Autor: Tusell, Javier. 
   El salmón de don Laureano     
 
 Ya.    21/09/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

El salmón de don Laureano

UNA de las poquísimas cosas divertidas que cuenta Laureano López Rodó, con su prosa habitúalmente

plomiza, en su libro "La larga marcha hacia la Monarquía", es que a esta operación política se le dio en

los medios próximos a Carrero Blanco el nombre de dicho pescado, pues no en vano requirió de una

paciencia benedictina. Lo curioso del caso es que el salmón—la Monarquía—deseaba ser pescada (mejor

dicho, instaurada), quien no quería o aplazaba constantemente su decisión para una mejor ocasión era el

pescador (Franco). Asi duró la faena todo lo que duró. EL libro de López Rodó es a la vez un libro de

historia que aporta algunos materiales inéditos sobre las relaciones entre Franco y la dinastía reinante hoy

en día y una defensa o potenciación del propio papel de su autor en el advenimiento de la Monarquía. Los

tres primeros capítulos tienen poco de original, a no ser la transcripción de algunos de los informes que

Carrero Blanco presentó a Franco sobre temas políticos de trascendencia. Se llega así a descubrir que la

influencia del almirante sobre el jefe del Estado fue muy anterior de lo que se creía y más decisiva de lo

esperado. Fue, por ejemplo, a través de Carrero como se produjo la defenestración política de Serrano

Súñer y fueron esos informes los que en muchas ocasiones justificaron tomas de posturas respecto de la

solución monárquica representada por don Juan. A partir del capitulo IV el libro st convierte en una

especie de memorias personales, de las que quizá lo más significativo que se desprende de su lectura es la

sensación de que están incompletas. O el señor López Rodó no se enteró de muchas cosas o ha decidido

no contarlas por e! momento. En efecto, frente a una abrumadora acumulación de noticias, a veces de

muy escasa trascendencia, uno encuentra a faltar muchas cosas de importancia que en principio había

esperado leer en este libro. Por citar una sola, la más obvia y lógica: la narración del enfrentamiento entre

Fraga y López Rodó con ocasión de la crisis de Matesa. Por supuesto, la existencia de Alianza Popular es

ia razón que explica este ocultamiento. TODAS las memorias, y so• bre todo las que se redactan al poco

tiempo de ejercer el poder, tienen mucho de autojustificativo. Es, pues, lógico que López Rodó se

dedicara en estos momentos a demostrar el papel importante que jugó en su día en el advenimiento de la

Monarquía en la persona de don Juan Carlos. La verdad es que nadie puede poner en duda que,

efectivamente, su protagonismo fue muy importante. Pero la verdadera pregunta de interés que cabe

hacerse es qué monarquía quiso López Rodó instaurar y hasta qué punto resultaba viable para España.

A los franquistas, respecto de este tema, se les puede acusar de muchas cosas, menos de haber mantenido

una postura cambiante. Ya en una fecha tan lejana como 1943 Carrero pensaba que el establecimiento de

una monarquía democrática no era sino una táctica empleada por turbios intereses extranjeros o por la

omnipresente (en opinión del almirante) masonería. Sin embargo, como el propio Franco, que nunca

compartió las proclividades republicanas de algunos de los elementos más azulados de su régimen,

Carrero se pronunciaba claramente por la Monarquía, Er 1945, cuando la postura de don Juan empezó a

decantarse ya claramente por la democracia, ya juzgó, por vez primera, que los consejeros del

pretendiente debían cambiar y su postura transformarse también en sentido radical, o, de lo contario, se

debía preparar, tías una educación conveniente, a su hijo para la tarea de reinar. En 1947 Carrero explicó

a don Juan que la monarquía prevista en la ley de Sucesión era "hereditaria selectiva", de tal manera que

si no se suscribían los principios fundamentales del Movimiento Nacional no contaba en nada la normal

trayectoria dinástica, PUES bien, esta interpreta* cion de la monarquía es la que desde el principio y sin

dudas suscribió Laureano López Rodó. La vinculación con Carrero, obvia, por otra parte, la prueba el

mismo político catalán cuando dice que "su fuerza política derivaba de la relación con el almirante que

llevaba a Franco mis notas, mis propuestas y mis proyectos". Cuando afirma que su entrada en la política

estuvo guiada por el deseo de contribuir al establecimiento de un Estado de Derecho e instaurar la

monarquía, ha de entenderse, pues, respectivamente, que lo que quería en realidad es consolidar la

dictadura elaborando su normativa legal, más o menos "liberalizada" (así, con comillas), y prolongarla

hacia el futuro mediante la monarquía "franquistizada". Por eso cuando, por ejemplo, narra la con-

versación que tuvo con don Juan en 1961, el lector se encuentra con una esperada apelación al realismo

de este último (era Franco quien tenía "la sartén por el mango"), así como una petición, no menos

previsible, de que abandonara sus consejeros demócratas. Por eso también en la narración que hace de sus

conversaciones con el actual Rey de España siempre le insiste en que los deseos de este último de

"ampliar la base" de sus apoyos no pudieran tener como resultado "derribar el pedestal" en el que se había

asentado su restauración. Difícilmente se puede enunciar de manera más clara el deseo de vincular la

monarquía con la clase política del franquismo. PARA que fraguara la monarquía que tanto López Rodó

como Carrero querían eran necesarias varias cosas: ?n primer lugar, marginar a os consejeros liberales de

don Juan y, en segundo y sobre odo, convencer a Franco, que •ra en quien, como es natural, esidía la

posibilidad de decisión. Lo primero fue relativamente fácil, dada la imposibilidad de acción de estos

sectores, a los que López Rodó, en conversaciones con don Juan, describía despectivamente como

"cesantes". La realidad es, sin embargo, que la monarquía que apadrinaban era, a la larga, mucho más

viable que la del ex ministro franquista, pero eso distaba mucho de ser evidente por aquellas fechas. Lo

que sí lo era es que el entonces jefe del Estado hizo muy poco para que la instauración de la Monarquía

tuviera lugar, Franco probablemente siempre pensó que la Monarquía era la mejor solución para España,

pero ni estuvo dispuesto a ceder su poder en vida ni a que aquélla tuviera una significación diferente de la

franquista. Por eso actuó con una "infinita parsimonia". En parte—no es menos cierto—esa fue siempre

su forma de comportarse: el propio Carrero decía, respecto de la formación de nuevos gobiernos, que "a

este hombre le cuesta mucho parir". En parte también jugueteó siempre con la posibilidad de elegir otro

candidato, quizá, en algún momento el propio Carlos Hugo o, mucho más claramente, su propio nieto

político don Alfonso de Borbón Dampierre, ya en los últimos años de su vida. El libro de López Rodó se

convierte, por tanto, en la narración de pequeñas pero incesantes intrigas para empujar a Franco a tomar

una decisión, mientras que éste, a punto siempre de decidirse, perennemente lo dejaba todo para mejor

ocasión. Lo curioso del caso es que los elementos que aparecen retratados como antimonárquicos o

antijuancarlistas en el libro de López Rodó (un Arrese o un Solís) nunca parecen haber desempeñado un

pape! verdaderamente relevante. LO que, logrado el objetivo de la sucesión de Franco en la persona de

don Juan Carlos, López Rodó no podía prever era, desde luego, el asesinato de Carrero Blanco. Es muy

posible que los historiadores del futuro tengan que mostrarse de acuerdo con él cuando afirma que supuso

"el fin del régimen de Franco", "un viraje acusado * irreversible" en un momento en que ya era declinante

la voluntad del fallecido jefe del Estado. Ante esa "desintegración" López Rodó manifestó, desde un

principio, el deseo de contraponerle un "frente político amplio", que luego, ante las elecciones, ha llevado

el nombre de Alianza Popular. SIN embargo, ha habido todavía un elemento más decisivo para que la

monarquía que López Rodó quería no se haya plasmado en ia realidad. A lo largo de las excesivas

páginas de este libro, si algo queda claro respecto a la figura de don Juan Carlos durante la vida del

general Franco es su soledad. El entonces Príncipe de España no estaba muy bien comunicado con su

padre, del que, además, discrepaba en ocasiones e incluso debió comunicar su condición de heredero de

Franco poco menos que por medio de una clave. Tampoco podía tener relaciones cordiales y

absolutamente sinceras con El Pardo, que le hacia esperar durante meses la concesión de una audiencia o

que le dejaba en ocasiones en situación de "no tocar pelota" (por emplear la misma expresión del ahora

Rey). Pero, junto a esa soledad, otra característica meridianamente clara del que sería monarca era la

voluntad de ser aceptado por todos. En definitiva, ha sido esta voluntad la que le ha permitido a la Corona

convertirse en motor del cambio hacia la democracia, frente a quienes, como López Rodó, querían una

monarquía franquista. Afortunadamente para la institución y para el país, no ha sucedido así, y ése es

quizá el factor más importante de que la transición haya sido pacífica. Un mérito indudable de López

Rodó es que, al menos por el momento, no formula reproches contra lo que objetivamente ha sido la

destrucción de su gran designio político.

Xavier TUSELL

 

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