Autor: Medina González, Guillermo. 
   Todos contra el centro     
 
 Informaciones.    19/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Por Guillermo MEDINA

FRENTE A LAS TENDENCIAS A LA BIPOLARIZACION. EL CENTRO DEBE AFIRMAR

SU PROPIA IDENTIDAD

Sí hay que volver nuevamente sobre el problema de! centro es porque la orientación y el

contenido que finalmente tome éste condicionará decisivamente el cuadro político en el que va

a decidirse e! futuro del país. Durante las últimas semanas «la cuestión centro» polariza el

debate y la crónica política. Hombres políticos y comentaristas, a derecha e izquierda, dedican

discursos y artículos no a hablar de sus propias posiciones, sino a arremeter contra Suárez y el

centro; mientras, los hombres de la U.C.D., salvo excepciones, permanecen silenciosos ante

ocasiones de contraatacar que sus detractores ofrecen en bandeja. El punto esencial de la

lucha política en estos momentos es el conflicto abierto entre las tendencias a la bipolarización,

en detrimento del centro, y los esfuerzos por consolidar éste, decatándolo de la derecha y de la

izquierda. Tienen, pues, motivo de preocupación quienes piensan que objetivamente, a!

margen de la idoneidad o no de las formulaciones que adopte el centro, la existencia de una

tercera opción, capaz de representar la gran masa flotante, pero no indiferente, entre la simple

continuidad y una izquierda mayoritariamente marxista, es vita! para la continuidad del proceso

democrático en España.

¿EXISTE EL CENTRO?

Durante los últimos días se han hecho afirmaciones públicas que, extrañamente, no han tenido

réplica por paite de los líderes de U.C.D. Mientras el P.S.O.E. eleva a categoría el conflicto con

Suárez, haciendo de! anticentrismo un argumento esencial de su campaña, desde posiciones

de izquierda se sostiene que, «hoy por hoy, en función de las posibilidades electorales, su

adversario principal (de !a izquierda) no es la derecha neofranquista, sino el centro

gubernamental» (1). Desde el mismo ángulo se afirma que e! objetivo número uno es

«neutralizar e! centro» y presentar la alternativa de una «candidatura unitaria democrática»,

eufemismo que elude una expresión más clara del mismo concepto. También desde la

izquierda se afirma que e! franquismo es uno, y trino en sus formulaciones, una de las cuales la

propia U.C.D., que los dos «franquismos respetables» (A.P. y U. C. D.) se potencian

mutuamente y se atacan en una especie de simulacro para engañar ai electorado, repartirse los

votos y poner fin a la farsa tras las elecciones (2). Pasemos a la derecha y veremos negar la

existencia de un centro diferenciado con no menos fervor que lo hace la izquierda. «Creo que el

verdadero centro, se diga lo que se diga, es Alianza Popular», afirma López Rodó. Y agrega

Ruiz Gallardón: «¿Qué decir de la ideología centrista? Pues, sencillamente, que no existe. Ni

una sola línea programática fundamental de ese centro le es propia y peculiar. La reforma

estuvo y está en los grupos que capitanea el señor Fraga. El centro copia y todo lo más echa

agua al vino» (3). Y e! propio Fraga se reclama defensor inveterado de las clases medias y

escribe: «Defiendo el centrismo político, y me considero a mí mismo hombre dei centro» (4).

No queda ahí ía cosa. Desde actitudes no encasillables a derecha e izquierda se ataca

igualmente la formulación de la U.C.D. Darío Valcárcel escribe que «no es difícil hacer un

vaticinio: pública o secretamente, habrá antes de las elecciones un pacto entre la Alianza

Popular y la Unión del Centro» (5), No faltan centristas para los cuales el centro «es una opción

coyuntura!», mientras otros, demócratas sinceros, confiesan en privado («no es esto, no es

esto») que va a poner poco entusiasmo en defender públicamente las usías de !a U.C.D. en la

que están incluidos. «Centristas históricos» enfadados, desplazados, automarginados, se

refugiar en una actitud de tan alto significado testimonial como escasa eficacia política. En fin,

e! propio Alvarez de Miranda escribe con honestidad: «Hay que confesar que la coalición de

centro no tiene una ideología demasiado definida.» Basta, ciertamente, comprobarlo en unos

carteles publicitarios que definen al centro por exclusión de derecha e izquierda. ¿Qué pensar

de todo esto? Que no contribuye a disminuir la desorientación y la confusión; que refleja la

expansión de tendencias centrifugas; que las críticas a la U.C.D. encuentran apoyo en hechos

recientes, pero que hay mucho de proceso de intenciones, de picoteo de votos en un centro

erosionado y hasta de claves personales; que después de haber impedido una alternativa a su

derecha, Alianza Popular busca el voto moderado («rícupero a siniestra», llaman los italianos a

esta operación clásica); que hay hombres de la U.C.D. que después de haber partido de

agudos contrastes con A. P., acortan las distancias. Hay quienes hablan ya de bípolarizar las

próximas elecciones municipales, hay quienes advierten sobre una unión de la izquierda que no

se ha producido y que no hay indicios claros de que se producirá, para proponer a continuación

una especie de «unión preventiva» de! centro y la derecha.

ALIANZA Y LA UNION DEL CENTRO: ¿LA MISMA OPCIÓN?

Todo esto me parece insensato, y a ello hay que añadir cierto estupor ante la división y

pasividad de los responsables del centro ante !a depredación del espacio político que

representan. En este país puede haber muchas sorpresas después de las elecciones, y no seré

yo quien niegue la posibilidad de una convergencia entre e! centro encabezado por Suárez y la

Alianza dirigida por Fraga. Todo puede suceder. Pero si el país se bifurca y el centro contrae un

raquitismo incurable, entonces se frustrará una nueva oportunidad histórica de concordia

nacional. Ni la derecha fiel al franquismo ni la izquierda que conocemos, son centristas; en

estas condiciones, pretender que aquí y ahora dos grandes partidos podrían configurar una

situación como la alemana o la británica es tan pueril que sería visible si no fuera por la

peligrosidad de semejante teoría ¿Hay posibilidades de pacto, de alternancia en el poder entre

Fraga y Felipe González, entre Torcuato Lúca de Tena y Tierno, entre Carlos Arias y Carrillo?

La unión del centro y de la derecha probablemente se haría bajo el predominio de la derecha,

estimularía la unidad de la izquierda y estaríamos ante la terrible bipolarización. Entre una

izquierda defraudada, hostigadora, reivindícativa, desconfiada y radicalizada, y el ejercicio

continuado del Poder por una derecha tradicional y conservadora, sólo habría un exiguo centro

testimonial sin fuerza de arrastre político; de nuevo los liberales y reformadores serían vencidos

por una dialéctica de dos Españos encontradas. Si A.P. y la U.C.D. son la misma cosa,

entonces la suerte está echada y pierde la democracia. Si antes o después de las elecciones

hay «síntesis» A.P.U.C.D., entonces o no hay Constitución o ésta será incapaz de dar cobijo a

izquierda democrática. Si la U.C.D. es el recurso de unos avispados —con comparsas ds

demócratas sinceros— que creen inservible la opción del franquismo tradicional y buscan una

forma de legitimación de viejos privilegios, entonces apaga y vamonos. Sería un fraude, !a

frustración de una esperanza, un error imperdonable Por todo eso urge una identificacion del

centro frente a izquierda y derecha, frente a ésta sobre todo. Está muy bien lo de «no ser

antifranquistas ni antimarxistas», pero no campea la duda sobre e! no marxismo de los

hombres de! centro, sino sobre su no franquismo. E! centro no puede ser una mera y

oportunista «opción coyuntural». Es un espacio con electores y con candidatos, pero falta mili-

tancia, falta organización partidaria; debe definir una respuesta a los problemas concretos del

país y valorar los ingredientes ideologicos —liberales, socialdemócratas, demócrata-

cristianos— que hoy figuran en un segundo piano. Alianza Popular y U.C.D. no son hoy —pese

a los errores atribúibles a los promotores de esta última— la misma opción, como sostienen

tantos detractores de! centrismo capitaneado por Suárez. Ni lo serán si éste es consciente de

que su personalidad como líder político no nació en S. G. del Movimiento, sino asumiendo

abiertamente la democratización de! país y el objetivo de una nueva Constitución, y

manifestando claros contrastes con una A.P. que le ha hecho objeto de duros ataques. Suárez

en la derecha sería devorado por otros.

RELANZAR EL CENTRO

Hay quien me atribuye que la opción Suárez y la opción Fraga se parecen como un juego a otro

juego. En primer lugar, yo no he escrito «Fraga o Suárez», sino Alianza Popular o Suárez. El

matiz es importante, porque no hay que identificar a Fraga con Alianza ni al centro con Suárez.

Eso es una simplificación de quienes tienen interés en identificar a la opción derechista y a la

centrista, que es una forma de descalificar a esta última frente a sus electores más genuinos.

No seria honesto negar a Fraga la posición centrista que tuvo en tiempos, cuando era aliado de

Pío Cabanillas y de Areilza, y cuando algunos demócratas que hoy le atacan acudían a la

Embajada de Londres. Pero hoy Fraga aparere identificado con los albaceas del franquismo, y

afirmar que se puede ser franquista y centrista me parece una burla. Las posibles coincidencias

actuales o pasadas entre Suárez y Fraga no pueden llevar a la confusión entre U. C. D. y A. P.

La historia reciente de este país es rica en anécdotas personales sobra ios cruzamientos de

biografías, pero no parece justo ni deseable mirar al pasado o personalizarlo todo. Vayamos a

diferenciaciones objetivas. Mientras A. P. rechaza —no hace falta mayor demostración— la

legalización del P. C. E., Suárez ha tenido que enfrentar los mayores riesgos políticos por este

motivo. Mientras A. P. plantea un programa económico drásticamente estabilizador, que no

puede sino hacer inviable la posibilidad de un pacto económico-social, sólo el centro puede

plantear el tipo de reformas con que obtener a cambio la paz social en una política

antiinflacionista. Pero aparte otros, hay un punto esencial de diferenciación entre A. P. y

U.C.D.: el carácter constituyente que el centro dará a las próximas Cortes. ¿De verdad, se

parecen la Alianza y el centro como un huevo a otro huevo? Carrillo sabe bien las diferencias y

las consecuencias del triunfo de una y otra opción, y no se recata en mostrar preferencia por el

centro. Unos llaman a eso oportunismo y aun entreguismo, pero yo prefiero llamarlo sentido de

la realidad y estrategia política hábil. Hay que invitar a los hombres del centro a que se

identifiquen con sus ideologías genuinas y a que desde éstas inicien una ofensiva política que

les permita enlazar con su electorado. Y a quienes desde el centro político critican el centrismo

de Suárez, pues que plantean una alternativa de signo inequívocamente centrista. Unos y otros

tienen que superar e! complejo que les ocasiona la «acusación» de no ser «ni chicha ni

limoná». Hay muchos españoles a quienes nos les gustaría madrugar con la chicha de la

izquierda ni desayunar con la limoná de la derecha, y unos y otros tendrán que agruparse

después de las elecciones en lo que entonces sí será una plena unión del centro que no se

destroce ahora.

(1) Francisco Diez del Corral: «Diario 16», 29 de abril.

(2) Francisco Rubio: «Diario 16».

(3) José María Ruiz Gallardón: «A B C», 6 de mayo,

(4) Manuel Fraga: «El País», 27 de abril.

(5) Darío Valcárcel: «El País», 7 de mayo.

 

< Volver