Autor: Agustín, Manuel de. 
 Ante la indignación general. 
 Francia defiende sus medidas anti-inmigración  :   
 El secretario de Estado justifica la decisión como un mal menor por la crisis que atraviesa el país. 
 Arriba.    06/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

FRANCIA DEFIENDE SUS MEDIDAS ANTI-INMIGRACION

El secretario de Estado justifica la decisión como un mal menor por la crisis que atraviesa el país

PARÍS

De nuestro corresponsal, MANUEL DE AGUSTÍN

PARÍS. (Crónica para ARRIBA y Pyresa.)

EL señor Lional Stoleru, secretario de Estado´, responsable de los trabajadores manuales, ha hecho por escrito un habilidoso acto de contricción. Un «mea culpa» justificativo; o tal vez un alarde de habilidad argumental, lleno de astucia, para calmar los ánimos y repetir aquello de «digo Diego donde dije digo», en el supuesto que la realidad y la evidencia de la práctica no lo desmientan.

Según él, «las recientes medidas tomadas con respecto a la inmigración desencadenaron una polémica, tanto más estéril que apoya sobre una presentación deforme de la realidad», y luego explicaba: «frente a .la crisis económica mundial, que alcanza al conjunto de los países europeos, Francia tenía la elección entre tres políticas: No hacer nodo. Tomar medidas autoritarias para echar a los emigrantes. Tomar medidas respetando la igualdad de derechos y la libre elección de los trabajadores emigrados.»

La primera política representaba el cerrar los ojos ante la crisis, sus consecuencias y sus causas.

La segunda política, aplicada en ciertos países europeos, no nos parecía responder a la tradición francesa de respeto a la igualdad de derechos y de la Ubre elección individual. No nos parecía correcto que los trabajadores emigrados que han venido a Francia en un período de fuerte crecimiento durante el cual nos hemos sentido felices de encontrar una mano de obra y un apoyo para construir nuestra sociedad, se vieran despedidos del territorio sin otra forma de procedimiento en el momento en que las perspectivas de crecimiento son menos favorables.

Siendo así, y puesto que el mismo ministro lo reconoce y explica, todos se preguntan cómo con semejantes consideraciones en el alma, se han podido dictar disposiciones tan draconianas e inhumanas capaces de provocar este comentario. Pues bien, el secretario de Estado pretende devolvernos la tranquilidad: «Todos los trabajadores emigrados que están en Francia con su contrato de trabajo podrán continuar tanto como lo deseen, sin ninguna restricción a su actividad.

Queda claro, o por lo menos así lo parece, si la burocracia, la administración y los encargados de aplicar todo eso no recurren a interpretaciones menos sutiles o insisten en desbaratar las ideas casi poéticas de fidelidad al compromiso contraído lanzadas por e! señor ministro y convertidas en una simple fariseada de platónico efecto. Porque medios para interpretar los textos de otra manera y hacerle la estancia imposible al indefenso emigrante, no faltan, puesto que el mismo señor aclara: «Por otra parte, nuestra política consiste en favorecer la necesaria disminución de la mano de obra extranjera, acordando una ayuda financiera de retorno para todos cuantos quieran voluntariamente y por su libre elección o por razones personales volver a su país de origen.»

«La ayuda de retorno ha sido acordada a los emigrantes en situación de paro.» Entonces preguntamos: ¿Qué ocurrirá con el obrero que haya perdido el empleo aunque hubiese trabajado durante veinte años anteriores? ¿No hay motivo con esta salvedad para Inquietud y trampa administrativa? Pero nuestro responsable hace la aclaración siguiente:

«Quede ya ahora claro que no ponemos a nadie en la puerta, pero es evidente que no podemos por más tiempo mantener la puerta del todo abierta como en el pasado.»

Las esposas de los trabajadores, los hijos, los padre», los familiares, ¿cómo encontrarán esta puerta? ¿Igual que como la encontraran los familiares de cualquier trabajado) francés, o en forma discriminatoria? Esa es la clave. Lo demás, palabras y palabras.

 

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