Autor: Tusell, Javier. 
   La autocrítica de Gul Robles     
 
 Ya.    19/10/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

LA AUTOCRÍTICA DE GIL ROBLES

EN el pasado Congreso de la Federación de la Democracia Cristiana los asistentes recibieron un folleto

bajo el titulo "Análisis de una derrota", que lleva la firma cíe don José María Gil Robles. El gran político

democristiano demuestra en él, una vez más, hasta qué punto se ha sido injusto privándole de un escaño

en un Parlamento no sobrado precisamente de grandes oradores. Se nos aparece, además, con una cierta

capacidad autocritica, de la que ya había hecho gala en alguna de sus otras obra. Nos muestra de nuevo su

admirable tenacidad en la defensa de sus opiniones: "Mientras me quede aliento —afirma en sus páginas

finales—seré un luchador arrinconado de la Democracia Cristiana, pasajeramente vencida en un episodio

contingente." La lectura de las páginas de esta pequeño librito. como todas las de su autor, resulta, por

tanto, siempre sugerente en muchos sentidos. Pero creo que. a pesar de todo ello. RS muy difícil estar de

acuerdo con su diagnóstico del pasado y de; presente y con su proyecto estratégico para ei futuro.

EN cuanto al pasado inmediato, Gil Robles juzga que 1a derrota electoral de la Democracia Cristiana se

debe, «u parte, a factores que nadie negará,, como la escasa operatividad del Equipo Demócrata-Cristiano

o lo.s fallos en su propaganda, especialmente en televisión. Pero añade otros que a algunos pueden

causarle sorpresa. Quizás el más espectacular en este sentido es el qua se refiere a lo que el líder

democristiano denomina como "vacilaciones y contradicciones doctrinales". Como de ellas acusa, a. Ruiz

Giménez (habla du su "innata proclividad a hacer concesiones Innecesaria a la Izquierda" y ´Je su

"ilusoria" esperanza de disputarle votos a base de palabrerías radicalizantes y abrazos fraternales"), el

lector se pregunta -Hasta qué punto la dimisión del antiguo dirigente de la CEDA, antes de comenzar la

campaña electoral, no tuvo como principal motivo su incompatibilidad de caracteres con el ex ministro de

Educación. Más esperable era una rotunda condenación del Centro Democrático, a quien ge define como

producto del miedo, de la trampa electoral Incluso porcentuada en un 30 por 100» y "pacto de beneficios

mutuos", en el que. por ejemplo, los democristianos participantes no har. sido sino "un grupo de ha-

bituales de la disidencia.". Paro, aun siendo muy duras estas acusaciones, más lo son todavía las dirigidas

contra la Iglesia en la perdona de algún miembro de 3a jerarquía, al que se reprocha la "profunda

desorientación" causada por sus declaraciones y. sobre todo, contra el propio pueblo español, culpable de

no estar a la altura de las circunstancias por el poso de muchos años de dictadura y por "la poderosa

atracción de los cargos públicos" ejercida sobre su clase política, EL diagnóstico de! presente lo resume

Gil Robles en dos puntos principales. En primer lugar, a pesar de la apariencia, no hemos llegado todavía

a la democracia: "¿Cómo se atreverán a llamarse demócratas los que al dictado del niño que tes regaló las

actas están prolongando un autoritarismo personalista contrarío a la esencia d-e la democracia?" Kn

segundo término, la situación a« peligrosísima, porque no.- amenaza una izquierda potentísima, que ha

sido engendrada por los propios errores de! Centro en laa elecciones: "El vencedor no ha sido el

conglomerado híbrido continuador moderado del sistema franquista, sino el marxismo." •Y el futuro? Gil

Robles lo (f * ve muy difícil, por supuesto, para el país y cree que. la solución está en una Democracia

Cristiana auténtica, que sea capaz de superar las dificultades del presente y construir una fuerte

organización Imprescindible para cuando se produzca el1 colapso del Centro. Esa Democracia Cristiana

parece—por lo que el mismo Gil Robles dice en su folleto- alejadisima de Izquierda Democratica. pero

exactamente lo mismo del Centro. En efecto. es muy posible que una parte considerable de los

colaboradores de! señor Gil Robles piensen que constituir- un partido demócrata cristiano al margen del

partido en el Gobierno es la mejor fórmula para negociar !a propia integración en él. Pero don José María

Gil Robles esta desde luego muy lejos de esta opinión.

Javier TUSELL

EN mi opinión, el señor Gil Robles en toda esa exposición aprensa bien algunos de los que han sido

defectos de planteamiento de la Federación de la Democracia Cristiana, aunque a veces no llegue a darse

cuenta perfecta de la gravedad de los miamos: recuerdo-, por ejemplo, que en determinado momento se

planteó en su propio partido (no en el del señor Ruiz Giménez) la posibilidad de caracterizarlo como

revolucionarlo en lo que a mí me parecía como flagrante contradicción con toda la trayectoria personal de

su presidente. Pero quizás el fallo estratégico mas considerable del señor Gil Robles esté en la pregunta

que se hace a si mismo en otro momento: "¿Fui demasiado rígido tsn relación con lo que tantos han

calificado de estéril puritanismo?" Su propia respuesta distingue entre ¡os "profesionales de la acrobacia

política" y las masas que aceptaron en su día el franquismo, respecto de las cuales nunca exhibió ninguna

intransigencia. Pero la realidad es que ésta existió y que habiendo podido don José María en su día (no ya

ahora, un año después) ser el protagonista principal da una greca convocatoria nacional a un partido

demócrata cristiano quedó aislado de los sectores evolucionistas tanto como de una oposición

"coordinada", en la que su perspicacia no la hizo ver ningún resultado válido. El resultado fue un gran

presidente para un partido de tan solo tres o cuatro centenares de miembros, que nada podía representar

en una contienda electoral, DON José María Gil Robles es en estos momentos, como consecuencia de

«ste, en mi opinión, erróneo planteamiento, la muestra más palpitante de una gravísima Injusticia histó-

rica, cometida por el electorado español, y de una grandeza en el aislamiento de la que evidentemente

carecen muchos personajillos marginados de la vida pública española por los avalares de los últimos

meses. PERO, para concluir, ¿se puede decir que mi postura sea verdaderamente útil a los españoles en

general y en particular a los que coincidimos con él en algunos principios fundamentales? No seré yo

quien niegue los evidentísimos males y deficiencias del Centro Democrático, pero si la política es el arte

de elegir entre dos inconvenientes, como yo le ha oído decir más de una vez al ilustre ex dirigente de la

CEDA, ¿no será lo más lógico tratar de transformarlo desde dentro en vez de esperar su derrumbamiento

apocaliptico mientras se ejercita el, a pesar de todo, entretenido ejercicio del despellejamiento? Un gran

historiador qu« en su día colaboró con el señor Gil Robles decía que era un gran táctico sin estrategia. Yo

siempre me he rebelado contra esta afirmación, pero pienso ahora que tos historiadores del futuro podrían

defender su validez, caso de que su postura no cambie. Y ello seria lamentabilísimo por la ejemplar

trayectoria personal y las enormes cualidades humanas del señor Gil Robles.

Javier TUSELL

 

< Volver