Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Sobre la financiación de la derecha     
 
 El País.    09/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POLÍTICA

EL PAÍS, sábado 9 de octubre de 1976

Sobre la financiación de la derecha

RICARDO DE LA CIERVA

E! desmentido de las fuentes cercanas a la Banca —y tan cercanas— sobre la financiación de un gran

partido de derechas demuestra exactamente lo contrario; es decir, la realidad de esa financiación. El

mismo subtítulo con que el diario YA presenta el mentís lo confirma: Medios financieros quieren apoyar

a algún sector político de cara a las elecciones. Al recoger informes fidedignos —de fuentes próximas,

también, a la Banca— sobre el proyecto de financiación, este cronista no afirmó nunca que el señor Fraga

había recibido determinada cantidad, sino que esa cantidad estaba a su disposición (EL PAÍS. 19 de

septiembre) y desde luego no a título personal sino como cabeza y coordinador de un nuevo partido

conservador de coalición neofranquista. y vocación mayoritaria. El mentís bancario resbala —es decir,

míente— en sus propios eufemismos. Es falso que no haya decisión sobre el asunto; la hay, aunque falten

detalles por concretar. Es falso que no estén designados los beneficiarios; lo están, y ya han dado su

acuerdo. La intervención del señor Fierro en la.iníciativa del proyecto resulta sumamente clarificadora; y

reconfirma lo que se apuntaba en la desmentida crónica, es decir, que el sector bancario empeñado

ciegamente durante años en la financiación de la extrema derecha le retira ahora el apoyo para

concentrarlo en la nueva derecha igualmente franquista, pero mucho más presentable. Puede que la

primera fase de financiación no sean los dos mil millones que sugerían mis informes, sino solamente mil,

como puntualiza, con encantadora ingenuidad, el mentís bancario; que si se hubiera anticipado como

noticia directa hubiera copado todos los titulares. Pero conviene subrayar que esos mil millones no son un

límite sino la cuenta de crédito para una primera etapa. Como ha indicado con asombrosa precisión el

señor Fraga Iribarne, nadie da dinero a cambio de nada y menos los banqueros. Lo que importa es el

orden del apoyo, no los detalles de contabilidad. Enfrascado en sus metáforas culinarias -el píalo en la

cocina, la sopa de letras— el señor Fraga contribuyó desde tierras valencianas, a paliar las sorpresas por

la gran financiación. Esto se comprende menos. «Desmintió cualquier apoyo de un grupo bancario en la

promoción de la nueva alianza política» según transcribe, exactamente, el corresponsal de este periódico.

Para desmentir hay que dejar al lector un resquicio de verosimilitud. ¿Podría explicarnos el ilustre

promotor del partido que él llama —con acierto— populista dónde se encuentra dentro de España, y fuera

de los Bancos, eí dinero para financiar movimientos políticos? Y conste que al cronista !e parece muy

conveniente para el replanteamiemo político de la España real el proyecto de la conjunción conservadora;

y la presencia del señor Fraga en su entorno natural derechista, en el corazón de ese proyecto. No se trata

de criticar negativamente sino de abrir, para el público vitalmente interesado en el tema, un elemental

tragaluz en la famosa cocina de las reticencias. Otro tragaluz, todavía más significativo: la sorprendente

coincidencia entre la presentación de la nueva alianza de derechas por el diario ABC —en su página 9 del

21 de septiembre— y el diario YA, en su página 11. Con titulación distinta, los dos periódicos insertan un

mismo documento-noticia que tiene todos los visos de declaración oficiosa del nuevo gran partido, y que

empieza, en uno y otro diario, por la misma frase: «Recoger en la confrontación electoral la rentabilidad

política del franquismo» para terminar, utilizando también exactamente las mismas palabras, con un

enguantado puntazo a los presuntos movimientos de don Pío Cabanillas. El documento procede de la

agencia Logas, a la que el diario monárquico presta últimamente una mayor —y merecida— atención.

Pero la coincidencia, y hasta el grado de asimilación de la noticia —que parece deducirse de la forma

como se presenta— sugiere algunas consideraciones. Desde hace unos cuatro años una alta personalidad

bancaria está tratando de coordinar, con el debido respeto a la personalidad de cada medio, las grandes

líneas de orientación de los periódicos más influyentes del país. Esto será más difícil de desmentir, porque

el cronista no lo conoce por referencias sino por una afortunada presencia informativa de carácter

personal. Dicha alta personalidad bancaria ejerce —de forma plenamente legítima e incluso

institucional— directo influjo en los diarios históricos. En cierto sentido, y por las vinculaciones a un

mismo cuartel general, las pretensiones coordinadoras de este personaje parecen relacionarse con los

movimientos de presión —que por desgracia continúan— de otro personaje menos sutil contra la línea

independiente y liberal de un importante vespertino madrileño; movimientos que desde el respeto al pú-

blico y desde la dignidad profesional del periodismo me parecen sencillamente intolerables. Pero ése sería

otro asunto. Por lo que hace al tema de hoy, todo confluye en la sospecha de que la conjunción político-

informativo-bancaria de la que incluso algunos de sus componentes desconocen la profundidad y la

amplitud tiene mucha prisa en que progrese el tratamiento subliminar de la importantísima maniobra.

Y una nota complementaria, para terminar. La operación Fraga puede conseguir que el cada vez más

disperso franquismo sociológico se convierta, a sus órdenes, de jauría en mesnada; mientras los jefes de

mesnada, que hace semanas se conformaban con un puesto de designación en el nuevo Senado, entrevén

ahora nuevas posibilidades ministeriales. Casi todos ellos se sintieron desalojados de esas posibilidades

en virtud de la crisis Suárez: no debe extrañar que ahora consideren la operación Fraga como su propia

operación retorno; y la estén montando al margen del Gobierno a quien aspiran a sustituir después de las

elecciones. Completamente al margen.

 

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