Autor: Tusell, Javier. 
   ¿Qué hacer con el centro?     
 
 Ya.    19/11/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

¿QUE HACER CON EL CENTRO?

La urgencia que tiene UCD de ser dotado de una vertebración ideológica y, sobre todo, de una estructura

interna de carácter democrático es puesta de relieve en este artículo por Javier Tusell, que hace un

llamamiento a la clase política de UCD para que responda asi a lo que muchos españoles votaron.

HACE unos días el autor del El presente artículo pretendió llamar la atención del presidente del Gobierno

y de sus más estrechos cola boradores acerca de la necesidad de que diera la mayor primacía en su acción

política a la constitución y puesta en funcionamiento de un partido político en el que se resumieran y

concretaran los aúnelos de millones de españoles que en su momento depositaron su voto a favor del

Centro Democrático. Ese partido debía, en el menor espacio de tiempo posible, ser dotado de una

vertebración ideológica y, sobre todo, de una estructura interna de carácter democrático. Tengo la

sensación de que esta opinión— no. desde luego, por otra razón que la de su absoluta y total evidencia—

se va imponiendo en los últimos días. Pero, como es natural, no sólo con la voluntad de unas pocas

personas va a ser posible ese gran propósito nacional. Es necesario qu« la. propia clase política del Centro

se ponga en disposición de aceptar con verdadero entusiasmo esta tarea. LA verdad es que, por desgracia,

en no pocas ocasiones esa clase política no ha estado a la altura de lo que las circunstancias y su propio

electorado demandaban de ella. Se han criticado—y. con razón— los modos gubernamentales en la

confección de las candidaturas en las pasadas elecciones, pero lo que con frecuencia se ha pretendido

ignorar es que •la impotencia del primitivo Centro Democrático derivaba de la inveterada tendencia de los

dirigentes centristas a perderse en estériles discusiones de cenáculo madrileño en vez de dirigirse con

entusiasmo y decisión al electorado. Ahora —en mi opinión—la clase política centrista está cometiendo

un error parejo. No tiene sentido, por ejemplo, la discusión en torno a cómo organizar e! Centro cuando lo

que hay qu« empezar por hacer es precisamente organizarlo. Se sugiere una federación d-? partídos y uno,

asombrado, se pregunta: ¿Cómo puede apreciarse que ése sea un buen medio para crear una fuerza poli-

tica, cuando lo más probable es que no sirva sino para construir bastiones personalistas o reductos de

marginados por la propia evolución del país? No tiene sentido, en segundo lugar, la discusión sobre la ho-

mologación internacional cuando de momento apenas si hoy existe partido que homologar y cuando seria

de una candorosa ingenuidad pensar que cualquier sector se iba a convertir, en cuestión de minutos, a las

ideas del otro. En última instancia no tienen sentido siquiera las luchas personalistas, pues, guste o no (y

al que esto escribe no le gustan algunos de los nombres de dirigentes centristas), el electorado los ha

encadenado para una vida pública común a través de su voto. LA clase política del Centro Democrático

debería, por tanto, dejar de buscar motivos nimios para pelearse sin fin y mostrar un deseo más vivo y

práctico de ponerse a trabajar. Debería establecer una fructífera competitividad en la acción organizativa

y no en la estéril conspiración. Sobre todo por una razón: la de que muchas de las actuales coordenadas"

de !a política española, y un especial del Centro Democrático, son simplemente inamovibles. En concreto,

por ejemplo, el liderazgo de Suárez. Incluso la política del Gabinete actual en el terreno económico y

social difícilmente podría ser otra no sólo por razones de pura aritmética parlamentaria, sino porque en el

momento en que estamos fundando una democracia el consenso no parece fácilmente alcanzable si no es

por un pacto como el def la Moncloa. Cuando, por ejemplo, el segundo partido en número de escaños

exhibe los modos de los que hace gala el PSOE, ¿hay otra fórmula para hacerle entrar en razón que

sentarlo a discutir sobre problemas concretos y que no se pierda en el vago mesianismo de un súbito

advenimiento del socialismo como bondad universal? SUCEDE, sin embargo, que en la tarea de dilatar la

constitución del Centro Democrático como partido sólidamente organizado los impedimentos surgen de

aquellos lados del espectro político a los que los líderes centristas no deberían, en ningún caso, prestar

atención. Muy recientemente el señor Silva ha descubierto las bondades de la derecha moderada y el

señor Fraga ha dicho que el partido en el Gobierno no es ni Unión, ni Centro, ni Democrático. Si se

examinan las tres afirmaciones implícitas en esta última frase, lo que parece evidente es que Alianza

Popular es precisamente la que no cumple los dos primeros requisitos (a pesar del afán posesivo del señor

Fraga hacia la palabra Centro), y en cuanto al tercero, vale quizá mucho más para sus dirigentes que para

los votantes. El señor Silva deberla ser consciente de que existe no sólo una muy notoria diferenciación

sociológica entre su electorado y el del Centro, sino que cualquier Intento de vertebrar una solución

política a base de vincular a UCD y AP Implica, por reacción, aquí y ahora, el Frente Popular. En España,

en 1977, no hay otra opción viable más a la derecha que UCD. Y si .verdaderamente Alianza desea

ofrecer una imagen de centro-derecha," debería no sólo abstenerse en la votación sobre la amnistía (lo que

fue meritorio y laudable), sino también adoptar otra actitud ante la Generalidad provisional y el pacto de

la Moncloa, ejercer la virtud política del mutismo y cambiar rápidamente a alguno de sus líderes. En

cuanto a la izquierda, sería deseable que los estrategas del Partido Socialista se dieran cuenta de una vez

de que es, por lo menos, improbable que descompongan a UCD y que además, en el hipotético caso de

que lo lograran, es definitivamente seguro que eso no iba a resultar útil a nadie y, por supuesto, menos

que nada a la democracia española. El PSOE ha pasado de considerar pura reacción el programa

económico del Gabinete actual a tratar de descomponer a UCD en base a él. Convendría que los ahora

destinatarios de las sonrisas socialistas tuvieran en cuenta que se puede hacer una política de centro

izquierda, pero lo que no se puede es pecar de complejo perpetuo ante el PSOE, sobre todo teniendo en

cuenta lo que, por el momento y para desgracia de todos, es. Aparte de que ese camino es el de una

esterilidad rápida después de una efímera popularidad. UNA porción importante del pueblo español ha

votado a Unión de Centro Democrático como partido unitario y tiene la esperanza de que, t~.no tal, se

construya cuanto antes. Por el respeto que merece quien verdaderamente ha de mandar, e incluso por

economía de esfuerzos, hasta ahora incapaces de ofrecer algo serio y solidó, la clase política del Centro ha

de saber responder a esta exigencia.

Javier TUSELL

 

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