Autor: Calvo Hernando, Manuel. 
 Habla Bustelo ministro de Energía. 
 Tenemos que cambiar de vida     
 
 Gaceta Ilustrada.    22/07/1979.  Página: 37-40. Páginas: 4. Párrafos: 47. 

Habla Bustelo, ministro de Energía

TENEMOS QUE CAMBIAR DE VIDA

Sorprendentemente, de manera sincera, Carlos Bustelo, plantea a nuestro compañero Pedro Calvo

Fernando lo que es casi una situación límite. La sociedad desarrollista de los años sesenta es sólo un

espejismo del pasado.

El petróleo nos está matando.

Al español medio le preocupa más —o le interesa más— el precio de la gasolina o las restricciones de

productos energéticos que la marcha de los debates del Estatuto Vasco, pongo por caso. Nuestros

compatriotas van intuyendo eso de que se ha terminado el despilfarro y la época de las vacas gordas.

Todos estos problemas, así como los de la empresa pública y la crisis general de los sectores industriales,

se plantean en esta conversación con Carlos Bustelo. El ministro es hombre de ideas claras y partidario de

soluciones sinceras y eficaces. Huye tanto del falseamiento de la situación como de la caída en un

excesivo pesimismo. Los años pasados en Europa y en América le prestan una dimensión superadora de

pequeños prejuicios y una visión bastante universalista de los problemas de la política y de la economía.

Las medidas adoptadas tienen un sentido mucho más profundo que el que aparentan.

«La energía nuclear plantea problemas adicionales nuevos, cualitativos y cuantitativos»

Al reaccionar tan rápidamente a los aumentos de precios decididos por la OPEP el 28 de junio, hemos

tratado de evitar que una vez más el país quedase pasivo, como ocurrió en 1973, mientras todos los demás

reaccionaban. Como nosotros hemos estado un poco paralizados, ahora los demás países tal vez no tengan

que reaccionar de forma tan dramática como el nuestro. —Pero algo más se habrá propuesto el Gobierno

al adoptar unas decisiones que el propio ministro responsable califica de dramáticas... —Sí, queremos

lanzar a la sociedad española un mensaje en profundidad muy grave: que se avecina una época bastante

prolongada de dificultades crecientes para todas las sociedades industriales. Este es un momento de crisis

importante. Los precios de la energía tal vez sea lo más aparatoso de esa crisis. La economía occidental

—excepto la americana— sale bastante planchada de la Segunda Guerra Mundial. Viene una gran re-

construcción en los años de la posguerra y un gran éxito en los años cincuenta y sesenta. Nosotros no nos

enganchamos ahí hasta el año 59, y el país éste pega un gran cambiazo en los años sesenta. De ahí surge

una inercia en que se cree que todo va a ser fácil. Es la época de la energía barata y abundante, del

crecimiento acelerado... —Y de pronto, señor ministro... —Pues de pronto todo esto pega un frenazo

tremendo en 1973. A partir de 1975 y 1976 parece que comienza una recuperación. Se produce un exceso

de oferta sobre demanda en los mercados del petróleo. En 1978 los precios relativos de la energía bajan.

Y renace un cierto optimismo. La OCDE dice que vamos a crecer al 5% y que Estados. Unidos y el Japón

van a tirar de la economía mundial. —Y otra vez, de pronto... —El golpe del Irán. Irán estaba exportando

ocho millones de barriles diarios, antes del Jomeini. Pero cambia su modelo económico, dice que no le

interesa un crecimiento acelerado y puede vivir perfectamente a los precios actuales exportando sólo

cuatro millones de barriles diarios. Y cambia radicalmente aquella situación casi equilibrada de oferta y

demanda mundiales. —Asi que los Gobiernos españoles posteriores a 1973 no habián reaccionado frente

a la primera crisis y además a la sociedad española se le había ocultado la gravedad de los problemas, de

forma que muy dificilmente podia tomar conciencia de ellos. ¿Ya no va a suceder más? —La verdad es

que en los años 77 y 78 parecía que el problema energético tendía a suavizarse. Por otro lado, en España

hemos tenido un cambio dramático de la balanza de pagos, con un superávit grande, con una revaluación

de la peseta respecto al dólar, que es la moneda en que se factura el petróleo. En descargo de esos

Gobiernos hay que decir que, a la vista de esas circunstancias y si no hubiera ocurrido ío del Irán, la

situación no era demasiado angustiosa. Es en 1974 cuando se tenían que haber adoptado las medidas más

drásticas. Como entonces no se hizo, razón de más para hacerlo ahora. Ya sé que trasladar los aumentos

de los crudos a los precios de consumo tiene un coste político importante: de ahí la tentación de demorar

las medidas de reacción. —Has dicho que vendrán bastantes años con todos estos problemas sin resolver.

¿Quiere eso decir que podemos ir dando por muerto ese tipo de sociedad que habíamos vivido en los

últimos años y que tenemos que ir pensando en adaptarnos a otro modo de vivir? —Yo creo que a medio

plazo, sí, porque la época del crecimiento acelerado ha terminado. La economía española, entre los años

1960 y 1973 creció al 7% anual o incluso más. Un crecimiento acumulativo de ese calibre soluciona

muchos problemas y muchas tensiones sociales. Nuestro entorno internacional también crecía muy de

prisa, y teníamos la válvula de escape de la emigración. Pero yo confio en la capacidad de ajuste de las

economías capitalistas, de las economías de mercado, y confio en el .progreso tecnológico. Hasta 1973,

con el precio del petróleo que no llegaba a los dos dólares el barril, no había ninguna razón aparente para

dedicar recursos a la investigación de nuevas fuentes energéticas. Pero ahora todo es diferente y yo tengo

una gran confianza en la capacidad de ruptura tecnológica de las grandes economías industriales. Pero

pasa mucho tiempo hasta que los progresos tecnológicos alcanzan un nivel de explotación comercial y

económica suficiente. —Entonces hay que prepararse para un modo de vida distinto... —Si, pero no sólo

en España sino en todo el mundo occidental se va a producir un cambio profundo de formas de vida y de

relaciones de producción. Y más si a todo eso añadimos la situación en que se encuentra la economía

española, la necesidad de reconversión industrial, la herencia del sistema económico anterior interven-

cionista y autárquico. —¿Y todo ese reto, ese gran cambio, va a suponer de alguna, manera un cambio en

el sistema político y socioeconómico de los Estados democráticos? —Eso es mucho decir. Desde la

Segunda Guerra Mundial, los países de economía de mercado han demostrado que son Eos más eficaces

para resolver los problemas que se plantean. Hablamos de la crisis que se plantea en los países occiden-

tales por el nuevo encarecimiento de la energía, pero no hablamos para nada de los países de economía

centralizada o de planificación, cuando realmente están en una situación de desarrollo económico mucho

más retrasado. Yo no pensaría que todo esto vaya a suponer una crisis del sistema político-económico-

social del mundo occidental. Otra cosa es que hayan de producirse ajustes importantes en esos países

democráticos. La subida del precio de ¡a gasolina es lo más espectacular tal vez de las medidas del

Gobierno. Pero quizá sea una decisión más drástica la reducción -de los suministros defuel y gasóleo para

calefacciones y otros usos domésticos. Por eso le pido al ministro de Industria y Energía que nos hable un

poco de las dos cosas. —La subida de la gasolina produce el impacto psicológico más grande, porque el

automóvil es la gran conquista de la sociedad occidental y un instrumento de libertad del hombre. Por eso

hay que garantizar su uso. En cuanto a la reducción en un 20% del consumo de combustibles domésticos,

afortunadamente en España tenemos la ventaja de un clima mucho mejor que en otros países. La verdad

es que en España hemos mantenido los consumos para calefacción muy elevados y con derroche. Aquí si

hay un margen importante dé ahorro. Yo vivo en una casa de pisos de funcionarios del Ministerio de

Comercio donde siempre el problema es abrir las ventanas porque la temperatura se pone por las nubes.

La reducción del consumo en un 20% no va a afectar a los índices ni de salud ni de confort de los

españoles. —Otro tema es el de la drástica subida —un 21%— de las tarifas eléctricas. ¿No es una exa-

geración? —El sector eléctrico ha funcionado bien es España desde la guerra civil. Si hubiera que poner

un ejemplo de sector privado que ha cumplido sus objetivos, ese es el sector eléctrico. Este país ha

pegado un salto enorme en consumó eléctyrico, y el sector le ha hecho frente con sus inversiones

hidráulicas, térmicas y, últimamente, nucleares. —Y así llegamos a la polémica sobre la energía nuclear.

—España no está en condiciones de hacer frente a la demanda de energía que plantea nuestra sociedad sin

hacer un gran esfuerzo en el sector de la energía nuclear. Ni nuestros recursos hidráulicos y de carbón, ni

las grandes energías alternativas con las que todos soñamos porque son renovables y no contaminan

(como la energía solar), pueden ser la solución. Tendrán que pasar dos o tres décadas para que lleguemos

a esas otras energías, por lo que mientras tanto no hay más camino que la nuclear. —¿Y eso a pesar de los

grandes peligros que se atribuyen a las centrales nucleares? —Es verdad que el uso pacífico de la energía

nuclear plantea grandes problemas psicológicos. La energía eléctrica surgió como una gran fiesta,

mientras que la nuclear nace con las explosiones de Hiroshima y Nagasaki en la Guerra Mundial. Pero si

venios la historia de la utilización pacifica de la energía nuclear desde los años cincuenta hasta ahora, la

verdad es que no hay explicación para ese miedo un poco apocalíptico y psicológico que provoca. No ha

habido grandes catástrofes, mientras que si se han producido en obras hidráulicas y en las centrales

térmicas. —Pero en todo caso, habrá que cuidar especialmente todo lo relacionado con esa utilización de

fa energía nuclear... —Es una energía nueva, qué plantea problemas adicionales nuevos, cuantitativos y

cualitativos. Me pregunto si la empresa privada, que está concebida para otro tipo de retos, estará en

condiciones de hacer frente a la utilización de esta nueva fuente de energía. Hay problemas de dimensión,

de cuantía de las inversiones necesarias para las centrales electro-nucleares, hay problemas de seguridad,

hay una cierta prevención de la sociedad. Es claro que no hay ningún Gobierno en el mundo que esté en

condiciones de imponer un programa nuclear a una sociedad que no lo quiere. Hay un problema político,

social, psicológico de convencer a los ciudadanos de que esta energía se va a utilizar reduciendo al

máximo ios riesgos. los cuales no van a ser mayores que los de una gran petroquímica o los de ía

utilización del gas. Lo que ocurre es que cuando los peligros son conocidos se asumen mejor. —¿Cuándo

se aprobará el Plan Energético Nacional? —Espero que lo apruebe el Congreso de los Diputados en las

próximas semanas, después del excelente trabajo que ha realizado la Comisión de Industria y Energía, con

la participación de todos los partidos políticos y de muchos expertos. Y vamos a explicar a la sociedad

española que las centrales nucleares van a pasar por toda clase de controles y de filtros, con un Consejo

Nacional de Seguridad Nuclear, lo que ha de garantizar al máximo el tema de la seguridad. Si Hel-mut

Schmídt dice en Alemania que la energía nuclear es absolutamente vital, en un país tan poderoso como

aquél, o cuando Giscard d´Estaing acelera el programa nuclear francés, o cuando Inglaterra sigue con su

programa, pese a sus grandes yacimientos petrolíferos del Mar del Norte, o cuando Estados Unidos, a pe-

sar del accidente de Harrisburg, sigue también con su programa nuclear, sería absolutamente injustificable

y ridículo que en España un Gobierno timorato Jo paralizase. —Se ve que el ministro de Industria y

Energía no está dispuesto a asumir la responsabilidad de dar marcha atrás en el tema de las nucleares... —

España es uno de los países más vulnerables y dependientes en e! terreno energético. Es precisamente en

el terreno nuclear en el que hemos conseguido una cierta independencia, una tecnología. Nuestras

centrales nucleares, en un 80% están construidas en España. El sector de bienes de equipo nucleares ha

tenido un desarrollo sorprendente. Sería una grave responsabilidad echarse para atrás por problemas

políticos o regionales, pues también en España el programa nuclear es absolutamente necesario. Pero eso

sí, con todas las garantías posibles, a través del control parlamentario, de los de los partidos políticos, de

los entes autonómicos. Si ahora diéramos marcha atrás, dentro de cinco o diez años pagaríamos un

altísimo precio en reducción drástica de nuestro desarrollo económico. Pero el campo de las

preocupaciones —o de tas «obsesiones», como él dice— de Carlos Bustelo es mucho más amplio, aun sin

salir de su Ministerio, cuyas competencias, por ejemplo en Italia, están repartidas en tres o cuatro Ministe-

rios distintos, y e» seis o siete en los países del Este. Confiesa que esa acumulación de problemas agobia

un poco, pero a él personalmente rio se le nota agobiado. —Hemos hecho un repaso de los problemas de

la energía. Pero no hay que dejar de lado el tema de la empresa pública y de la reconversión industrial. —

Lo del INI me obsesiona. Es uno de los grandes problemas que tiene el país, aunque se haya venido

ocultando el enorme problema financiero del Instituto Nacional de Industria y de las empresas públicas.

En los últimos cuatro o cinco años se ha producido un enorme deterioro de la estructura financiera del INI

39 Hay que plantearse el problema de su saneamiento a un plazo de tres a canco años. Las crisis de la

construcción naval, de la siderurgia y del carbón han repercutido muy negativamente en la marcha del

INI, que ya se había embarcado, normalmente por instrucciones del Gobierno, en proyectos y en

programas de inversiones para los que no tenían medios. Creo que ya he convencido al Gobierno de la

necesidad de ese saneamiento. Lo primero es cuentas claras a través del Congreso y del Presupuesto,

desde unas bases de austeridad, a lo que la empresa pública no está acostumbrada, ya que siempre la

salvación del déficit venía con el suplemento de crédito o crédito extraordinario" que hiciera falta. Que la

sociedad decida sobre el destino del INI. —Directamente relacionado con esto, tenemos ef problema de

los sectores en crisis y de la reconversión industrial, que parece la tercera gran «obsesión» del ministro

Bustelo. —Desde el final de la dictadura y el principio de la democracia, la sociedad no ha sido

consciente de cuál es el problema industrial de fondo, pues en caso contrario no se hubiera producido esa

huida hacia adelante de demandas y de exigencias de toda clase de bienes sociales, creyendo que este país

tenia una economía tan sana como para dedicar un gran esfuerzo en materia de educación, por poner un

ejemplo. El problema industrial es gravísimo. Es necesaria una reconversión de los grandes sectores

básicos. Si no lo hiciéramos, dentro de pocos años no habría dinero para financiar la seguridad social, la

educación, las guarderías, los parquecitos, ni nada. Si no hay una industria viable que produzca

beneficios, no hay nada que hacer. —¿Cuáles son los sectores industriales más necesitados de atención?

—La siderurgia, la construcción naval, todo el sector del metal, los bienes de equipo, necesitan una ayuda

grande en forma de recursos públicos, de financiación oficial, sin lo cual en el plazo de unos años nos

encontraríamos con una situación industrial que ni acceso al Mercado Común ni nada; podemos

encontrarnos con una recesión industrial que haría imposible cualquiera de los otros objetivos de la

sociedad española. De repente se lanzaron los problemas ecológicos o el de que todos los profesores de

EGB tenían que estar muy bien pagados, pero si no hay una industria que funcione, al final eso no lo paga

nadie. Y llega el alcalde de Barcelona o Tierno, que dice que vamos a hacer una ciudad llena de arbolitos,

pero oye, eso de los arbolitos al final lo tiene que pagar alguien. Hay que responsabilizar a la sociedad

española de que ha habido mala suerte, que el final de la dictadura ha coincidido con una de las grandes

crisis económicas, tan grande como la de los años treinta, y eso hay que asumirlo y retrasar algunas de las

importantes y justas demandas de la sociedad española. Hay poca gente que se da cuenta de esto.

El ministro se entusiasma hablando y casi no me deja que yo le pregunte. Resisto unos minutos, pues lo

que perdamos en orden lo ganamos en espontaneidad. -Después tenemos el tema de las autonomías, que

ya sería un problema muy complicado en una situación económica normal. ¿Qué coste, en términos

económicos, tienen las autonomías, en un momento en que nos encontramos en un importante bache que

va a durar bastantes años? Va a haber en el mundo occidental un aumento, del paro, un crecimiento más

lento, más inflación. Y nosotros añadimos la construcción de un nuevo Estado, las autonomías, la

exigencia de todo lo que no hemos tenido en los últimos años. Y económicamente eso no es posible. La

energía, la empresa pública y la reconversión industrial son las tres grandes obsesiones socioeconómicas,

de Carlos Bustelo. Pero no podíamos dejar así las cosas. —El ministro tendrá, sin duda, algunas otras

«obsesiones» en el terreno político, por ejemplo. —Mi obsesión política desde siempre ha sido la de la

libertad. Como a cualquier demócrata, ahora me obsesiona que la situación económica no lleve al traste el

nuevo régimen de libertades que tanto nos ha costado construir. —Se dice que Bustelo es más

socialdemócrata que del partido UCD... -No, yo soy de UCD. Yo vengo de la oposición democrática, en

la que estaba desde mis primeros años de Universidad, más bien en la línea socialista o socialdemócrata.

Después llegué a la UCD a través del Partida Social Demócrata. Pero yo creo que eso está ya un poco

pasado. Las diferencias de opinión dentro de UCD son las normales en cualquier partido. Pero en estos

momentos no se puede hablar ni de tendencias ni de alas en UCD. Hay posturas personales en problemas

concretos, pero no creo que haya, ni mucho menos, las diferencias que puede haber en el PSOE, por

ejemplo. Quizá por estar en el Gobierno y por haber ganado las elecciones por segunda vez, todos somos

conscientes de que los problemas de este país exigen estar muy unidos con Suárez y que no son tiempos

de aventuras ni de capillitas. En este momento veo a la UCD bastante homogénea e integrada en torno a

Suárez y en torno, sobre todo, a los problemas con que nos encontramos. —¿Cuántas veces te han

preguntado por el tema de la saga de los Bustelo, con Carlos como ministro y con Paco como líder de la

corriente marxista del PSOE? —Me lo han preguntado muchas veces. Lo que pasa es que yo creo que eso

no es un problema político. Me sigo viendo muy a menudo con mis hermanos. Hablamos de todo.

Tenemos nuestras divergencias pero somos una familia muy unida. Prácticamente todas tas semanas nos

reunimos en casa de mis padres, con mi hermano Paco y Milota y sus amigos. Son discusiones bastante

estimulantes y que no afectan en absoluto a nuestras relaciones familiares. Yo por mi hermano Paco

siento un gran afecto. Es mayor que yo y siempre hemos estado juntos, desde muy pequeños, en la

oposición democrática. Siempre recuerdo la primera vez que vinieron a detenerlo a las cinco de la

mañana, en casa. Siento un gran respeto por mi hermano Paco. Creo que es una persona profundamente

honesta. Creo que se equivoca en algunas cosas, pero no pasa nada. Cuando puedo juego al tenis con él y

lo pasamos muy bien juntos.

PEDRO CALVO HERNANDO

 

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