Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   Un compromiso histórico     
 
 El País.    03/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL PAÍS, viernes 3 de junio de 1977

TRIBUNA LIBRE ELECTORAL

Un compromiso histórico

El candidato número uno de la lista de diputados de Madrid por la Unión de Centro Democrático se llama

Adolfo Suárez, tiene 44 años de edad, fue ministro secretario general del Movimiento y es presidente del

segundo Gobierno de la Monarquía de Juan Carlos 1. El presidente ha nacido a la vida política — y casi a

la vida sin adjetivos— en el llamado Régimen del 18 de julio. En ese Régimen se inició Adolfo Suárez

por el laberinto de los pasillos que conducían al Poder monolítico y desde allí saltó a la presidencia, en

esta etapa de transición, culminando su carrera política de forma tan espectacular como imprevista. Yo

mismo creo recordar que dije literalmente, cuando me preguntaron los periodistas sobre el nuevo

presidente que «no entendía el significado ni la finalidad de este nombramiento tan sorprendente». Así,

pues, hasta la fecha el presidente ha ejercido el poder por la vía digital y no ha tenido que responder sino

ante quienes le nombraron y — como gustaba decir el anterior jefe del Estado— «ante Dios y ante la

Historia» cuando llegase el momento. Con él han entrado en las listas de candidatos al Congreso y al

Senado por la Unión de Centro Democrático otros hombres del antiguo Régimen, ex ministros y demás,

para presentarse a las primeras elecciones generales del país después de cuarenta años. Elecciones que

todos tenemos la obligación de exigir que sean tan democráticas como lo permitan las circunstancias de

tiempo y lugar que nos ha tocado vivir. Todos ellos han abogado en los últimos tiempos por la reforma

democrática, es decir, por la construcción de un nuevo modelo de Estado conforme a los principios que

prevalecen en las democracias del mundo occidental. Sobre la honestidad de esta actitud tendrá que

juzgar con su voto el pueblo español. Con Suárez también participamos en estas listas de candidatos del

Centro otros hombres que hemos militado, en diverso grado de antigüedad e intensidad, en la Oposición

Democrática. Todos nosotros, sin excepción, habíamos hecho causa común con las fuerzas políticas y

sindicales de izquierda para restablecer las libertades públicas en nuestro país. Por esa única razón fuimos

excomulgados políticamente por quienes ahora comparten con nosotros, en calidad de «independientes»,

candidaturas comunes. En razón de este matrimonio, la Unión de Centro Democrático, ha sido y sigue

siendo criticada por tirios y troyanos — siempre en ¡a Historia la derecha y la izquierda—, pero sobre

todo por los tirios que ven seriamente amenazadas sus, en otros tiempos, brillantes expectativas

electorales. Estos tirios van contra Suárez y sus azules mientras que los troyanos nos niegan el pan y la sal

a quienes hasta ayer teníamos con ellos el preciado talismán de la

JOAQUÍN GARRIGUES WALKER

Presidente de la Federación de

Partidos Demócratas y Liberales. Candidato de la Unión del Centro Democrático por Madrid

credibilidad democrática. De la noche a la mañana nos hemos convertido en «flechas y pelayos» y

«fascistas renovados». Pues bien, este matrimonio electoral que aspira, ni más ni menos, según reza

nuestro programa político, «a consolidar la democracia en España» se ha producido por el siguiente

cúmulo de circunstancias. El presidente Suárez, de origen inequívocamente azul, y su Gobierno han

tomado hasta la fecha las siguientes iniciativas: convocar las primeras elecciones generales que se

celebran en el país desde hace ahora cuarenta años, legalizando a todos los partidos políticos que tienen

homólogos en el mundo occidental. Permitir el retorno de los penúltimos españoles del exilio y entre ellos

a individualidades tan conflíctivas —para un sector del país— como Dolores Ibárruri, Carrillo y Alberti.

Suprimir el artículo segundo de la ley de Prensa —con el borrón posterior de la ley antilibelo- y

enfrentarse directamente con el complejísimo problema del País Vasco y de la amnistía. Para completar

su activo hay que recordar que ha disuelto el Movimiento Nacional —que fue el ascensor de su carrera

política— y ha puesto el pie en México, tierra que no hollaba la España oficial desde que los republicanos

del exilio español la hicieron suya en el 39. Y por si quedasen dudas se ha iniciado el proceso de

reconversión del sindicato vertical en asociaciones libres de trabajadores y de empresarios y ha anunciado

el propósito de defender una nueva Constitución en las Cortes que resulten elegidas el próximo día 15 de

junio. Todos estos objetivos alcanzados ya por el presidente Suárez en su mayor parte, eran básicamente

los de la oposición democrática. Cierto es que los partidos de la Oposición pedíamos las cosas de otra

forma —más maximalísta—y con una participación nuestra más igualitaria y equitativa que la que se ha

conseguido en las negociaciones preelectorales. Porque ¿quién no se resistía y se resiste en el fondo de su

alma ideológica a llegar a la democracia de la mano de un ex ministro secretario general del Movimiento?

Pero cierto es también que ni los más antiguos de la localidad democrática esperaban que el presidente

Suárez llegase hasta donde ha llegado en ei tiempo que lo ha hecho. Y lo ha hecho por su propio riesgo y

ventura, sin tratar de capitalizar hacia sus decisiones el peso de la corona y luchando desde dentro del

sistema contra un entramado de intereses de todo tipo —y contra su propia historia— que harán de sus

memorias sin duda un best seller en el futuro del mundo editorial. En estas circunstancias se ha producido

la convergencia entre lo que representa el presidente Suárez y lo que representan los partidos liberales,

democristiano y socialdemócratas de la Oposición moderada. Suárez sin nosotros podía ganar, pero no

convencer. Nosotros sin él podíamos dar testimonio pero no podíamos ganar. En este compromiso

histórico, yo me permito anunciar que los partidos de la Oposición democrática no renunciaremos en

ninguna circunstancia al objetivo último de consolidar la democracia en España. Porque en este

compromiso lo único que no es negociable son precisamente las libertades públicas. Y dicho esto

admitimos que esta coalición electoral de Centro tiene numerosos handicaps y ha cometido errores

incontables de cara a la opinión politizada del país. Hay mil razones para no votaría y argumentos de toda

suerte para justificar esa decisión. Unos nos pueden acusar de fascistas y otros de compañeros de viaje del

marxismo, unos de tibios y otros de trepadores. Y así sucesivamente. Pero aquí pasa como en la

democracia. La Unión de Centro Democrático es quizá la peor de las opciones que se ofrecen al

electorado español... si se excluyen todas las demás.

 

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