Alemania contra los emigrantes     
 
 Diario 16.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Alemania contra los emigrantes

BONN, 10 (D16).—El Ministerio de Trabajo de Alemania federal estudia actualmente medidas destinadas a contener rigurosamente la emigración de trabajadores extranjeros. Algunos funcionarios del Ministerio llegan a proponer que una parte de aquéllos sean instados a regresar a sus paises de origen, como método de contención del desempleo que afecta a la economía germana. Actualmente, el número de desocupados supera el millón de trabajadores.

Importantes sectores del Partido Democristiano, de oposición, no dejan pasar ocasión de manifestarse en ese ceñudo. -Sus dirigentes del lander industrial de Badén Wurtenberg, que alberga a medio millón de traba-

jadores extranjeros, sostienen que buena parte de éstos "no es irrémplazable".

Según las estadísticas disponibles, algo más de dos millones de extranjeros trabajan actualmente en Alemania federal, lo que representa el 10 por 100 de 1» mano de obra disponible. Una cuarta parte de aquella cifra corresponde a obreros de nacionalidad turca. Los españoles, relativamente pocos, suman unos 125.000.

Los empresarios alemanes son contrarios a toda medida contra la mano de obra extranjera. El periódico "Handelsblatt", de Dusseldorf, comenta que la industria química no podría prescindir de los trabajadores inmigrantes, que cubren el 10 por 100 de sus efectivos totales. Ejecutivos de la empresa

automovilística Daimler Benz afirman, por su parte, que "sin los extranjeros, deberíamos detener nuestra producción en sectores vitales". Daimler Benz ocupa a buen número de españoles.

Otros sectores económicos, como la industria hotelera, opinan lo mismo, explicando que tienen serias dificultades para cubrir las plazas vacantes con trabajadores alemanes. "Sólo los españoles, portugueses y yugoslavos se presentan como postulantes a los puestos de menor calificación."

Estas actitudes empresariales se explican por la evolución sociológica experimentada por la población de Alemania federal en los últimos veinte años. La mayoría de los desocupados —protegida por un eficaz seguro de desempleo— rechaza los trabajos "sucios" o de baja calificación, que sólo son aceptados por extranjeros. Así, por ejemplo, el 90 por 100 del personal de limpieza y recogida de basura en Colonia es de origen turco.

La prensa derechista no se preocupa por tales argumentos. Los diarios de la cadena Springer piden abiertamente el retorno de los extranjéros a sus países de origen. Su razonamiento es el siguiente: bastan diez años de permanencia y un relativo conocimiento de la lengua germana para que un extranjero pueda aspirar a la ciudadanía de la República Federal. Lo que ocurrió en las primeras décadas del siglo con trabajadores venidos de Europa oriental podría reproducirse pronto con inmigrantes balcánicos, portugueses o españoles.

El PSD, a favor

"Alemania tiene que estar dispuesta a sacrificarse por los trabajadores extranjeros", declaró Hans Koshnick, presidente del Senado de Bremen, Mientras las a autoridades federales se esfuerzan en estimular el regreso del mayor número posible de emigrantes a sus hogares, mientras los funcionarios ponen todas las trabas burocráticas posibles para complicar el papeleo imprescindible para permanecer en el país y trabajar, mientras los medios informativos recuerdan que hay un millón de parados y dos de trabajadores extranjeros, el socialdemócrata de Bremen recomienda medidas que beneficien a los emigrantes.

Trabajo clandestino o delincuencia

"Después de haberlos utilizado durante casi veinte años, tenemos que acostum-

bramos ahora a correr con la carga que puedan suponer, dijo. Sus declaraciones no resultan tan sorprendentes a la luz de los propios intereses alemanes. Según palabras del mismo Koshnick, las leyes Que impiden acceder al mundo del trabajo a los Jóvenes extranjeros "crean una clase social desplazada sin perspective de futuro". El peligro afecta tanto a los muchachos como a la propia sociedad alemana, pues "en el mejor de los casos trabajarán clandestinamente, y, en el peor, se darán a la delincuencia".

Por otra parte, resulta difícil esgrimir la teoría de la defensa prioritaria de los ciudadanos alemanes tratándose de la segunda generación emigrante. Muchos de ellos no conocen otro idioma ni otro país que el alemán y las únicas distinciones a entablar serían, en muchos casos, de orden social (son generalmente pobres) o racial. En cualquier caso, ninguno de los tres grandes partidos estaría dispuesto a reconocerse como clasista ni como racista.

Las leyes actuales conceden a los hijos de emigrantes permiso de residencia, pero no de trabajo.

 

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