Autor: Valverde, Alberto. 
 Los trabajadores españoles en la emigración (y III). 
 Abandonados a su suerte en Estados Unidos     
 
 Diario 16.    04/11/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Abandonados a su suerte en Estados Unidos

Alberto Valverde WASHINGTON, 4 (D16).— con excepción de los pastores vascos —hoy casi inexistenes— y de los "cerebros" en lusca de salidas profesionales -en regreso a la nueva democracia española—, Estados Unidos es un país que apenas tiene emigrantes españoles. Por dicha razón, los servicios consulares españoles en Ustados Unidos apenas se han preocupado mucho de los pocos miles de emigrantes "clasicos" que, sin embargo, existen, lo que ha provocado que, luchas veces, esta escasa migración clásica haya tenido que recurrir a sus propios tedias para resolver sus problemas.

Al no existir estadísticas seguras al respecto, la única forma de saber el número de emigrantes españoles en U.S.A. es el registro consular dé ciudadanos que se dan de alta como residentes fijos. Llevado con escasa seriedad, este registro apenas contaba con más de cien mil nombres en su medía docena de dependencias consulares, cuando en las pasadas elecciones legislativas se utilizó para procesar el número de votantes.

Sin que estos cien mil, aproximadamente, sean todos emigrantes, la mayor colonia española en Estados Unidos es la de los vascos, que viven en tres o cuatro Estados del Oeste —Idaho, Nevada, California y Washington.

"Importados" durante la década de los sesenta por su fuerza humana, los pastores vascos llegaron a sus destinos sin ningún tipo de asistencia consular y supervivieron en las praderas norteamericanas a su propio riesgo y con sueldos miserables.

Interés sólo para vigilarles

Sólo al comienzo de la década de los setenta, cuando esta emigración pastoril comenzó a decrecer, el Instituto de Emigración Español y el Ministerio de Asuntos Exteriores empezaron a preocuparse por ellos. Pero fue por razones inversas.

Según fuentes familiarizadas con el problema, los vascos-norteamericanos españoles se convirtieron en una "fuente potencial" de activismo político e independentista a finales de los sesenta e incluso se temió que esta colonia —fuerte y numerosa en su segunda generación— se convirtiera en un recurso financiero de organizaciones como ETA.

Para evitar este riesgo, el Instituto de Emigración Español, a través de los servicios consulares más cercanos, llevó a cabo una campaña de acercamiento a ellos, que se concretó en la donación de servicios culturales y recreativos a la colonia a cambio de una "cierta españolización" de la misma. Por ejemplo, la construcción de un frontón en Elko (Nevada) por el Instituto de Emigración supuso que la bandera nacional española pudiera extenderse al lado de la ikurriña en el año 1973.

Una campaña muy similar, ciertamente en el más puro estilo "franquista", se llevó a cabo en los años más recientes con la colonia española de Nueva York. Para evitar que las casas regionales —única cosa que realmente funciona— se convirtieran en focos de republicanismo o antifranquismo, el Instituto de Emigración tuvo la "genial" idea de construir en medio de Mahnhatan una mal llamada Casa de España, al prohibitivo coste para el Estado de cerca de 50 millones de dólares.

Restaurante para hombres de negocios

Esta Casa de España, que ni siquiera es propiedad del Estado español por expresa prohibición de las leyes de la ciudad, se ha convertido ahora prácticamente en un productivo restaurante, del que ni siquiera se benefician los pocos miles de españoles que viven en U.S.A.

Usufructado por un equipo de "entrepreneurs" hispanos, del que formaría parte algún responsable ante el Gobierno español, el restaurante es hoy centro de comidas de negocios, c 1 i entes norteamericanos de ,alto poder adquisitivo y una asentada colonia de refugiados cubanos. El Estado español, que posee por medio del Instituto de Emigración el edificio, paga los elevados Impuestos de éste, cubre todos los gastos y ni siquiera recibe una peseta de los beneficios

 

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