Autor: Veiga, María Raquel. 
   ¡Nosotros también somos españoles!     
 
 Pueblo.    19/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

¡Nosotros también somos españoles!

Desde Tours (Francia) nos envían este documento, empapado de interés´"humano, y que publicamos respetando su expresión formal en un castellano con ciertas incorfecciones sintácticas, propias de quien ha tenido que aprenderlo lejos de España.

"Me pusieron en el bautismo Raquel, y Veiga, de apellido); cuento con quince años y soy la tercera de siete hermanos, entre los dieciocho y tres años, de major a menor.

*1&i padre emigró de España cuando yo tenía un año; trabajó solo, hasta que vino a por nosotros, en el año 64, que encontró una habitación donde meternos; con los años le dieron un piso del Estado, donde empezamos a vivir como personas y con algo de confort, que nunca habíamos disfrutado, ya que si mi papá emigró fue por encontrar.se en paro, y tuvo que alistarse al sindicato para que le pagaran el viaje, aceptando los trabajos más duros y miserables para enviarnos el sustento. Llegamos a vivir felices-estos últimos añas, siempre con el supremo esfuerzo de papá, al que adoramos todos, y cuando lean el final verán que es un gran hombre.

A todos mis hermanos nos da estudios; el mayor tiene el diploma de mecánico industrial de mantenimiento; mi hermana, que le sigue, termina este año los estudios secundarios e ingresa en el Liceo para hacer Ciencias Naturales Médico-Biológicas; después hará laboratorio de Análisis Médicos, mas de España tiene el título de graduado escolar; en cuanto a mí, me quedan dos años para entrar en Liceo, quiero terminar de practicante o comadrona. El que me sigue, de catorce años, está en la Escuela de formación Profesional aprendiendo el oficio de ajustador, y ios otros pequeños siguen su primaria año por año.

En lo que se refiere a mamá, siempre ocupada en los trabajos de casa; y así hemos vivido unos años muy felices, hasta que las enfermedades entraron en casa, y ya papá empezó a marchar cuesta arriba para hacer frente a todo; primero mamá se tuvo que operar de un quiste en ovarios, que se complicó y la tuvo un mes hospitalizada; después de unos años, otra operación de vesícula, que la tuvo más de tres meses sin salir del hospital, ya que una segunda operación fue necesaria, debido a una infección intestinal; mamá estuvo muy grave, y entonces papá pasó lo increíble: no perdió un solo día de trabajo ni sus cotidianas visitas a ver a nuestra mamá; se ocupaba de lavar la ropa de todos, hacer comida el día anterior, al igual que la cena. Yo dejé la escuela para atender a mi hermanita de meses y ayudaba a papá en el arreglo de casa, camas y limpieza.

Los domingos, mientras se lavaba la ropa, papá bañaba los pequeños, y los mayores fregábamos los suelos y hacíamos la limpieza general, que terminaba a la hora de comer; a las tres papá nos llevaba a ver a mamá, aunque sólo a los cuatro mayores nos dejaban pasar, regresando a casa a las seis de la tarde para empezar la misma tarea, cena y comida para mañana y fregar los platos, ya que papá no quería que nosotros lo hiciéramos, pues prefería que hiciéramos los deberes del colegio, pues yo, aun estando en casa al cuidado de la pequeñita, mi profesora me enviaba las tareas y lecciones, para no perder el cursó ni la beca, y conseguí no perderlo. Otra cosa grave, para papá fue encontrar amigos para dar sangre ´a mamá, pues le pidieron catorce personas y papá se las compuso para encontrarlas, pues fueron diez franceses del trabajo de papá y él mismo y tres portugueses amigos de papá

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Papá, señor director, es un superhombre, y sus tristezas las encerraba en un llanto sordo y nocturno, que sólo en un descuido de éste sólo yo pude ver. Papá nos ha enseñado a todos a escribir el español, y mismo mis hermanas de diez y siete anos ya lo leen y lo escriben; papá, señor director, nos ha enseñado todo lo que da el límite de su propio saber. Mi papá es el mejor de los papas, y mi mamá, un santa, sacrificada a la permanencia en un país que odia por entero.

Con este pasado descrito y sin apenas darnos cuenta, papá fue adelgazando y adelgazando, sin que jamás se quejara de nada, hasta que un dia el médico de la Seguridad en el Trabajo, una especie de control de salud que efectúa el Estado una vez por año en las fábricas, declaró a papá una enfermedad profesional llamada "benzolismo", con el páncreas en último grado de función; ya va para dos años que diariamente le pican en la vena, y una intramuscular todos los días, sin que experimente mejoría.

Los ingresos de accidente de trabajo, sin primas y sin aumentos desde el 24-3-75, máxime cuando ha subido la vida un 100 por 100 en e] transcurso de estos dos años, nos hace la vida muy difícil de llevar, máxime cuando mi hermano de dieciocho años terminó su oficio, pero, como español y cerrada la emigración, no le hacen carta de trabajo, y sin ésta ningún patrón le admite; al mismo tiempo, como no está escolarizado, le han suprimido el seguro para él y también los 220 francos de lo que en España llaman puntos, así es que esta es la ayuda que tiene mi papá después de tanto sacrificio.

Para colmo de males, el año pasado le dio a mamá un ataque epiléptico, que la tuvo quince días de exámenes y que la obliga a medicinarse diariamente, mas con ocasión de sacar la documentación de mi hermana mayor para el Liceo recientemente, han descubierto los medicos una coartacción de aorta, situada en el nacimiento de arterias que irrigan el cerebro, y la taza carótica muestra que el tiempo de ejección ventricular izquierdo y el tiempo de media ascensión quedan por bajo del límite de lo normal, por lo cual tendrá que ser operada obligatoriamente. Esto es el pronóstico dado por el profesor Raynaud, del Servicio Cardiovascular donde está internada mi hermana desde el 29 de febrero de 1976.

Señor director: esto terminará con mi padre; hemos escrito a las autoridades españolas en este país, ya que las economías hechas por papá se han consumido en enfermedades, y actualmente sólo quedan deudas, máxime que para el próximo primero de abril suspenden las indemnizaciones por jornales a papá. Este escribió a Su Majestad el Rey, el cual dio órdenes para que se ocupasen de nuestro problema, y así puede comprobarlo por la copla que adjunto tengo el honor de acompañar para probar la veracidad de lo expuesto.

Y nada más, señor director; solamente le ruego publique que TAMBIÉN somos españoles los que por desgracia, como papá, tuvieron que buscar el pan de sus hijos fuera del suelo y rincón querido que les vio nacer.

María Raquel VEIGA

 

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