Autor: Bribián, Carlos. 
 Los periódicos alemanes se hacen eco de la noticia. 
 Indignación entre los emigrantes españoles     
 
 Pueblo.    06/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LOS periódicos alemanes se hacen eco de la noticia

INDIGNACIÓN ENTRE LOS

EMIGRANTES ESPAÑOLES

BONN, 6. (PUEBLO, de nuestro corresponsal, Carlos BRIBIAN.)

Catapultada desde España, aterrizó ayer aquí, en las páginas de los periódicos, la noticia de que la Prensa dedicada específicamente a los españoles del exilio laboral en tierras de la CEE o de Suiza ha sido sentenciada a muerte desde el Ministerio español de Trabajo, y es una noticia que ha producido notable asombro a los alemanes; incredulidad, disgusto e ira a nuestros compatriotas.

El asombro alemán estaba más que justificado. Cada político español de cierto relieve que visita este país; cada, ministro, incluso Su Majestad Don Juan Carlos, no se andan con chiquitas a la hora de pedirles a sus anfitriones una mayor atención a la problemática de los trabajadores españoles aquí. Los alemanes aunque quizá aún pudiesen hacer más, dedican a esto de la información en castellano y a nuestros exiliadas laborales un espacio radiofónico diario y, desde Munich, un espacio semanal —a escala regional— de televisión, aparte miles de folletos.

Todo ello supone, no cabe duda, un desembolso extraordinario..., que, en cuanto a la Prensa española específica para los emigrantes sea retirada de la circulación, no tendría razón de ser. Que los alemanes son muy lógicos en todas sus cosas y ya están sacando la conclusión de que si el propio Gobierno español se desinteresa de sus subditos en el extranjero, no van a ser ellos, los anfitriones, y, a costa del contribuyente, los que" van a preocuparse de informarles.

Lo fácil desde el punto de vista alemán, es que los «gastarbeiter» españoles aprendan el idioma de este país y se las arreglen como puedan. Como se las arregla Muller, o Zimmermann, o Schneider, por ejemplo, de tres apellidos-supergermanos.

La incredulidad, disgusto e ira de los españoles aquí también estaban justificadísimos. No hace mucho que el Bey Don Juan Carlos (y yo lo escuché), prometió públicamente a grupos de trabajadores españoles en la República Federal Alemana llamar la atención acerca de los ministerios competentes para que la asistencia de éstos a los emigrantes fuera más amplia y eficaz. Una de las grandes necesidades de la población española a este lado de los Pirineos, no cabe duda, es la de la información.

La escrita la vienen cubriendo, con gran ánimo, «Cartas de España» (del Instituto Español de Emigración).

«La Región (Orense) y, especialmente, el semanario «Siete Fechas» (de Medios de Comunicación Social del Estado), que se edita aquí desde hace dieciséis años y tiene una Redacción en Colonia dedicada a esta función. Una tirada de treinta mil ejemplares, que supone ámbito de un cuarto de millón de lectores (en los centros españoles, residencias y casas de España, tocan a un ejemplar por cada ocho o diez compatriotas, que es un modo como otro cualquiera de ahorrar), la mayor parte de ellos «a1emanes», aunque una buena partida de estos ejemplares vaya a Suiza, y bastantes también a Bélgica, Holanda y Luxemburgo; algunos menos a Francia, por aquello de que este último país cae «más a mano, que las publicaciones que llegan directamente desde la Patria.. Cabe decir, pues, que los tres medios citados, pero especialmente el semanario «Siete Fechas», son amigos íntimos e inseparables de los emigrantes.

No pocas veces sus informaciones han sido útiles para convencer («lo dice "mi" periódico») a un terco funcionario alemán de un derecho que existía; en las pasadas elecciones, sin esta Prensa emigrante, los exiliados laborales españoles «ni se hubiesen enterado; los intercambios culturales, deportivos, artísticos, entre las diversas colonias de trabajadores españoles, e incluso a nivel internacional, no hubieran existido jamás a no ser por el vínculo de esta Prensa específica; agregadurías laborales; consulados y otros organismos oficiales españoles no alcanzarían a llegar jamás con su oficio o carta a los rincones aquellos donde les llega a los emigrantes la voz de «su» periódico; no pocos han encontrado trabajo merced a esta Prensa, y hasta, valga la anécdota, centenares de matrimonios entre trabajadores españoles han nacido merced a previo anuncio de solicitud d« correspondencia en las páginas de «Siete Fechas».

Pero es que, además, el emigrante considera un derecho el estar informado de lo que pasa en España, en el mundo y en el ámbito específico de su emigración. Su Patria, su Gobierno, «tienen la obligación», según los emigrantes, de servirles esa información que ahora reciben por «Cartas de España»,

«La Región» y «Siete Fechas». Sus argumento* para la exigencia, tan sencillos e irrebatibles como el dos y dos son cuatro: el emigrar no fue una aven España, lo menos que puede concederles, en compensación, es tenerlos unidos a la Patria por ese cordón umbilical de la «Prensa de la emigración». Una Prensa que, seguro, costará al Estado millones. Pero que es rentable. .

 

< Volver