargo, en las diferencias de calificación que la producción futura vaya a demandar. Una incógnita que loa especialistas aún no han resuelto.

Las perspectivas que se anuncian acerca de una integración de los países mediterráneos a la CEE no parece que vayan a mejorar este estado de cosas. El ingreso de España, Portugal, Grecia y Turquía en el Mercado Común afronta múltiples obstáculos. Entre ellos se encuentra, a juicio de los expertos de Bruselas, el hecho de que tai ingreso otorgaría automática libertad de trabajo a mas de dos millonea de emigrantes de esos países. De tal modo, la emigración mediterránea no podría ser considerada ya como una fuerza laboral de reserva, susceptible de ampliarse o reducirse según la marcha de al producción.

 

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