Autor: Tusell, Javier. 
   La revolución del centro     
 
 Ya.    11/08/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

La revolución del centro

QUIENES, como el que esto escribe, perteneciendo al Centro Democrático, hemos en ocasiones mostrado

una actitud crítica con respecto a alguno de sus enfoques o actuaciones, debemos a estas alturas, pasados

ya dos meses de las elecciones, reconocer los indudables méritos que ha tenido su existencia y su

trayectoria en los últimos meses. Es cierto (y asi debe admitirse) que el Partido Socialista, si no ha

inventado una nueva forma de poner en contacto a las masas con el pueblo, como decía Alfonso Guerra,

ha sabido realizar una campaña que ha estado probablemente muy por encima de la de sus competidores.

Pero, a] mismo tiempo, sería injusto decir que sólo este partido ha logrado atraerse el voto de los

españoles que deseaban el cambio. Millones de sufragios que manifestaban esas mismas intenciones se

han decantado en favor del Centro Democrático. Han sido los votos de quienes confiaban en que la

transformación democrática del país se podía hacer desde el poder, de quienes habían estado marginados

de la vida política durante el régimen anterior por simpie carencia de Identificación con el franquismo o

los de muchos que, antifranquistas, no desean para el pais una solución socialista. EL mérito de la Unión

de Centro Democrático ha sido conseguir la atracción de todos esos votos cuando su punto de partida

distaba mucho de ser óptimo. Desde muy contrapuestas posiciones políticas se ha afirmado que en España

el peso del gubernamentalismo es tal que necesariamente la UCD debía ganar las elecciones. Sin que eso

deje de ser parcialmente cierto, habría, sin embargo, que tener en cuenta que existe también otro tipo de

mecanismo de pronunciamiento político muy frecuente en nuestro país: el de quienes consideran que una

postura política no es ética ni intelectualmente correcta si no es de oposición a lo establecido. Uno de los

hechos más sorprendentes de las recientes elecciones es, pues, que el Centro haya sido capaz de soportar

el tremendo desgaste que significa su presencia en el poder en la coyuntura más crítica de la reciente

historia contemporánea española. Se han cometido muchos errores, que no es el momento de enumerar,

pero hay que tener en cuenta que ¡os dirigentes de! Centro (como los del socialismo y todos los españoles

en general) han amanecido a una nueva forma de hacer la política para la que no estaban preparados ni los

franquistas, porque la democracia tiene exigencias diferentes del autoritarismo, ni los antifranquistas,

porque la oposición puede esterilizar muchos afanes nobles de transformación. Si todo esto ha sucedido

durante la campaña electoral, ahora, pasados dos meses de las elecciones, se puede decir que, frente a los

incesantes augures de desastres, divisiones y disoluciones, el Centro ha dado un ejemplo de disciplina,

resultando hasta el momento su balance parlamentario netamente positivo. PERO si todo lo que antece es

cierto, y hay que felicitarse por ello en bien no sólo de una opción partidista, sino también de la viabilidad

de la democracia para España, es necesario decir también que, no basta ni muchísimo menos. Un

observador interesado, pero imparcial. tendría que indicar también las notorias insuficiencias de la Unión

de Centro Democrático tal como se manifiestan hoy en día. Hay que decirlo asi de claro: o se lleva a cabo

vina verdadera "revolución del Centro´´ o es muy posible que no resista una confrontación prolongada con

sus adversarios. No se trata de que se hayan cometido errores de mayor o menor envergadura durante la

campaña electoral, sino de que el Centro a veces da la sensación de oler demasiado bien (parece destinado

tan sólo a señoritos amateurs en política y en otras ocasiones huele bastante mal (a oportunismo puro y

simple . Pero incluso si asi no fuera, ¿quién podrá dudar que ni la ideología es totalmente precisa, ni está

suficientemente lograda su perfecta unidad, ni existe la imprescindible organización nacional? Todo esto

es inevitable, aquí y ahora, pero hora es ya de poner el remedio para que las cosas cambien. LA

revolución del Centro consiste, simplemente, en convertirlo de lo que es hoy en un partido de masas,

popular y regido internamente por procedimientos democráticos. Es necesario desde este momento

lanzarse a lograr una afiliación congruente con los resultados electorales, porque los males del Centro

desapareceran el día en que, gracias a esas masas, se puedan decantar valías personales. Hay que saber

Identificarse con los intereses de capas Importantes fie la sociedad española. Esa Identificación no puede

ser ni el ejercicio de una demagogia antisocialista ni el de un verbalismo izquierdista contraproducente

(en cuanto que desvía a los propios partidarios, recuerda el lenguaje empleado por alguno de nuestros más

conspicuos falangista), sino la búsqueda, serena y audaz al mismo tiempo, de la solución a los problemas

cotidianos. Otra necesidad urgente es la de tener una política sindical: en España la tradición histórica, y

la herencia de la dicta» dura, han hecho que exista una vinculación entre el sindicalismo y la política muy

superior a la de cualquier país europeo. Hay miles de españoles que desean participar de sindicatos que no

tengan una precisa identificación política; la tarea de quienes militan en el Centro puede ser promover

(junto con quienes no tienen ninguna afiliación política) «1 desarrollo de esos organismos de defensa

profesional. Antes de las próximas elecciones va a ser preciso también lograr la atracción de quienes

lógicamente habrían de estar en nuestras filas, pero por las circunstancias preelectorales mantienen una

actitud francamente reticente frente al Centro (demócrata cristianos y liberales, por ejemplo). Alguna

operación en este sentido ya está en marcha. Es imprescindible, frente a quienes se Identifican

ideológicamente con la filosofía marxista, vertebrar Ideológicamente al Centro, lo que sólo podrá lograrse

con la conciencia de que las luchas políticas se inician siempre en el terreno cultural, y de que, por tanto,

hay que iniciar la reivindicación de la, democracia, pura y simple, desde una óptica intelectual. Y,

finalmente, otra gran tarea del momento presente es cambiar de manera radical la forma de actuar del

Centro. No se puede seguir dando la sensación de que se va detrás de los acontecimientos, concediendo

tardíamente lo que se ha exigido perentoriamente en la calle, sino mostrar desde el poder la imaginación

de adelantarse en la resolución de los problemas, TODO eso (y bastante más) es lo que he denominado "la

revo1ución del Centro". ¿Puede alguien dudar de que se trata de una obligación ineludible, no sólo para

conservar el poder, sino para estabilizar la democracia en España?

Javier TUSELL

 

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