Autor: Filgueira, J. B.. 
 La operación golondrina, en marcha. 
 Unos cien mil vendimiadores españoles acuden anualmente por estas fechas a Francia     
 
 Ya.    11/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LA OPERACIÓN GOLONDRINA, EN MARCHA

Unos cíen mil vendimiadores españoles

acuden anualmente

por estos fechas a Francia

El dinero que ganarán con su trabajo este año supondrá cerca de los tres mil millones de pesetas en divisas para España • Parece ser que, al fin, se remediarán los muchos e injustos males que siempre han padecido estos trabajadores de temporada

La "operación Golondrina." está en marcha. Como todos los años por estas fechas. Unos cien mil vendimiadores españoles van a recogerles la uva a los agricultores franceses. Son los llamados en el país vecino "saisonniers", o trabajadores de temporada.

Aunque vendimiadores españoles acudían anualmente a Francia antes de la primera guerra mundial, el verdadero éxodo temporero no empieza hasta mediados de la década del cincuenta. Son tiempos en que Francia padece todavía un gran desequilibrio regional, fase de desarrollo que aún nos toca vivir, desgraciadamente, a los españoles. Hasta entonces eran los mismos franceses de las regiones subdesarrolladas quienes acudían a las zonas más ricas a realizar las penosas faenas de la vendimia.

Pero una vez "igualados los trigos", al ir gozando Francia un mayor y más justo equilibrio regional los franceses "pobres" dejaron ya de recogerles la uva a sus paisanos ricos- Y fue entonces cuando empezaron a llegar las grandes oleadas de vendimiadores españoles, con ánimo de compensar sus mermadas economías, compaginando la recolección en susprovincias—aceituna, tomate, naranja...—con la uva del pais vecino. Procedían en su mayor parte estos vendimiadores de toda la franja mediterránea española, desde Murcia y Albacete (el 22,8 y el 8,9 por 100), Alicante (13,1), Castellón (10,4), hasta Valencia, que con el 27 por 100 alcanza la cota más alta. Con el tiempo vendrían también vendimiadores de Andalucía Oriental, en su mayoría de Granada.

En el año 1974 por estas fechas este cronista realizó una visita a] sur de Francia; para estudiar la situación de estos ven-

dimiadores españoles. La impresión recogida entonces fue bastante desoladora. El desánimo había cundido en todos ellos: "Nada más llegar nos hemos enterado que el "cambio" ha bajado. El año pasado nos pagaron el franco a 13,50 pesetas. Y ahora nos dicen aquí que este año no llega a 12 pesetas. La peseta ha subido y el franco ha bajado. Pagan ya mejor jornal en España. La verdad es que no ha merecido la pena realizar un viaje tan largo y tan pesado. ;Si lo supiéramos antes!"

Nos habíamos topado aquí con uno de los problemas: la falta de información en España. Al día siguiente, bajo el alpendre de una "campaña"—especie de cortijo—, al calor de un vinillo de bota y un fuego de leña, unos vendimiadores valencianos se explayaban con el mismo aire de desánimo reflejado en sus rostros curtidos por el sol y el trabajo: "La verdad es que si hemos venido es por dos razones: primera) porque ahora teníamos un tiempo de "vacío" allí en Valencia hasta la recogida de la naranja; y segunda, porque no hemos querido dejar este patrono para el que venimos trabajando desde hace años, por ti vienen tiempo» mejores.´´

Más de dos mil pesetas al día

Y la verdad es que, tres años después, los tiempos parecen rodarles un poco mejor a estos vendimiadores españoles. Paradójicamente, ahora que rueda mal casi todo aquí en España, económicamente hablando. A juzgar por las noticias que nos llegan, estos vendimiadores cobrarán este año más del doble del jornal que recibieron en 1974: 130 francos diarios los cortadores de racimos y 150 los porteadores (los

encargados de cargar y trasladar la uva). Si a esto se añade la incidencia de la devaluación de la peseta, bien pueden salir por más de las dos mil doscientas pesetas diarias los primero y por más de dos mil quinientas los segundos. Al acudir normalmente varios miembros de una misma familia, pueden reunir interesantes sumas en las tres semanas que suele durar la recogida de la uva, y más si hacen el doblete, empalmando unas semanas más con la segunda vendimia.

También parece que van a contar con otras mejoras, gracia» a la intervención de los sindicatos españoles y franceses, asi como a ciertas promesas—esperemos que se cumplan—hechas por el Ministerio de Trabajo español y e1 Instituto Español d« Emigración.

Todo ello y más se merecen estos sacrificados vendimiadores. Por muchas y contundentes razones, que hemos expuesto en este diarlo ya en aquel año 1974. Se lo merecen por la vida espartana, de auténtica y dura "mili", que llevan estos trabajadores durante la época de recogida, obligados a dormir muchos de ellos en camastros de naves sin los mas elementales servicios, cuando no lo hacen en la misma paja; por el largo y pesadísimo viaje, encerrados en lentos e insuficientes trenes (no hay que olvidar que muchos de ellos, hombres o mujeres, pasan ya de los cincuenta años); por el muchas veces vejatorio control médico que les obligaban a realizar en Figueras, ante la avalancha masiva de trabajadores (algunos hombres fueron puestos en cueros para reconocerlos más rápidamente).

Si a todo esto añadímos la falta de información, el desconocimiento del idioma, la picaresca de muchos patronos franceses, la emigración clandestina (amenazada de chantaje por los patronos, y creando un sinfín de problemas), nos daremos cuenta de la necesidad urgente y justa de ayudas y mejoras para estos trabajadores.

La emigración clandestina

Hora era ya que, al fin, también la Administración española tomara cartas en el asunto. Y según las noticias que tenemos, así parece ser. Autoridades del Ministerio de Trabajo y del Instituto de Emigración se han reunido con representantes de Renfe a fin de subsanar los problemas planteados en los trenes especiales, colaborando también el Ministerio del Ejército con la facilitación de trenes.

También por primera vez el IEE editará un impreso en español, que será entregado a los vendimiadores, en el que constan los salarios mínimos pactados y otros temas—hasta ahora sólo constaba en el contrato de trabajo la cifra 8, que correspondía a las horas de jornal—, para paliar el problema de la picaresca patronal, el de la desinformación y el desconocimiento del idioma.

En cuanto a la emigración clandestina, parece ser que las autoridades españolas lucharán contra ella mediante gestiones ante el país francés a fin de que los empresarios que realicen esta contratación ilegal sean sancionados.

También el IEE se ha interesado ante los organismos franceses responsables para que sean inspeccionadas las condiciones de alojamiento de los trabajadores. Y por último, el reconocimiento médico se realizará en las demarcaciones de origen de los trabajadores, evitando así el vejatorio control de Figueras.

Esperemos que estas mejoras se llevan, al fin, a cabo. Bien merecido se lo tienen estos vendimiadores de la "operación Golondrina". ¡Qué poético nombre!

Se lo merecen por las razones expuestas, y... por los varios de miles de millones de pesetas en divisas que nos traen ganadas con el sudor de su durísimo trabajo.

Unas golondrinas—las divisas— que anualmente retornan a España, fieles a la cita. Al contrario de aquellas otras, aquellas "oscuras" golondrinas que un mal día se fueron a los nidos de los bancos suizos-. Esas, ¡cuándo a sus nidos que antaño abandonaron retornarán!...

J. B. FILGUEIRA

 

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