Autor: Ortega Fernández, Raimundo. 
   La polémica sobre eurocomunismo: polvora en salvas     
 
 El País.    14/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La polémica sobre eurocomunismo: pólvora en salvas

RAIMUNDO ORTEGA Grupo AFE

He seguido con un gran interés inicial los artículos sobre eurocomunismo publicados en este diario, pero

he de confesar que poco a poco ha ido dominándome una gran desilusión. Salvo contadas excepciones,

las opiniones expresadas casi nada tenían que ver con los problemas básicos, teóricos y prácticos, que, en

mi opinión, subyacen a esa polémica.

Las excepciones a que me refería son fundamentalmente tres. La primera la sintetiza la frase con que

inicia su artículo Mandel: «El eurocomunismo representa una nueva etapa en el proceso de social-

democratización de los partidos comunistas de Europa occidental...» Sin poder precisar, como hace el

ilustre teórico del marxismo, la fecha en que se inicia ese proceso, estoy de acuerdo con él en que el

eurocomunismo es, esencialmente, eso: socialdemocracia. Y esa creencia se reafirma al observar que un

miembro destacado del Partido Comunista italiano, Pajetta, se siente obligado a salir al paso de la

acusación afirmando que «el eurocomunismo tiene como postulado... un esfuerzo que debe llevar no... a

una social-democratización de los comunistas». Es curioso que en Italia la hegemonía del PCE y la

pérdida de importancia del PSI hayan coincidido con la progresiva adopción por el primero de tesis y

actitudes socialdemócratas.

En tercer lugar, el atractivo que el movimiento eurocomunista presenta para un observador externo debe

confrontarse con las duras realidades internas a que alude un militante, como Vilar, cuando habla de que

«ni siquiera a estas alturas de la difusión del "eurocomunismo" se impulsa decididamente la plena

democratización de la militancia en los PC». Por lo que se advierte, a los partidos eurocomunistas les falta

camino por andar para introducir a nivel interno los principios que dicen profesar de puertas para fuera.

No deja de ser irónico el recordar que en 1964 y 1965 el PCE expulsó a quienes fueron eurocomunistas

«avant la page». Ello tiene mucho que ver con el hecho de que el sistema de pensamiento comunista,

como todo sistema no científico, no acepta jamás los hechos que contradicen o modifican sus postulados

y. además, quien los esgrime se ve envuelto en el embarazoso ridículo que conlleva siempre la acusación

de que sus observaciones son meras racionalizaciones de un subconsciente deformado y burgués.

Fragilidad del eurocomunismo

Pero analizada a un nivel más profundo, la verdadera fragilidad del eurocomunismo deriva del

desvanecimiento que en las últimas décadas han sufrido ciertos conceptos claves del pensamiento

socialista - ya se alimente éste de los escritos de Marx y sus discípulos directos, ya provenga de los

antaño desdeñosamente denominados «revisionistas», Kautsky, Bernstein. Böhm-Baweck, por citar sólo

tres - . La marcha de la historia desde finales del siglo pasado hasta nuestros días no ha seguido, ni

remotamente, las premisas, supuestamente inconmovibles, sentadas por el marxismo ortodoxo respecto al

significado de conceptos tales como «planificación», «revolución», «nacionalismo», «propiedad»,

«cambio tecnológico», etcétera.

La urgencia de adaptar esos conceptos claves al mundo de hoy hace todavía más sospechoso el olvido en

que los comunistas dejan esta tarea. Acaso ello pueda explicarse porque el PCE se halla muy ocupado en

asegurar el éxito de su operación «glamour democrático», pero es menos explicable en el caso del PSOE,

que podría vanagloriarse de su «pedigrée democrático». La razón debe estar en la obsesión de los

socialistas españoles de demostrar que desde hace un siglo son unos izquierdistas tremendos.

Pero lo quieran o no ambos partidos, es necesario ir más allá de las meras consignas propagandísticas y

encarar el análisis en profundidad de esos temas básicos del socialismo actual. Veamos unos ejemplos.

El PSOE se ha declarado acérrimo partidario de la autogestión; pero, que yo sepa, no ha hecho ningún

esfuerzo serio de reflexión sobre cómo conciliar la existencia de un nivel tecnológico avanzado, que

requiere unos grados de especialización muy altos en los planos de organización y ejecución económica y

técnica de la empresa, y la exigencia de conseguir una verdadera democracia directa en la empresa.

Igualmente, los comunistas, que tan favorables se muestran en la España de hoy respecto a las

nacionalidades y autonomías, tendrían que explicar cómo se justifica este cambio respecto a las primitivas

formulaciones marxistas, en las que el concepto de nación era un mero reflejo de la situación de las

sociedades capitalistas de entonces y quedaría superado en el proceso de resolución de la lucha de clases.

No ha sido así, y el espíritu nacional está hoy más vivo que nunca, tanto en Europa occidental como en la

oriental.

De cara a futuras confrontaciones electorales, socialistas y comunistas harían bien en recapacitar sobre los

conceptos de «socialización» y «planificación». La evolución de las sociedades llamadas «capitalistas» y

«socialistas» desde la terminación de la segunda guerra mundial, no parece haber sido favorable a las

economías que se han basado en la planificación a ultranza. Aún atemperado por múltiples

intervencionismos - que justifican la denominación de «economía social de mercado» - el mercado parece

seguir siendo un mecanismo de asignación de recursos más eficiente que las alternativas propuestas hasta

ahora por nuestros dos grandes partidos de izquierda.

Del estalinismo a la socialdemocracia

¡Qué decir, para terminar, de los análisis comunistas sobre la polarización de las sociedades occidentales

capitalistas en clases irreconciliables y antagónicas! Cierto que el PCE ha arrinconado definitivamente la

teoría de que la lucha entre burguesía y proletariado es el motor de la historia - aún cuando, curiosamente,

el PSOE parece dispuesto a resucitarla -, pero no ha encontrado todavía explicación alternativa seria. En

esto, hay que reconocerlo, sus camaradas italianos y franceses tampoco brillan a gran altura.

En definitiva, lo publicado en EL PAÍS a propósito de eurocomunismo me ha parecido poco interesante a

nivel teórico y vergonzosamente poco sincero en el plano de la exposición de las razones estratégicas que

han llevado a unos hombres a pasar del dogma estalinista a la filosofía socialdemócrata, sin explicar la

constelación de fuerzas e intereses que están a la base de ese cambio y justifican la necesidad de revisar y

adaptar los conceptos claves del socialismo a la sociedad del siglo XXI, que ya ha empezado a perfilarse.

 

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