Autor: Sanroma Aldea, José. 
   El eurocomunismo, una forma de anticomunismo moderno     
 
 El País.    06/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 36. 

INTERNACIONAL

EL PAÍS, sábado 6 de agosto de 1977

El eurocomunismo, una forma del anticomunismo moderno

JOSE SANROMA ALDEA - Secretario general de la Organización Revolucionaría de Trabajadores

Aunque el eurocomunismo se presenta como un desarrollo creador del marxismo, su argumentación

doctrinal es tan pobre que no merecería por sí misma ninguna atención. Es más, su desprecio por el

auténtico desarrollo creador del marxismo se refleja en su rechazo del pensamiento Mao Tse-tung que

sintetiza las experiencias del desarrollo histórico de la revolución socialista mundial.

Por el contrario, como fenómeno político tiene una gran importancia, y para su enjuiciamiento hay que

partir de las circunstancias esenciales de su historia y de su situación actual. Someramente las podemos

describir así:

En primer lugar, el eurocomunismo está encabezado por tres partidos que se llaman comunistas, y que

realmente lo fueron en el pasado, pero que ahora de ello sólo conservan el nombre, pues han abandonado

progresiva pero completamente el marxismo-leninismo.

En ese proceso han sido apoyados extraordinariamente por el PCUS desde su XX congreso y con ocasión

de la crisis del movimiento comunista internacional, se alinearon incondicionalmente en el ala

revisionista encabezada por el PCUS, y atacaron rabiosamente al PC de China que encabezaba el ala

marxista-leninista. En la URSS se produjo la sustitución del Estado de dictadura del proletariado por una

dictadura burguesa de nuevo tipo, lo que acarreó posteriormente la plena restauración del capitalismo.

Dichos partidos - PCI, PCF, PCE - moderaron sus planteamientos ante el imperialismo USA cuando el

social-imperialismo de la URSS en sus relaciones con éste le interesaba ampliar y prolongar los acuerdos;

es decir cuando existía una fase previa a su actual lucha desbocada por la hegemonía.

Los eurorevisionistas se complacen incluso en la vieja tendencia socialdemócrata de escindir a Marx de

Lenin, como más fácil forma de atacar a éste.

En segundo lugar, los partidos eurocomunistas han ido configurándose como poderosos factores de

estabilización del capitalismo monopolista bajo el Estado democrático-burgués, (En el caso de España, el

PCE, que fue una fuerza antifascista de primera importancia, ha sido un factor decisivo para que la

dirección del tránsito del fascismo a la democracia burguesa, haya quedado en manos de los

representantes del gran capital, es decir para que no haya habido derrocamiento sino desmoronamiento de

la dictadura franquista).

Estos partidos aspiran a ser los gobernantes y reformadores del caduco sistema del capitalismo

monopolista de Estado. Para ello no tienen más remedio que confiar en la llamada «vía democrática»; y

su vuelta al Gobierno (ya que los tres, aunque en diversas circunstancias, el PCE el PCF y PCI fueron

partidos de Gobierno) no la asocian ya a perspectiva revolucionaria alguna. La pérdida de sus ilusiones

revolucionarias, algunos incluso la cubren con un reaccionario sentimiento de nostalgia por una ocasión

perdida. Estos partidos aspiran a adueñarse o compartir el poder en sus propios países, al servicio del

régimen social imperante en ellos. Son revisionistas y no pretenden derrocarlo. Su renuncia teórica al

marxismo-leninismo equivale a la renuncia práctica a la revolución.

En tercer lugar, estos partidos eurocomunistas actúan en países capitalistas que están bajo el área de

influencia de EEUU, desde el fin de la segunda guerra mundial de la que el imperialismo norteamericano

surgió como indiscutido jefe de filas del campo capitalista.

En cuanto al tiempo presente su actuación se desarrolla cuando ya la situación internacional está marcada

por la intensa lucha por la hegemonía de dos superpotencias imperialistas: EEUU y URSS, una en declive

ya y otra aún en ascenso.

En cuarto lugar, estos partidos tienen una comunidad ideológica con el PCUS en su antimarxismo-

leninismo, pero el revisionismo como ideología común no puede dar fraternidad duradera a esa familia.

Además el PCUS ocupa frente a los demás una posición muy distinta que origina un creciente choque de

intereses, cuya forma concreta de resolución decisiva y futura está por fraguar.

Si la importancia del eurocomunismo como cuestión política es clara, también lo son las razones de su

actualidad.

No hay que ver como causa de la misma - sino como efecto - la actual abierta confrontación entre el

PCUS y el eurocomunismo. Las razones profundas de la actualidad de éste hay que buscarlas en otra

parte.

En primer lugar en la nueva crisis del capitalismo, reflejada con toda agudeza en los países europeos.

Crisis cuyas consecuencias éstos han visto agravadas perjudicialmente para sí mismos por la actuación de

EEUU en dicha crisis, que han utilizado su posición de dominio para descargar los efectos de la misma

sobre Europa. Crisis en la que se ha visto coartada la positiva integración económica, política (y en el

futuro militar) de una Europa independiente de las dos superpotencias.

Crisis en la que el fantasma de nuevos choques revolucionarios vuelve a recorrer Europa y amenaza con

encarnarse si el capitalismo monopolista europeo no consigue un nuevo período de desarrollo y

estabilización.

El papel a cubrir por el eurocomunismo en esta crisis y en la salida a la misma así como la actitud a tomar

ante él, es tema de candente urgencia.

Una segunda razón viene dada por el hecho de que la disputa por la hegemonía mundial que enfrenta a la

URSS y a EEUU, se centra cada vez más sobre Europa, centro neurálgico a dominar.

Para EEUU se trata no sólo de mantener bajo su influencia a la Europa Occidental, sino además asegurar

su dominio sobre ella para poner terminó a su declive como primera potencia imperialista, y lograr una

nueva base que le permita afirmar su hegemonía mundial, hoy amenazada por el ascenso del social-

imperialismo. Para hacer frente a éste y recuperarse de los golpes y las derrotas que le han infringido

países y pueblos del Tercer Mundo, EEUU necesita asegurar su dominio sobre Europa.

Para la URSS el dominio de Europa es fundamental también en su carrera por dominar el mundo. La

potencia militar de la URSS es muy grande, pero no tanto su poderío económico. La URSS puede ir

ganando paulatinamente terreno en el Tercer Mundo (utilizando también el instrumento de la corrupción

y el chantaje a diversos movimientos revolucionarios), pero es un proceso lento y costoso, que puede

quebrantar seriamente su base económica (que además ya está siendo puesta en cuestión por las luchas

que son crecientes del pueblo soviético contra la nueva burguesía monopolista que domina política y

económicamente la URSS). La URSS necesita dominar el gran centro tecnológico e industrial que es

Europa para lograr la hegemonía mundial con la rapidez que le es precisa.

Europa débil económicamente ante EEUU (no por volumen de producción) y militarmente ante la URSS

pretende - intento que empieza a dar sus primeros frutos, a veces inmaduros a veces tardíos - hacerse

fuerte económica, política y militarmente ante las dos superpotencias. Lo que debe llevar a la

independencia frente a una y otra y al combate contra las dos (así deberían verlo quienes verdaderamente

quieran ser capaces de lograr esa Europa independiente y unida) y debería llevara no ver la solución en

incrementar unas relaciones de explotación sobre el Tercer Mundo.

En este contexto se plantean una serie de interrogantes cardinales en relación con el eurocomunismo.

a) ¿Es el eurocomunismo una fuerza revolucionaria que amenace el capitalismo europeo?

No, desde luego. Los eurocomunistas están tan desengañados de la revolución, la consideran tan incapaz

de vencer al Estado burgués y derrocarlo, que sólo sueñan el sueño reformista de una «transformación

democrática» de éste. En ese camino se convierten en una fuerza contrarrevolucionaria.

La gran burguesía de sus propios países puede contar con ellos para salvar la crisis del sistema. Pero sabe

al tiempo que el precio que le piden los eurocomunistas es que le otorguen la detentación del poder

político en una mayor o menor medida y a costa de los tradicionales representantes políticos del gran

capital; lo cual crea las naturales contradicciones, resolubles no antagónicamente en un proceso más o

menos largo. La gran burguesía sabe, al tiempo que corre el peligro de que una vez llegados al poder los

eurocomunistas se conviertan en instrumento servil de los intereses extranjeros de la URSS (no por

maquiavelismo sino como resultado de una determinada evolución de la coyuntura internacional).

b) ¿Son y serán vehículo del social-imperialismo soviético los partidos eurocomunistas?

Cierto es que durante mucho tiempo se han apoyado mutuamente con el PCUS. Cierto es que subsisten

lazos ideológicos, políticos, organizativos (más o menos oficializados estos últimos). Pero cierto es

también que quieren ganarse la confianza de la gran burguesía de su país y que se ven obligados a tolerar

las injerencias de EEUU.

Una y otra cosa los somete a una doble presión contradictoria. Es más, el afán soviético de acelerar su

conquista de Europa les fuerza para que planteen más exigentemente su acceso al Gobierno y al poder. Y

esto agudiza las tensiones. La polémica «doctrinal» sobre el marxismo entre PCUS y eurocomunistas es

sólo tapadera de los intereses reales en juego.

Teniendo en cuenta el estado actual de cosas, se puede seguir considerando aún a estos partidos como

fuerzas prosocialimperialistas.

c) ¿Cuáles son las relaciones que EEUU establecen con el eurocomunismo?

EEUU adopta una actitud de enfrentamiento por un doble motivo: el papel que estos partidos pueden

jugar directamente a favor de la URSS y el papel que puedan jugar de cara a la integración europea que la

independice frente a EEUU.

Lógicamente, como todos los poderosos, EEUU, no juega sólo una baza sino que también presiona al

eurocomunismo; y la evolución de la actitud que hasta el momento adopta éste, le indica que los métodos

de los poderosos siguen siendo efectivos ante los débiles que no se atreven a luchar y vencer.

d) ¿Qué significan el eurocomunismo para la unidad europea? ¿y para la paz mundial?

Por ahora desde luego que no un factor seguro que impulse esa unificación y esa paz, aunque se declaren

fervorosos partidarios de ellas. Su misma afirmación de que no quieren una Europa que sea antiamericana

ni antirusa señala precisamente los limites de su acción en ese sentido. Porque precisamente la real

unificación e independencia de Europa pasa forzosamente por el enfrentamiento con las dos

superpotencias, y porque precisamente la defensa de la paz mundial está ligada además al debilitamiento

de una y otra que con su lucha por la hegemonía crean el peligro de una nueva guerra mundial, cuyo

escenario (¿por qué no habría de serlo esta vez?) también sería Europa.

é) ¿Y qué significa para nosotros los comunistas el eurocomunismo? Sencillamente, y por ir a lo esencial:

una traición a la causa más justa: la del comunismo, y a la teoría más científica: el marxismo-leninismo.

En fin los problemas y las respuestas han sido sólo esbozados. Además la realidad del eurocomunismo va

a ser muy fluida, como en toda cuestión en la que hay un entrelazamiento y choque múltiple de intereses.

Los eurocomunistas se auguran a sí mismos un brillante porvenir. Yo, salvando el respeto que me

merecen los hombres que lucharon aquí en España contra el fascismo, quiero terminar diciendo que no

me parece así el futuro de quien es siervo de muchos señores.

 

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