Autor: Castro Zafra, Antonio. 
 Cuando estamos a las puertas del Mercado Común. 
 No quieren a nuestros emigrantes     
 
 Arriba.    29/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Cuando estamos a ¡as puertas del Mercado Común

NO QUIEREN A NUESTROS EMIGRANTES

Los partidos conservadores europeos se oponen a la inmigración

La petición de ingreso en la CEE de Portugal. Grecia y España plantea, entre otros problemas, uno de imponencia primaria: el de las inmigrantes. En los años 60 este problema no existía; más aún: Francia y Alemania, sobre todo, estimularon oficialmente la inmigración para respaldar el rapido crecimiento industrial respectivo. Pero la crisis económica que desencadenó la espiral de precios del petróleo ha convertido aquellas sonrisas en caras largas.

Actualmente, los partidos conservadores europeos se oponen a la inmigración, y la extrema derecha pide a gritos la repatriación de esos «extranjeros».

Hay todavía un puesto para los inmigrantes, y es el que no quieren ocupar los indígenas. Por ejemplo, la compañía de tranvías de Bruselas ha puesto un anuncio para cubrir 200 plazas, sin que se presentara a la convocatoria un solo belga, cuando allí el índice de desempleo es del 6,9 por 100.

Las dos centenares de puestos de trabajo —de Ínfima categoría, naturalmente— han sido cubierto por trabajadores extranjeros.

Está claro que. al imponer restricciones a te inmigración aumentará la tasa de desempleo en el país para tos indígenas: en determinados sector es reducidos. la escasez de mano de obra produce, a su vez, una dismínución de producción, generando más paro.

En Francia y Alemania, los dos países con mayor número de inmigrantes, una salida masiva de éstos hacia sus países de origen provocaría una parálisis casi total de sus industrias, un colapso de consecuencias imprevisibles.

Puesto de trabajo aparte, la mano da obra inmigrante es todavía hoy la más barata en cada uno de los países de la CEE. trés llamadas a la puerta de «los nueve»

«Nuestros obreros no quieren marcharse del país, y cuando entremos en la CEE aumentarán tos puestos de trabajo y disminuirá el desempleo doméstico que padecemos ahora», aseguran los griegos en Bruselas. Algo semejante ha repetido Mario Soares, y no deben andar muy lejos los razonamientos españoles ante las comisiones de Bruselas. Pero la CEE no se fía.

Portugal es d único del «trío» que aguarda a las puertas de tos «nueve» que ha confesado públicamente que • durante varios años» tendrá que recurrir a la emigración, facilitando la salida de portugueses para reducir sus índices de paro obrero. Las cifras de Portugal son impresionantes: uno de cada cuatro obreros está en paro, sobre una fuerza total de trabajo de tres millones. Entre 1964 y 1974 han salido del país por el camino de la emigración millón y medio de portugueses.

España, con un índice de paro cuatro veces más numerosa que la postura el 25 por 100 de Portugal, tiene, sin embargo, una fuerza laboral cuatro veces más numeroso que la portuguesa. Las preocupaciones comunitarias apuntan hacia el sector agrícola, que todavía utiliza en nuestro país el 23 por 100, contra la media de la CEE. que es del 8,7 por 100. La gente dice

que -el campo se queda solo, y, sin embargo, es preciso que mucha gente abaldone todavía el campo para pasar a otros sectores económicos de producción. (Un dato es que esta transición tiene que ser dirigida y protegida medrante capacitación profesional, etcétera.)

Grecia es el pais con menos mano de obra para la emigración, que ha descendido desde un techo de 100.000 por año en los años €0 a 20.000 por año ahora. (Ya hay 175.000 griegos trabajando en Alemania!) Pero Grecia tiene ocupada en la agricultura una fuerza laboral más alta que ningún otro del «trío que aguarda»: nada menos que el 36,2 por 100, según las cifras de la OCDE, y del 24 por 100. según el Gobierno de Atenas. En cualquier caso, mucha, muchísima gente en el campo, y que, presumiblemente, lo abandonará a golpe de tambor en cuanto se abran las puertas de la CEE.

Indefensos y escaramente protegidos

La CEE aprobó en 1974 un «programa de acción» para establecer una igualdad educacional en los sectores inmigrantes con respecto a la población nativa.

Pero los problemas son muy complejos y. al parecer, el entusiasmo de los oficiales de Bruselas por aplicar semejante «programa» no es muy fuerte.

De entrada, he aquí un grueso problema: el de la natalidad. En Alemania, por ejemplo, el índice de natalidad entre las familias de emigrantes es mucho más alto que el de los alemanes, y. consecuentemente, 1os «niños extranjeros» que nacen allí cada

año totalizan el 20 por 100 de nacimientos unos cálculos muy conservadores indicarían entonces que, sobre las mismas cifras, durante la próxima década nacerá en Alemania un millón de hijos de emigrantes. Al parecer, ya en algunos centros escolares uno de cada tres alumnos es hijo de padres emigrantes, y estas cifras suben hasta un 45 por 100 en Francfort. Sin embargo —y aquí está la segunda parte del problema—, dos de cada tres niños hijos de emigrantes no consiguen obtener el certificado de aprobado, con lo que se está formando ahí una bolsa explosiva amenazadora: la de los alumnos hijos de emigrantes que atendonan las escuelas sin la cualificación mínima. De modo que los alemanes andan ahora muy preocupados por el asunto, estudian métodos de ayuda especial para hijos de emigrantes, etcétera, por miedo a encontrarse con amenazas a su paz social cuando esos niños se conviertan en jóvenes.

Pero este miedo no es contagioso, y otros países de la CEE no Imitan a Alemania, entre otras cosas porque consideran que la mayor parte de este problema hay que atribuirla a te dureza del Idioma alemán, un verdadero galimatias para cualquier extranjero.

En cualquier caso, la CEE estima que un 20 por 100 de los hijos de los emigrantes no está recibiendo actualmente educación escolar, porque son may pequeños, ya que la mayoría de los emigrantes son gentes jóvenes. Pero que

el problema está ahí, y cada vez será más importante.

Por lo que se refiere a derechos políticos, tos emigrantes que proceden de países que no pertenecen a la CEE carecen en absoluto de tales derechos. Para los emigrantes de países de la CEE »se sugiere» que tengan derechos . políticos a nivel local, de comunidad: decisiones y elecciones sobre escuetas, consejeros municipales, etc. La única protección que puede llegar ahora a ios emigrantes que no pertenecen a la CEE es la que sus países de erigen puedan negociar con los países en que residen ahora. través de acuerdos bilaterales. (España en este aspecto ha negociado Importantes acuerdos sobre seguridad social con Alemania, Francia, Inglaterra, etc.)

Destino: Alemania o Francia

La ruta normal de las emigrantes europeos y del norte de África se dirige a Francia o Alemania.

En francia, los emigrantes ocupen el 11 por 100 del total de puestos de trabajo, aunque el total registrado no llega a los dos millones de «extranjeros-: 1.900.000. Pero en Alemania. los emigrantes rebasan los dos millones, 2.039.000, aunque «sólo» ocupen el 10 por 100 del total de mano de obra nacional. (Es inevitable la anécdota de ese pequeño país que es Luxemburgo. con 47.000 emigrantes tiene cubierto nada menos que e) 35 per 100 de los puestos de trabajo.)

Hasta 1973 Alemania era el paraíso para el emigrante, y no precisamente por el clima, sino por la posibilidad, de conseguir buenos ahorros. Pero ese mismo año el Gobierno promulgó dos bandos: cierre total a nuevas oleadas de emigrantes, y prohibición de que las esposas y los hijos de los emigrantes pudieran unírseles viajando desde sus países de origen. Había entonces dos millones y medio de emigrantes, que ahora —como va dicho— rebasen escasamente los dos millones.

Un año más tarde que en Alemania, en 1974, el Gobierno francés cerró también la puerta a nuevos emigrantes (aunque ha sido comprensivo y hasta generoso al permitir que las familias de los emigrantes puedan unirse e éstos. Ahora, precisamente este verano, franela ha puesto en marcha un plan de ayuda a los emigrantes, una especie de póliza o bono e fondo perdido para quienes quieran regresar a sus países de origen. E1 plan pretende ayudar, sobre todo, e los emigrantes parados —hasta ahora sólo se ha acogido a él un 5 por 100 de esos parados— y consiste exactamente en la entrega de 10.000 francos, unas 168.500 pesetas. Un gesto humanitario cuando abundan los emigrantes que para volver a sus países de origen tuvieron que mendigar el dinero para los billetes de ferrocarril.

Antonio CASTRO

(*) Las cifras señalan trabajadores emigrantes, mulares.

La cifra acompañada del signo % señala la relación que suponen los emigrantes; con la mano de obra nacional.

Soto están registradas aquí las cantidades mayores a 50.000, de modo que. por ejemplo, no aparece registrada la pretenda de emigrantes españóles en Inglaterra. Holanda, etc., porque es oficialmente Inferior a los 50.000.

Las fuentes de estas estadísticas son los departamentos correspondientes de la CEE de Bruselas.

 

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