Autor: Lavilla Alsina, Landelino. 
   González no debe ganar, Fraga ni debe ni puede     
 
 Diario 16.    27/10/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LANDELINO LA VILLA ALSINA

Presídeme de UCD. Candidato al Congreso por Madrid

Landelino Lavílla, ni de derechas ni de izquierdas, simplemente de centro.

González no debe ganar, Fraga ni debe ni puede

El candidato de UCD a la presidencia del Gobierno delimita en el presente artículo el lugar y Ja oferta de

su partido. Frente a las alternativas que hacen hincapié en una sola dimensión del devenir político, la

UCD se reafirma en sus postulados de síntesis y conciliación. En la presente campaña electoral, muy

rápidamente las posiciones se han ido decantando y creo que llegarán de forma meridianamente clara al

electorado. El ciudadano español, en realidad, no necesita mucha más información que la que ya tiene

acerca de las diferentes opciones que ante él se presentan. Sabe lo suficiente de programas, pero sabe,

además y, sobre todo, de actuaciones políticas concretas y de trayectorias personales. Tiene unas

convicciones perfectamente claras y rotundas que, a veces, los políticos no saben traducir en propuestas

claras y específicas que los satisfagan. El mejor de los cambios que podría producirse en la vida política

española sería el que centrara en los problemas de cada día el debate de los políticos.

Opciones

Saben los españoles que hay una opción de derechas y otra de izquierdas que representan,

respectivamente, Alianza Popular y el Partido Socialista. Con estas líneas, por supuesto, no pretendo en

absoluto descalificarlos: UCD ha jugado un papel decisivo en la construcción de la democracia, tal como

aparece plasmada en la Constitución de 1978, y la Constitución prevé, desde luego. La derecha que

representa Alianza Popular no es una derecha pura tan sólo, es una derecha dura. Es cierto que ha hecho

un esfuerzo considerable para superar su antigua oposición a la Constitución. Pero sigue en sus

programas, y no sólo eso: se presenta en ÍES intervenciones de sus líderes, cuando en plena campaña

electoral, momento en que deben mostrarse especialmente prudentes y moderados, exhiben, por ejemplo,

su deseo de que vuelva la pena de muerte. No es frecuente (más bien es completamente inhabitual) la

existencia en un país democrático europeo de una derecha que abomine del texto constitucional. Por

supuesto, el haber permanecido tanto tiempo en la oposición le ha beneficiado no sólo en el aspecto de

convertir su programa en aparentemente más moderado, sino también en el de ponerse en situación, desde

(a lejanía del poder, de prometer hasta el infinito en la esperanza de que, efectivamente, se puede creer

que lo va a cumplir. Y ello a pesar de la contradicción basada en querer, al mismo tiempo, por ejemplo,

una sustancial disminución de los impuestos y un incremento no menos considerable de los servicios

sociales prestados por el Estado. Sin embargo, esta derecha que podría representar intereses justos en el

seno de la sociedad española, sigue despertando un rechazo considerabilísimo en ella: y es lógico porque

todavía se recuerda su inmediato pasado y porque, en cuanto tiene la ocasión como sucedió a la hora de

tratarse del golpisno en la Diputación Permanente de las Cortes) se pronuncia en un tono que es

difícilmente tolerable. La traducción inmediata del hecho de que Alianza Popular obtuviera un porcentaje

alto de los votos no sería otro que aumentar las tensiones sociales y políticas de la sociedad española

Fraga no debe vencer y, además, no puede porque nunca una opción de derecha pura y dura como la suya

tendrá capacidad suficiente para pasar por delante del socialismo.

Izquierda inmadura

Pero sí la derecha es dura, la izquierda es inmadura. Todo el triunfalismo que ha exhibido el Partido

Socialista a lo largo de la campaña tiene precisamente esa fragilidad. Los españoles no han otorgado un

mayor grado de confianza al socialismo como solución de gobierno, sino que éste se ha beneficiado de los

problemas de sus adversarios. Pero, desde luego, nadie piensa en serio que el programa del Partido

Socialista esté en condiciones de solucionar los graves problemas económicos del país. Es más, existe la

casi seguridad de que los empeoraría, porque el socialismo puede realizar políticas redistríbutivas en

tiempo de prosperidad pero no el prodigio de contradicción que consiste en querer arreglar la crisis a base

de prometer todavía más de lo habitual. Uno de los testimonios más evidentes de inmadurez en el

socialismo es lo literalmente que ha copiado las fórmulas, ya fracasadas, de más allá de nuestras fronteras.

Una cosa es ser esperanza de cambio y otra, muy diferente, testimoniar capacidad de comunicación con

una parte del electorado y de la sociedad española, el socialismo español está infinitamente más cercano

de lo segundo que de lo primero. Y ¡o grave del caso es que los españoles pueden llegar a descubrirlo, en

sus carnes en cuestión de meses. Una victoria socialista, aun cuando esté más lejana de lo que

habitualmente se cree, acabaría suponiendo también graves tensiones política y sociales en un cortísimo

plazo de tiempo. Y queda UCD, no sólo vuelta al pasado, sino consciente de que tiene que desempeñar un

papel decisivo en el futuro. Ese papel, desde luego, no consiste tan sólo en manifestar los errores de la

izquierda y la derecha, consiste en superarlos como los ha superado antes y como se deberá hacer en el

futuro. Nosotros trascendimos, por ejemplo, la antítesis entre reforma y ruptura, ahora nuestra política

económica sabrá, por ejemplo, conducir a España por una senda de realismo y responsabilidad en la que

sea posible ia colaboración de la iniciativa privada y la pública. Así sucederá en todos los demás terrenos,

porque el centro, UCD, es la mejor garantía de la democracia.

 

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