Autor: Pajetta, Giancarlo . 
   El proceso del eurocomunismo     
 
 El País.    05/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL PAÍS, viernes 5 de agosto de 1977

INTERNACIONAL

El proceso del eurocomunismo

GIANCARLO PAJETTA - Comité Central del Partido Comunista Italiano

La cuestión que se presenta bajo el nombre de eurocomunismo es el centro de un amplio debate, y en

ocasiones de polémicas clamorosas y de intervenciones en las que predominan elementos

propagandísticos que las hacen menos fructíferas de lo que podrían ser.

Hemos dicho en otras ocasiones que no existe una doctrina, ni mucho menos un centro, ni una obra, que

pueda ser considerada el manifiesto o una especie de evangelio del eurocomunismo. Pero también hemos

dicho que si tanto se habla del eurocomunismo (y el debate implica a fuerzas políticas muy distantes entre

sí y a veces incluso adversas) será porque está en marcha un proceso que debe ser analizado como tal. Por

otra parte, sería extraordinario que no lo reconociéramos nosotros mismos, que somos protagonistas de

este proceso. Creo haber escrito o haber dicho en más de una ocasión - quizá por vincular la cuestión del

eurocomunismo con las tradiciones antiguas - que según los latinos nomina sunt consequentia rerum,

traducido al lenguaje político de nuestro tiempo, esto debiera significar que cuando tanto se habla es

porque a este término debe corresponder, sin duda alguna, una realidad.

Seria simplista el intentar reducir semejante realidad a una identidad entre partidos que reflejan los

diversos problemas del comunismo en Europa Occidental, o a la renuncia de cuanto - en el

eurocomunismo - es parte fundamental, es decir, el reconocimiento de las realidades nacionales y la

búsqueda de vías nacionales al socialismo, además de la vinculación con las tradiciones nacionales, para

comprender la forma en la que vive la propia vida una sociedad socialista.

¿Qué hay pues en común entre los partidos comunistas de Europa Occidental que hoy se interrogan y que

han dado ya respuesta análoga a algunos grandes temas? Creo que si tuviéramos que dar una definición

habríamos de decir que la característica de la mayoría de los partidos de Europa Occidental está en el

reconocimiento de la exigencia preeminente de una vía democrática y de la realización de una sociedad

socialista que considere el pluralismo como fundamento de libertad y de progreso. A este reconocimiento

se llega partiendo no sólo de la autonomía de cada partido, del rechazo de los centros de organización y

de los modelos extraños al propio país, sino también de la consideración de aquello que haya de

específico, sea en la historia antigua y anterior a la guerra del movimiento obrero de cada Estado, sea en

la experiencia de estos últimos treinta años de cada uno de los países de Europa Occidental y del mundo.

En cuanto al pluralismo, se trata de un pluralismo político, un pluralismo que se refleje en las

instituciones (y que por tanto significa relaciones entre mayoría y minoría, legitimidad de la oposición y

turno en el poder según la decisión de los ciudadanos expresada en elecciones libres) y que en ciertos

aspectos tenga también un carácter social, que tome en consideración las particularidades y complejidad

de las estructuras de los países europeos. Ya no se puede dividir la sociedad en burguesía y proletariado y

por el contrario se debe hablar - aunque los comunistas consideran esencial no sólo la participación sino

también la función histórica y la hegemonía de la clase obrera - de un proceso en el que participan todas

tas clases, los trabajadores y los propietarios, bien en la fase de búsqueda de una solución socialista, bien

sucesivamente en la fase en la que el socialismo sea la característica de la sociedad.

Se plantea - de manera distinta de país a país - el problema de las instituciones y el de los partidos. Estos

problemas están unidos a las instituciones y a las condiciones políticas específicas de cada país. La

historia, incluso recientemente, ha demostrado que los caminos seguidos por los comunistas son distintos

en los países que han de liberarse del fascismo.

Hemos tenido varios ejemplos en los últimos años: Grecia, Portugal y, ahora también, lo ocurrido -

característico y absolutamente peculiar - con la democracia en España.

Pero dicho esto (y reafirmando por tanto que se reconoce además de esos propósitos uno específico

nacional), el problema de la democracia partiendo de una división de partidos está vinculado, bien a la

representación de estratos sociales particulares, bien a la tradición histórica, a posiciones culturales

diversas (como sucede en países ligados a la tradición católica o cristiana y países no católicos). A mi

juicio, en adelante todo ello será adquirido por el complejo de los Estados de Europa Occidental y tendrá

el valor de una especie de viraje no en el sentido de repudio de las experiencias anteriores o de rechazo de

las doctrinas que han inspirado a la vanguardia del movimiento obrero, sino más bien en el sentido de

reconsideración de aquello que nos han enseñado estas doctrinas; es decir, que hace falta adecuar la

reflexión y la acción al desarrollo histórico. Hoy, para nosotros, en Italia (y por supuesto también para

otros países europeos) el problema es el de hallar una vía democrática, nacional y que - teniendo en

cuenta las particularidades especificas de cada país - utilice también la analogía europea. Quizá por ello

resulte propio el empleo del término «eurocomunismo».

Como decía antes, hemos evitado el formular un documento del eurocomunismo o de encontrar un centro

para los eurocomunistas. Pero, más de una vez, hemos tenido ocasión de debatir e incluso de llegar a

conclusiones comunes con los demás partidos europeos occidentales que, aunque moviéndose en sus vías

nacionales, ven para algunos problemas la posibilidad de soluciones comunes. Aludo a los encuentros con

los compañeros españoles y al documento del PCI y del PCE después del encuentro de Berlinguer con

Carrillo, en Livorno; aludo al documento firmado con el PCF y también a aquellos que se han firmado

conjuntamente y a unos proyectos en los que se trabaja en el mismo sentido.

He dicho más de una vez, que se trata de una búsqueda de vías nuevas. Posiblemente esto pueda suscitar

cierta perplejidad y pueda incluso dar origen a formulaciones contrapuestas (más que soluciones) de otra

época, de otra situación, otros países que a nuestro juicio se han convertido en catequísticos y dogmáticos

en el sentido de que pueden no adaptarse a la realidad.

No creo que sea una utopía o pudiera ser considerado veleidoso pensar en nuevas vías hacia el socialismo

como cosas concretas, o en formas nuevas como cosas posibles. Pues incluso pasando por alto el hecho,

evidente, de que en Europa Occidental cada país ha tenido su revolución democrática burguesa, y pasando

por alto asimismo trivialidades que pueden parecer únicamente finezas oratorias, como el recordar que

hay una monarquía en Inglaterra y una república en Francia, hemos tenido en estos últimos meses, en

España, la prueba de que la superación del fascismo puede seguir vías originales.

Otra cosa fue la caída del régimen nazi con Hitler sepultado por las bombas soviéticas en el centro de

Berlín, otra cosa fue la victoria sobre el fascismo italiano con Mussolini ahorcado por los partisanos y - si

bien podía considerarse trágica la perduración de los regímenes fascistas en Portugal y en España - hemos

podido comprobar que la liberación puede producirse de manera totalmente distinta a lo ocurrido en

Alemania e Italia.

Así pues, no sólo de la historia antigua o menos reciente, no sólo de las revoluciones democrático-

burguesas y de los movimientos nacionales de liberación y de las transformaciones sociales, aprendemos

que son diversas las vías y están ligadas a las estructuras nacionales y a los condicionamientos internos,

además, naturalmente, de a la capacidad de entender la situación y a la presencia y a la línea política de

las fuerzas que intervienen. Estas fuerzas - los comunistas - han estado frecuentemente en la primera línea

como elemento determinante.

Además, los comunistas han tratado uno de los fundamentos que caracterizan hoy al eurocomunismo: la

admisión de que el pluripartidismo es un factor esencial, incluso si en el pluripartidismo no corresponde

tan sólo al PC una función particular sino a la unidad de las fuerzas que representan a las clases

trabajadoras.

Por ello, el eurocomunismo no debe ser entendido como una especie de escisión en el movimiento

comunista internacional. Es deplorable que grupos en posiciones retrógradas piensen que se puede romper

incluso la unidad de los comunistas en el interior de la nación. Pero el eurocomunismo (y hablo de

eurocomunismo porque a mi juicio estos conceptos están bien establecidos en Europa Occidental pero

creo que deben ser comprendidos también por los comunistas que no viven en esta parte del continente)

tiene como postulado un esfuerzo por superar la división entre socialistas y comunistas. Un esfuerzo que

debe llevar no, como diría de manera frívola y equivocada cualquier simplista, a una social-

democratización de los comunistas, sino a la comprensión por ambas partes de que la unidad es necesaria

como base de una nueva evolución y, mañana, incluso de una nueva gestión, respetando modelos

existentes, de la democracia que debe caracterizar a una sociedad socialista.

Después, los problemas como el de la libertad, el de la democracia, el de la participación de los

ciudadanos, de los trabajadores, de la forma que puede tomar en éste o aquel país (y por consiguiente

también el de la forma específica a la que me he referido para Europa Occidental) son problemas más

amplios y más generales. El socialismo debe representar, siempre, en cualquier parte del mundo, libertad,

democracia, participación. Y el esfuerzo por salir de la crisis del capitalismo está ligado a una nueva

concepción de la participación de los ciudadanos - partiendo de una nueva igualdad, incluso social - en la

vida de su país.

 

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