Autor: Vilar, Sergio. 
   Sueños y tortillas eurocomunistas     
 
 El País.    07/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

INTERNACIONAL

EL PAÍS, domingo 7 de agosto de 1977

Sueños y tortillas eurocomunistas

SERGIO VILAR - Militante del Partit Socialista Unificat de Catalunya

Los libros y artículos que vienen publicándose sobre el eurocomunismo son interesantes, prometedores y

en cierta medida propulsores de nuevos planteamientos revolucionarios para la transformación del

capitalismo. Yo estoy, sin ninguna duda, a favor del desarrollo de tales tesis. Ahora bien, como en tantas

ocasiones anteriores y ante tantísimos problemas, observo que no pocos dirigentes de los PC vuelven a

confundir, en parte, los planteamientos que tienden a la realización de unos cambios con la

transformación ya confirmada. Es una de las expresiones de la tendencia que. con un poco de humor, en

otras páginas he definido como la de los «somnia truites». (En catalán definimos así, «soñadores de

tortillas», a quienes confunden su «fam» - hambre, apetito -, sus vehementes deseos de una cosa, con el

ensueño de la cosa misma.) En el campo de la lucha por el socialismo, los sueños también han acabado, a

veces, en pesadillas monstruosas.

No obstante, somos numerosos los que dedicamos buena parte de nuestros quehaceres a impulsar el

progreso hacia la sociedad socialista. ¿Somos una nueva generación de utópicos?

No: en las sociedades europeas de alto desarrollo industrial son necesarias y posibles las graduales

transformaciones socialistas, por vía pacifica y democrática, contando con la mayoría de la población.

Pero los nuevos esquemas que se proponen para avanzar hacia ese horizonte siguen siendo, desde mi

punto de vista, simplistas, triunfalistas o cuando menos superoptimistas. Hoy por hoy, el

«eurocomunismo» es un proyecto en mantillas.

Reproduciendo simbólicamente viejas declaraciones y anacrónicas actitudes, muchos dirigentes de los

PC´ escriben unos textos «eurocomunistas» en los que vuelve a generalizarse la confusión entre lo que es

propaganda política llena de buena voluntad y de plausibles deseos, con lo que debieran ser análisis

políticos en los que se tomaran rigurosamente en consideración las estructuras y las coyunturas

económicas y sociales por las que estamos atravesando y vamos a pasaren etapas próximas.

Son numerosos los problemas cuyo estudio brilla por su ausencia en los esquemas «eurocomunistas». A

veces, a esos esquemas les falta incluso la sencilla mención de las múltiples problemáticas de fondo.

En principio, es notorio que la mayoría de los «eurocomunistas» de hoy eran los stalinistas de ayer. Por

supuesto, todo el mundo tiene derecho y puede evolucionar; y quien este artículo firma, si fuese

necesario, podría subrayar la auténtica evolución de algunos de ellos. Pero al mismo tiempo pienso que

sería enormemente instructivo para todos si ellos sometieran a crítica sistemática el contexto histórico de

su pasado. Prescindamos, sin embargo, de estas alusiones personales que pueden resultar dolorosas. Lo

destacable y preocupante de esta hora «eurocomunista» es que la crítica que los dirigentes de los PC

occidentales dirigen a los países orientales que intentan, a su manera burocrática, construir un tipo

reducido de socialismo, son criticas insuficientes, calculadas y condicionadas por Marx sabe qué

vinculaciones u obligaciones «diplomáticas». Podrían sacarse grandes enseñanzas del análisis

profundizado de los gravísimos errores y de las monstruosas injusticias cometidas en la URSS y en otros

países de Europa del Este. Pero esos estudios no se llevan a cabo, y cuando algún militante se arriesga a

desarrollarlos por su cuenta personal, su obra es acogida en silencio o con frases que tienen poco o nada

de «eurocomunistas».

Son muchos otros, como empezaba a sugerir, los problemas planteados y que no se estudian. Por ejemplo,

entre los principales, el análisis de las actuales tendencias del imperialismo capitalista, fundamentalmente

el norteamericano, en: a) los efectos económicos que producen las multinacionales; descapitalización,

desnacionalización, desequilibrios regionales, etcétera, de las economías nacionales; b) en los electos

sociales: de manera global, la reducción del margen de maniobra entre las diferentes clases sociales; c) en

los electos políticos: conservación de regímenes dictatoriales e/o intentos de volverá imponer unos u otros

tipos de sistemas ultra-autoritarios. Todos estos fenómenos se acentúan en países económicamente

dependientes como España e Italia.

Resulta imposible hacer aquí una relación exhaustiva de los problemas cuyo estudio necesitan iniciar y

desarrollar los dirigentes «eurocomunistas» si desean superar el estadio actual de los esquemas y ofrecer a

las masas sensibles al proyecto unas orientaciones más claras aunque más complejas (la realidad es

compleja, y por ende sus explicaciones también han de serlo), más revolucionarias en suma, puesto que

más conscientes de las grandes y graves dificultades que todavía habrá que sobrepasar.

Una toma de posición clave

Lo más alentador de los esquemas «eurocomunistas» que han empezado a circular son las afirmaciones de

los dirigentes de los PC en las que concretan su aspiración a marchar hacia el socialismo por vía

pluripartidista, así como a construirlo del mismo modo.

Recientemente, algunos dirigentes han insistido en tan laudable propósito. Pero ni siquiera a estas alturas

de la difusión del «eurocomunismo» se impulsa decididamente la plena democratización de la militancia

en los PC. Falta que los dirigentes de los PC tomen, sobre todo prácticamente, una posición clara en

cuanto concierne a la extensión y a la profundización de la democracia en la vida del PC. Me consta que

esa necesidad se siente en diversos núcleos de militantes; esa necesidad se plantea a menudo de manera

acuciadora en grupos de intelectuales que militan, por ejemplo, en el PCF y también en el PCE. Es muy

penoso tener por oficio el ejercicio de la palabra, hablada y escrita, y encontrarnos, de hecho, como

militantes, reducidos al silencio: como máximo podemos criticar, en células o agrupaciones aisladas, los

documentos que envían los «cocineros» centrales y ejecutivos de nuestros queridos partidos. También

tenemos la posibilidad de «elevar a la superioridad» cartas o informes críticos sobre tal o cual aspecto de

la política del partido, cartas o informes que suelen ser acogidos con el clásico «silencio administrativo»

(también sucede que el militante que se atreve a criticar a fondo se entera fechas después de que algún

dirigente anda diciendo de él que «fulano tiene problemas», o que «no se porta bien», o que «está contra

la dirección», etcétera, comentarios de efectos determinantes entre los militantes más que «obedientes»,

ultrafieles).

Sin la progresiva democratización de la militancia en los PC, el «eurocomunismo» no sólo se limitará a

ser un esquema un tanto seductor, sino que la construcción democrática del socialismo será una utopía

que continuará alejándose en vez de acercarse, o un sueño sin tortillas, o unas tortillas sin posibilidad de

soñar.

Para realizar la hegemonía en la sociedad, en los PC (y también en muchos PS, en donde tampoco existe

la vida militante plenamente democrática) tendrán que prevalecer auténticamente los métodos

hegemónicos - de discusión y consenso ideológico - sobre los métodos de dominación. Durante décadas,

en los PC han proliferado los métodos de imposición ideológica, los hábitos de ordeno y mando, las faltas

graves de flexibilidad para comprender y asimilar las observaciones que hacían los militantes de base (y

de tarde en tarde, algún dirigente que se cansaba de pensar con la cabeza de los superdirigentes);

asimismo, con sectarismo sin cuento, numerosos dirigentes han tenido la costumbre de decir y de escribir

cuanto les venía en gana - a veces enormes barbaridades -sin que el militante tuviera posibilidades

eficaces de réplica (en la actualidad siguen produciéndose hechos parecidos, incluso en los órganos de

mayor altura teórica oficial).

Con el fin de superar los resabios del pasado, son necesarias nuevas formas organizativas en los PC, así

como nuevos modos de comunicación entre unos y otros órganos, dirigentes y no dirigentes. Es urgente

concretar en los estatutos nuevas normas de circulación de la información y de la crítica, de la elección y

de la revocación de los dirigentes, de la rotación entre puestos dirigentes, de eliminación de las

situaciones de privilegio vitalicio... Pero tampoco aquí mi relación puede ser exhaustiva.

En suma: sin estudiar de antemano cuantos problemas externos (económicos, políticos, ideológicos,

etcétera) afectan al «eurocomunismo», y sin democratizar a fondo la vida política en el interior de los PC,

no se podrá continuar tratando con rigor de las posibilidades - reales, sin duda, pero mal aprovechadas -

para avanzar firmemente hacia la edificación de una sociedad socialista, radicalmente diferente - en lo que

se refiere a estructuras políticas y a formaciones y luchas ideológicas - de lo que está haciéndose en los

países de Europa del Este.

Esas críticas, análisis y cambios son imprescindibles para evitar que en el futuro los sueños vuelvan a

convertirse en pesadillas, para evitar que las tortillas - reales y simbólicas- sigan dorándose en horizontes

remotos. Críticas, análisis y cambios son también, para mí, irrenunciables.

 

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