Autor: Tusell, Javier. 
   El PCE y la democracia     
 
 El País.    02/12/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL PAlS,jueves, 2 de diciembre de 1976

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

El PCE y la democracia

JAVIER TUSELL

Como se sabe uno de los temas que el partido comunista utiliza más frecuentemente en su propaganda es

el de la democracia» Divisas como la de «socialismo en libertad», que en otro tiempo hubieran sido

pensables en ese tipo de socialistas, que derivan del pensamiento liberal mucho más que el marxismo,

figuran en sus carteles y folletos. En el obligado proceso de clarificación política al que España debe

someterse de manera apresurada en los próximos meses una de las necesidades más imperiosas es la de

plantearse hasta qué punto esta identificación quede la democracia hace consigo mismo el PCE es veraz

o. por lómenos, trata de serlo. Partamos de un presupuesto previo como es el de que el PCE ha cambiado

de postura significativamente en los últimos tiempos o. por lo menos, la enunciación que de ella hace es

diferente ahora con respecto a hace unos meses. Con ocasión de su VIII Congreso (1972), el PCE decia

todavía que «la concepción de la dictadura del proletariado no ha sido superada por el desarrollo histórico

moderno». Sin embargo, la dictadura del proletariado debería entenderse, tan sólo, como un «poder

anticapitalista fuerte»; puesto que en los países capitalistas existe, de hecho, una dictadura, también el

PCE tendría, llegado el momento de su triunfo, que actuar de una manera semejante. Si se tiene en cuenta

la acritud con que los comunistas describen la presente situación en las naciones que denominan como

capitalistas, se puede imaginar que el tipo de «poder anticapitalista fuerte» que se señala como idea! en la

fase de transcición hacia el comunismo no va a ser precisamente moderado o inerme. Con posterioridad el

PCE ha abandonado la tesis de la dictadura del proletariado o, por lo menos, no hace alusión a ella. Para

no identificarse con el caso de Rusia, considera «que la vía, la forma, el modelo de socialismo valedero

para nuestro país se diferenciará, en muchos aspectos, de ios que se conocen hoy; las particularidades

nacionales, el momento, el entorno mundial y la experiencia histórica determinarán esas formas, junto con

nuestra capacidad revolucionaria y la decisión de las masas». La «vía española al socialismo» consiste, de

acuerdo con ios programas de los seguidores de don Santiago Carrillo en dos fases. La primera de ellas es

lo que en los textos del PCE se denomina la «democracia política y social». Lo que el PCE dice defender,

para este período, no parece tener, en lo político, nada de dictatorial. Esta democracia política y social

consistiría en una república federal en la que quedarían nacionalizadas Sa banca privada, las entidades

financieras y las empresas de seguros, junto con las grandes empresas monopolistas, pero, por ejemplo, se

permitiría la enseñanza privada y la de tipo religioso. Lo peor del caso viene después. a la hora de definir

el objetivo final. Dice el PCE que «nosotros no concebimos el futuro sistema socialista en España como

un sistema de partido único dominando el poder del Estado, sino como un sistema pluripartidista de-

mocrático». En teoría, por tanto, existirán diferentes opciones políticas, pero el programa del PCE no

dicen si todas se consideran como válidas ni tampoco precisa el ámbito de las libertades en este

comunismo a la española. El modelo histórico que el PCE piensa utilizar merece ser recordado; «El

Partido Comunista considera que la experiencia pluripartidista y democrática del Frente Popular, que

formó en la zona republicana un régimen democrático nuevo, ya no capitalista, orientado hacia el

socialismo, hay un antecedente que no podría copiarse mecánicamente. puesto que los tiempos y las fuer-

zas en presencia han cambiado, pero que puede ofrecer materia de experiencia y reflexión valiosa para el

futuro». Quedan claras en este párrafo dos cosas: en primer tugar, que los comunistas construirían ese

Estado socialista según y como entendiesen, llegado el momento, ellos solos. Pero, en segundo lugar y

sobre todo, que ese Estado de ninguna manera se puede considerar como democrático. En el bando repu-

blicano durante la guerra civil no sólo estaba excluida de la legalidad la mitad de España que militaba al

otro lado de las trincheras, sino que, además, la autoridad de las instituciones republicanas estaba lo

suficientemente alterada como para que liberales como Sánchez Albornoz se autoexiliaran y muchos otros

eligieran un procedimiento de semiexilio. para no tener que enfrentar secon la cruda y poco complaciente

realidad de que la situación de las libertades democráticas se habían deteriorado de manera gravísima. La

suerte de Andreu Nin quizá permita percibir los límites efectivos de esas libertades... Pero, además, ¿qué

dice de su propia organización interna el PCE. en relación con el tema de la democracia? Desde luego, es

sincero y reconoce su inexistencia: «El Partido Comunista no es responsable de que a lo largo de casi toda

su existencia haya tenido que desenvolverse en las condiciones de ilegalidad y de guerra... Es indudable

que la conquista de las libertades señalará el momento de abrir una profunda discusión en nuestras filas,

sobre el funcionamiento y las características del partido proletario, de nuevo tipo, en las condiciones de la

legalidad democrática.» Es muy fácil y hasta cierto punto, justificado culpar a la represión de la falta de

democracia interna. Sucede, sin embargo, que en condiciones de normalidad, tampoco los partidos

comunistas se han caracterizado por ella. En conclusión, debemos, sin duda, felicitarnos de que en toda

Europa occidental, el ideal de la democracia se haya extendido en todas las clases sociales v grupos

ideológicos, de tal muñera que llegue a «impregnar» al propio Partido Comunista. Pero esta impregnación

no ha pasado todavía de la epidermis o. si se quiere, no ha pasado de la primera fase en la que el PCE

programa su acción. Falta aún mucho para que, incluso en teoría, los comunistas se identifiquen con la

democracia. Y se da la circunstancia de que todavía en todo el mundo tal identificación teórica no se ha

producido, aparte de que aún se está más lejos, de que la vinculación, no sólo teórica, sino también

práctica entre comunismo y democracia se haga efectiva.

 

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