Autor: Tusell, Javier. 
   La Generalitat provisional     
 
 ABC.    15/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. JUEVES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 1977.

LA GENERALITAT PROVISIONAL

Por Javier TUSELL

AHORA que, tras semanas de lo que, sin duda, habrá sido ardua negociación, el Gobierno ha pactado

con el señor Tarradellas el establecimiento de una Generalitat provisional es posible establecer un

parangón histórico con lo sucedido en 1931 cuando, como se sabe, también el Gobierno provisional

republicano hizo lo mismo, acuciado por las circunstancias. Lo que en aquella fecha sucedió tiene un

directo antecedente en el llamado Pacto de San Sebastián; en realidad, una simple reunión de los

dirigentes republicanos, socialistas y nacionalistas, en la que, si bien se concretó una colaboración para la

acción antimonárquica, lo cierto es que no se llegó a ningún tipo de acuerdo explícito y por escrito. El

tema de Cataluña parece haber sido el más polémico de acuerdo con las narraciones de lo tratado que nos

han dejado Miguel Maura y algunos otros de los asistentes. Sin dudar de la buena voluntad de los

reunidos, parece indudable que unos y otros tenían ideas muy distintas acerca del papel de Cataluña en el

seno del Estado español y que, además, la reunión en la capital donostiarra no contribuyó mucho a aclarar

un ámbito de concordia común para el futuro. ÍAS consecuencias pudieron percibirse no mucho tiempo

después. Quienes del lado del catalanismo nacionalista habían acudido a aquella reunión pertenecían a

Acció Catalana, partido de larga trayectoria y prestigio firmemente asentado en los medios Intelectuales.

Sin embargo, estas características no le habían de servir de nada con ocasión de las elecciones municipa-

les de abril de 1931. En efecto, entonces el pueblo catalán, tan sentimental como siempre, no optó por el

hábil Cambó ni por los respetabilísimos dirigentes de Acció Catalana, sino por Macíá, aureolado por la

persecución en la Dictadora de Primo de Rivera. Al ser él vencedor en las elecciones, fue también Quien

proclamó la República haciendo esta proclamación en un sentido federal que, naturalmente, sorprendió al

Gobierno provisional republicano Instalado en Madrid. Además, inmediatamente Maciá empezó a hacer

nombramientos de ministros y de autoridades administrativas. La situación pudo haberse convertido en

dramática en poco tiempo si no llega a ser por la voluntad de diálogo, manifestada a la vez desde Madrid

y Barcelona. El 17 de abril el Gobierno provisional destacaba a tres ministros (dos de ellos catalanes) para

negociar con Maciá. Este, el 22, admitía sustituir la proclamación de la República catalana por la fórmula

histórica, pero más imprecisa, de la Generalitat, a la que se atribuían una serie de funciones en relación,

por ejemplo, con la redacción futura de un futuro Estatuto. Con ello, sin embargo, no concluirían los

problemas. Maciá había aceptado la Generalitat como un "sacrificio" que privaba a Cataluña «por una

breve interinidad» de la totalidad de sus derechos. Aunque el 26 Alcalá Zamora estuvo en Barcelona,

donde se le recibió con entusiasmo, dos días después la Generalitat se atribuyó a sí misma sus funciones,

lo que demostraba que subsistía una ilusión de autodeterminación en quienes mandaban en Barcelona. En

Madrid no se podía admitir esta actitud como se encargó inmediatamente de recordar Miguel Maura. Sin

embargo, el 9 de mayo un decreto del Gobierno provisional precisaba la atribución de funciones de la

Generalitat que esta última acabaría por adoptar el día 15 del mismo mes. LA cosa había acabado bien,

pero pudo´ no haber sido así, y concluir en un desastre. El llamado Pacto de San Sebastián tuvo siempre el

gravísimo inconveniente de nadie sabía exactamente qué consistía y cada cual lo interpretaba a su

conveniencia. En esas condiciones, durante un mes hubo en Barcelona una situación de dualidad de

poder, por lo menos teórica, que hubiera podido concluir en un enfrentamiento. La realidad es, sin

embargo, que las autoridades nombradas por la Generalitat fueron convalidadas por el Gobierno

provisional, y su actuación resultó, en general, apropiada a la altura de las circunstancias. Este constituyó

un factor importante que contribuiría a resolver una situación potencialmente explosiva, pero otros de no

menor importancia colaboraron a que así sucediera: por ejemplo, el hecho de, incluso entre los sectores de

derecha, Maciá se convirtiera súbitamente en un símbolo indisputado de toda Cataluña y, sobre todo, el

espíritu de concordia reinante (eran las semanas de lo que Madariaga ha llamado la «luna de miel» entre

España y las instituciones republicanas), que fue hábilmente explotado por el Gobierno provisional

republicano. Pero se había pasado un mes de grave confusionismo y, además, se había creado una tensión

que contribuiría en el futuro a deteriorar la experiencia democrática republicana. En efecto, la opinión

pública madrileña, incluso la de izquierdas, se mostró muy reticente respecto a los sucesos de Barcelona,

mientras que desde allí también se demostraba mía profunda incomprension de lo que se ¿Tecla y hacía

en Madrid. QUE ha sucedido en 1977? El Gobierno del presidente Suárez se encontrado en una situación

difícil, consistente en que, por una parte, no podía restablecer el Estatuto de 1932, pues ello equivaldría

romper con una trayectoria de reforma desde la legalidad que ha tratado de mantener escrupulosamente,

aparte de que siguiendo el mismo criterio, debería haber restaurado nada menos que la República y, de

otro lado, debía dar por lo menos cierta satisfacción a unas fuerzas políticas que, vencedoras en las

elecciones de junio, reclamaban una respuesta inmediata a unos deseos autonomistas perfectamente

legitimos. Lá negociación ha sido larga, 7 me imagino que conplicada, pero minea ha existido la

sensación de una dualidad o vacío de poder. No se ha creado el profundo resquemor originado en 1931

entre la segunda quincena de abril y la primera de mayo por las reivindicaciones catalanistas, en parte

porque la opinión pública española está más permeabilizada ante los problemas autonómicos, pero en

parte también por la habilidad y el sentimiento de concordia de los negociadores. La derecha española

debería ser consciente que nunca Maciá hizo unas tan rotundas declaraciones de concordía como las que

ahora ha hecho Tarradellas, y que la Generalitat provisional no difiere mucho de una mancomunidad de

Diputaciones; la izquierda, por su parte, tendría que reconocer que Suárez de ninguna manera podía

restaurar el Estatuto de 1932 y >jue es incongruente acusarle de dividir a los políticos catalanistas, pues el

problema de la representatividad del exiliado de Saint Martin le Peau es exclusivaimente suyo f no creado

desde Madrid. lince unas semanas nos recordaba Julián Marías une después de las elecciones de junio

había estallado en España rjn «tiempo de alegría», nuc no teníamos derecho a la «persecución del

entusiasmo». Ahora me gustaría a mí apuntar que de la comparación entre lo sucedido en 1931 y en 1977

se deduce un balance netamente positivo para la segunda de las fechas. Tenemos derecho a estar sa-

tisfechos, porque en cierta medida la sido una victoria de todos. Pero tambien, y de una manera especial

(todo hay qire decirlo), de Cataluña, de Josep Tarradellas y dol presidente Suárez. Por isie mismo y

preciso orden.—J. T.

 

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