Autor: Tusell, Javier. 
   Por la integración del centro     
 
 ABC.    07/12/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POR LA INTEGRACIÓN DEL CENTRO

La decisión del Consejo político de Unión d« Centro Democrático por la que se requiere a los partidos

que forman parte de ella su disolución en un cortísimo espacio de tiempo es, en mi opinión, una buena

noticia y no sólo para el presidente Suárez y sus colaboradores más inmediatos, sino, con toda

probabilidad, también para la propia democracia española, necesitada en ios momentos de su primera

singladura de grandes opciones y de claridad y decisión en los planteamientos. Unión de Centro

Democrático nació, como proyecto originario, en el seno de la oposición, y más concretamente de aquel

sector de la misma que ni deseaba un continuismo del régimen desaparecido ni tampoco contactos

excesivamente estrechos con la izquierda marxista. En el transcurso de su difícil gestación parece

evidente que los grupos que acabaron formando parte de ella cometieron errores importantes que podrían

resumirse ditiendo que, lejos de lanzarse a una actuación ante las masas de españoles potenciales

votantes, se embarcaron en una serie de disputas estériles a nivel de cenáculo madrileño. Por su parte, el

Gobierno, cuya colaboración se hizo lógica e imprescindible a partir de determinado momento, también

erró al no comprender hasta qué punto eran intenso* los deseos de cambio del pueblo español; su

intervención —brusca, desordenada y de última hora—• dio una imagen de Centro Democrático en plena

campaña electoral que. posiblemente, le hizo perder muchos votos. Así se llegó a las elecciones del 15 de

junio. El actual partido gubernamental parecía un conglomerado de pequeños grupos de ideologías

teóricamente contrapuestas, lo que fue aprovechado por sus contrarios para tratar de demostrar 1»

inviabílidad de su gestión en el Poder. La realidad es que existía una identificación de base en una serie

de principios fundamentales, y que ni la trayectoria biográfica de los dirigentes ni la concreción

programática de los idearlos establecía un obstáculo insalvable para una colaboración más estrecha. Sin

embargo, todavía existía la posibilidad de que el centro engendrara más de una opción política, en cuyo

caso hubiéramos podido tener un sistema de partidos con un consenso muy estrecho, semejante al de otros

países tic Europa occidental que practican desde décadas ei sistema democrático. Las elecciones del 15 de

junio hicieron desvanecerse esta posibilidad. El Centro Democrático obtuvo un número de votos

insuficiente como para engendrar dos o más opciones políticas, y el P. S. O. E. consiguió capitalizar en su

favor muchos de los votos que, en pura lógica, hubieran podido Ir a una Social Democracia de la que

muchos de los dirigentes socialistas se decían muy alejados. Hoy y ahora tenemos, pues, en España un

sistema de partidos en, gestación, con un consenso bastante distante del de las democracias europeas,

aunque todo haré pensar qwi, como úe hecho yn viene produciéndose desde hace algunas semanas, las

posiciones tenderán a acertarse. En todo caso parece evidente que quienes hacen un partido son ante todo

los electores, y éstos, lejos de enfrasearse en las pequeñas discusiones de la clase política, han optado

claramente por una seria de opciones que son precisamente las que el 15 de junio obtuvieron más votos.

A estas alturas, ¿para qué servían los partidos que forman parte d« U. C. D? La triste realidad es que para

nada; eran lo que, por emplear un» expresión utilizada por Ortega respecto de los liberales de su época,

podría denominarse como un «estorbo nacional». Su mera existencia impedía que naciera un gran partido

y daba la sensación de que fuera más importante, por ejemplo» disponer en Madrid de una docena de

Consejos políticos de diferentes organizaciones, destinados ante todo » despotricar cada uno de ellos del

resto, que una organización realmente funcional por barrios. Pero, además, como constantemente la

Prensa se hacía eco d« todas estas disputas, los partidos de U. C. D. bordeaban el camino de convertirse

—como el propio Ortega dijo también de los liberales de BU época— no ya en un estorbo, sino en un»

vergüenza nacional. Nadie parecía darse cuenta, quizá precisamente por estar en la etapa inaugural de una

democracia, de que muchos partidos estables de las democracias occidentales nacieron en su día de la

acumulación y vertebración de tendencias distintas: baste con citar los casos del C. O. P. E. L venezolano

o de la C. D. U. alemana por referirse sólo a partidos democristianos. Nadie, en definitiva, parecía muy

interesado en conocer I» opinión de quien, como es natural, debería haber sido el primer elemento a tener

en consideración: el elector centrista, desorientado y confuso ante e4 futuro más inmediato. Ahora, con la

asunción por parte del presidente del Gobierno de la conciencia de la necesidad de vertebrar sn propio

partido y con la inmediata disolución de sus sectores componentes, s« inicia el buen camino. Supongo

que habrá muchos a quienes la decisión disolutoria les resultará muy dura. Yo lea pediría simplemente

que miraran a su alrededor y, con toda seguridad, acabarán por darse cuenta de que ni una solución

democristiana, ni una liberal o socíaldemócrata. con carácter independiente, son viables en España. y que

el electorado centrista exige, incluso con angustia, la puesta en marcha inmediata de una solución

unitaria. Es hora y» de la competitividad entre lo* sectores y personalidades centristas en la acción y no

en la conspiración, Pero para que, como yo espero y deseo, acabe fraguando I*. C, D. como partido

unitario es necesario, desde la más alta cúspide, en estos delicados momentos, una actitud de generosidad

y concordia. De 1a disolucion no tiene que resultar nadie con conciencia de vencido, y no ha de servir

simplemente para situar en condiciones optimas a 1es ya mas proximas al Poder la democracia interna es

un requisito imprescindible y se ha de dar a cada socio el papel y la relevancia que tiene con esta actitud

asdad por ser que de manera cada vez mas percatoria , se impone caros una exigencia nacional --- Javier

Tusell

 

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