Autor: Bardón, Diego. 
 Emigrantes: trabajo duro y mano de obra barata. 
 Quinientos mil españoles temporeros en Francia     
 
 Diario 16.    13/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Emigrantes: Trabajo duro y mano de obra barata

Quinientos mil españoles temporeros en Francia

Diego Bardón

MADRID, 13 (Enviados especíales D16).—Quinientos mil trabajadores españoles, pertenecientes a las llamadas emigraciones anónima, nominativa y pirata, cruzarán en ambas direcciones los puestos fronterizos hispano-franceses durante los meses de julio, agosto y septiembre.

En su movimiento migratorio, ese número de trabajadores utilizará todos los medios de locomoción comprendidos entre los vuelos especiales —característicos de la emigración anónima— y el coche ajeno o autostop, estilo de transporte muy utilizado por el sector pirata.

Ante tal avalancha humana —a la que habrá que unir cientos de miles de parias de nacionalidad argelina, marroquí y portuguesa—, toda la infraestructura montada al efecto por el Instituto Nacional de Emigración resulta insuficiente, cuando no inadecuada. La Casa del Trabajador de Irún —trescientas cincuenta camas y mil comidas a precios reducidos— se encuentra estos días tan solicitada como cualquier hotel de Pamplona durante las fiestas de San Fermín.

Los anónimos

La emigración anónima.

intermediarios, o a través del Instituto Español de Emigración y las Hermandades de Labradores y Ganaderos. Al contrario que la nominativa, la anónima no llega jamás a entablar con la patronal esa relación que los funcionarios de , las delegaciones francesas denominan "familiares", echándole al término todo el paternalismo que sea menester.

La anónima —o "alienada"—, según fuentes oficiales consultadas por D16, alcanza en estos momentos la cantidad de un millón de ejemplares para Europa y de tres millones repartidos por la totalidad asi planeta. Una de las carapterísticas de estos emigrantes es que suelen permanecer fuera del terruño un mínimo de un año, "siempre, eso si, con el corazón y la mirada puesta en España".

En opinión de un experto francés en la psicología del emigrante ibérico, "el aspirante a ´indiano´ se da cada vez con menos frecuencia. Y los pocos casos de ´indianos´ en potencia, con de extracción gallega y asturiana".

Semejante afirmación no concuerda con la. realidad si se toma como base el número de bajas consulares obtenidas el pasado año. En efecto, las trece mil bajas registradas en el transcurso del 76 por el Instituto Nacional de Emigración no suponen ni el 0,50 por 100 de esos tres millones que abandonaron su país para buscar mejores condiciones de vida. Aunque a ese paupérrimo porcentaje de retornos voluntarios habría que añadirle "un sinnúmero" de trabajadores que regresan sin pasar por los Consulados. "Estos —manifestó a D16 el delegado en Irún del Instituto Nacional del Trabajador— optaron por no inscribirse, pues hacerlo es una lata y supone perder una mañana de trabajo."

Esa mezcla de comodidad y exaltación de los deberes laborales, que el delegado de Irún le atribuye al proletariado formado por el sector anónimo, "fue la culpable de que la mayoría de los trabajadores no estuviesen censados y, en consecuencia, no pudiesen votar". Según la misma fuente, el exilado económico, "más concienciado y mejor formado políticamente, es el que presta servicios en Suiza. No sé los motivos, pero cuando regresan de Zurich o Ginebra se las saben todas".

Emigración nominativa

Se llama emigración nominativa a aquella que trabaja por cosechas o ciclos anuales inferiores a seis meses. Sus componentes, unos 120.000, se desplazan cada año a Francia y trabajan para los mismos patronos. De ahi la "relación afectiva" que el representante del Ministerio de Trabajo francés se permite adjudicarle a patronos y trabajadores. Este ejército de temporeros tuvo sus orígenes en Levante, pero se fue desplazando geográficamente hacia el Sur, coincidiendo con la industrialización de amplias zonas levantinas.

Legalmente .estos 120.000 temporeros tienen los mismos derechos y perciben igual salario que cualquier campesino francés. Sus contratos especifican que deberán realizar una jornada laboral de ocho horas durante seis días por semana; pero la realidad, según comprobo D16 sobre varios tajos de trabajo del sur de Francia, es bien distinta:

"Casi todas las cuadrillas trabajamos a destajo en la recolección de la remolacha (abril), fresa (mayo), pera (Junio), tomate (Julio y agosto) y vendimia (septiembre). Si nos negásemos correríamos el riesgo de no volver y ser sustituidos por argelinos o marroquíes", declararon a D16 un grupo de "nominativos" andaluces.

Pero a la hora de optar entre el ritmo normal de la Jornada de ocho horas y el acelerado del destajo, los "nominativos" prefieren el segundo por varias razones, "en especial porque los patronos cuentan en muchos trucos para hacernos trabajar más de la cuenta". El más sutil de estos trucos consiste en "dar primas especiales al ´manijero´ —responsable de cada grupo de trabajadores— para que nos imponga un ritmo acelerado. Así que lo mejor es aguantarse, porque si recurrimos a los sindicatos y nos dan la razón los patronos se cabrearían".

Mano de obra infantil

. Los emigrantes nominativos Suelen arrastrar con ellos a SUS familiares. Ello implica que bastantes niños en edad escolar deben abandonar el curso fu el mes de abril —recolección de la remolacha— que es cuando empieza el éxodo del campesino temporero. Esta mano de obra infantil es muy apreciada por la patronal, por lo manejable y poco problematica que resulta. Y porque, en caso de que la jornada tenga que ser suspendida por accidente climatológico, no hay que pagar las horas pactadas en el contrato, ya que éste no existe.

Estas circunstancias según pudo saber D16, con conocidas por personalidades del Ministerio de Trabajo español, quienes, temerosos de que se rompan "las relaciones afectivas" que unen a los temporeros con los propietarios agrícolas del sur de Francia, no se atreven a emprender las acciones propias del caso.

Emigración pirata

"Emigración pirata" es la que acude a los países de centro Europa sin contrato de trabajo. Tan sólo a Francia coincidiendo con la vendimia, llegan —según fuentes oficiales— unos quince mil trabajadores. Dado que la situación económica de estos trabajadores suele ser dramática, se ven en la necesidad de aceptar cualquier oferta de trabajo y de ganarse —cara a ser contratados en el futuro— los favores de los propietarios, entablando con los nominativos una competencia en el tajo.

Finalizada la vendimia, muchos de estos trabajadores, temerosos del desempleo que les afectaría en caso de regresar a España, emprenden un peregrinaje por Europa, a la búsqueda de cualquier empleo que en la mayoría de los casos no suelen encontrar. De ello, que su periplo termine en cualquier Consulado, en demanda de un billete de ferrocarril que le retorne a su pueblo de origen.

Otros, con mayor fortuna y decisión, terminan navegando en cualquier barco de bandera panameña o liberiana, tras embargar sus enseres para pagar la comisión al "embarcador" de turno.

 

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